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LEONES EN INVIERNO: Venganza animal

Leones en invierno es el nuevo trabajo del director Albert Pintó tras En tierra de nadie (2025), en la que contaba con Luis Zahera como uno de los integrantes de su trío protagonista, junto a Karra Elejalde y Jesús Carroza, y con él vuelve a contar para ser aún más protagonista en otro trío de amigos de juventud, con Roberto Álamo y Luis Callejo.

Leones en invierno está basada en la novela homónima de Carlos Augusto Casas publicada en 2024 por Cuadernos del laberinto. Juma Fodde es el guionista responsable de adaptar su texto a la pantalla, y en él se narra el atropello fortuito de la hija del protagonista, que hace que éste, antiguo Ultrasur especialmente violento, se una con sus amigos de entonces para vengarse del responsable, un policía (José Manuel Poga), infiltrado en un grupo de narcotráfico, del que pretende atrapar al cabecilla (Jordi Mollá), por eso no puede dar la cara y por eso también va a intentar que la investigación no salga adelante.

Leones en invierno es, por lo tanto, una novela negra convertida en cine negro, una película espléndida con momentos muy potentes pero con otros que flaquean algo más, haciendo que el conjunto sea un poco inferior a su film anterior.

La violencia, como en la del pasado año, no es comedida, cosa normal en el género, pero en Leones en invierno fallan actores como Jordi Mollá, un tanto encasillado en villanos que no acaban de ser su perfil o Ana Wagener, una actriz maravillosa que aquí suena demasiado teatral en sus intervenciones, y fallan tramas como la de la periodista que investiga por su cuenta, un personaje interesante pero no demasiado bien insertado en el conjunto, de tal manera que siendo necesario acaba pareciendo forzado.

Inma Cuesta y Luis Zahera interpretan al matrimonio cuya hija muere en el atropello

Esos son los pequeños detalles que hacen que Leones en invierno resulte espléndida pero no sea todo lo redonda que podría haber sido. Porque los tres amigos de la infancia en su edad adulta están espectaculares, porque tiene secundarios asombrosos como ese José Manuel Poga que es raro que esté mal en algún título y en éste brilla de nuevo como malo malísimo, porque hace gala de una fotografía sensacional que nos sumerge en el género negro a un nivel portentoso y porque la historia, en general, sin contar nada inusual dentro de los bajos fondos de la Policía y el narcotráfico, resulta apasionante y por momentos tan intensa que te deja sin aliento.

Es Albert Pintó un director excelente. Ya lo demostró con Matar a Dios (2017), una joya que debería ser, si no lo es ya, una película de culto. Pero también con Malasaña 32 (2020), con la que nos hizo pasar un miedo atroz en las salas. Y el cine negro se le da de maravilla.

El único fallo de la excelsa Tierra de nadie fue haber estrenado a finales de marzo, con la temporada de premios recién terminada para que no contara de cara a la siguiente, con la cantidad de nominaciones que podría haber acumulado. Leones en invierno es, tal vez, algo inferior, pero sigue siendo una gozada de película: el atropello está rodado con una perfección que te hace saltar de la butaca y tiene escenas de una tensión abrumadora, como la del restaurante chino o la de la casa del policía infiltrado. Incluso las escenas de camaradería entre los tres amigos de la infancia son tensas, gracias a la interpretación portentosa de un Luis Callejo que está, si puede ser, más enorme que de costumbre.

Más luces que sombras hay en Leones en invierno, una producción que se nota que está cuidada al máximo y hecha con la sabiduría que puede ofrecer un equipo entregado tanto delante como detrás de las cámaras, una película que a pesar de sus errores quedará en la memoria como una cinta que uno no debe perderse, no sólo si le gusta el cine negro, sobre todo si uno quiere ver un título en el que merezca la pena invertir dos horas de nuestra vida.

Silvia García Jerez

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