WILDWOOD: Un bosque terrorífico
Wildwood es, aunque no lo parezca viendo imágenes, o su trailer, una película de animación hecha en Stop-Motion, que es una disciplina dentro del género en la que la historia se cuenta a través de muñecos movidos a mano. Cada fotograma requiere un movimiento respecto al anterior para dar la sensación de continuidad, de que la película, o el cortometraje, lo protagonizan seres inanimados.
Y es que el estudio responsable de conseguir realizarla, Laika, ya ha estrenado cintas de animación en stop-motion con anterioridad, caso de Los mundos de Coraline (2009), de Henry Selick -director de Pesadilla antes de Navidad (1993), que muchos creen que dirigió Tim Burton cuando en realidad sólo fue su productor-, o de ParaNorman (2012).
No muchas más porque el estudio ha perdido dinero con sus producciones, y si alguien se pregunta cómo puede seguir haciendo películas la respuesta está en que el director interesado en él es Travis Knight, hijo de Phil Knight, cofundador de la empresa de zapatillas deportivas Nike. Y cuando el estudio pierde dinero, su padre lo endereza para que Travis pueda continuar haciendo el cine que le gusta. Y, para qué engañarnos, a muchos espectadores también. Aunque a lo mejor no sean suficientes para hacer un título rentable. ya que la animación stop-motion es muy costosa, muy difícil de hacer y no tiene la misma aceptación que la de Disney, tal vez la más asentada en la cultura popular.
También le afecta a Laika no producir películas para niños. Casi todos los padres piensan, de nuevo por haber crecido en la cultura cinematográfica producida por Walt Disney, y debido a que a comienzos de las emisiones televisivas los dibujos sí eran para niños, que hoy en día todo el género sigue estando destinado al público infantil. Y hace unos cuantos años, muchos, décadas incluso, que hay que saber a qué tipo de animación se lleva a los pequeños, porque no toda está diseñada para ellos. Cada vez más producciones, también de Disney, y sobre todo de Pixar, tienen menos en cuenta que sus películas las van a ver los niños. Ellos hacen cine. Y da la casualidad de que su herramienta es la animación. De resto, los padres, suponen, se informarán acerca de a dónde están llevando a sus hijos… Ya Disney no es garantía de que una película vaya a ser realmente infantil.
Una vez avisados por nuestra parte, Wildwood, dirigida por Travis Knight, nos adentra en un bosque terrorífico, en el que los cuervos se han llevado secuestrado al hermano de la protagonista, Prue McKeel, por lo que ésta, acompañada por su compañero de clase Curtis Mehlberg, al que se ha encontrado fortuitamente momentos antes de lo ocurrido, se adentra en el bosque con la intención de encontrarlo y llevarlo de vuelta a casa, de donde no debía haber salido esa tarde porque estaba encargada de cuidarlo.
Lo que les espera a Prue y a Curtis es un viaje al horror de un bosque en el que los animales hablan y una viuda controla las vidas de sus habitantes de tal manera que la oscuridad se ha cernido sobre todos ellos. De este modo, a cada paso que Prue y Curtis dan para llegar al bebé secuestrado supone para ellos adentrarse en las tinieblas de un bosque al que, en teoría, nadie puede entrar y del que van a tener muy complicado poder salir.

Basada en el libro de Colin Meloy ilustrado por Carson Ellis, Laika ha creado una película de animación espléndida a pesar de la pátina de 3D sobre el stop-motion que se le ha aplicado en postproducción. De hecho, si no sabes que es un film rodado con marionetas animadas a mano no puedes adivinarlo hasta que en los créditos finales se nos ofrece una muestra del ‘making of’ de la película, con esos muñecos siendo confeccionados primero, movidos después para lograr cada plano y los que vienen a continuación.
Y es una pena que no podamos admirar el trabajo de esa animación inicial al taparla el 3D que parece obligatorio de cara a que el público no la rechace al tratarse de un producto que no es nuevo pero que, repetimos, dada la complejidad que tiene detrás de su ejecución, no es tan habitual de encontrar en la cartelera.
Wildwood cuenta una historia más bien oscura, por momentos tenebrosa, pero siempre llena de esperanza. Y bañada en el cine de aventuras, porque no dejan de suceder cosas en este viaje hacia la salvación de un niño en apuros con un pasado tan tremendo como el presente al que se enfrenta. Pasado que, por supuesto, a lo largo del metraje vamos a ir conociendo.
Todo ello plasmado en la pantalla gracias a 142.000 caras fabricadas para dar expresión a los personajes, 233 marionetas, 132 decorados físicos, 231 semanas de producción y más de 1.000 artistas y artesanos que han hecho posible una película que ha triunfado en el BFI London Film Festival, donde se estrenó a nivel mundial el 23 de octubre y en el festival de Sitges, donde también pudo verse en la Sección Oficial levantando todo tipo de comentarios llenos de admiración hacia el resultado obtenido.
Casi dos horas de duración tras 16 años de trabajo culminan en una película que está dejando alucinado al público. Y se lo merece. Más allá del traspiés que supone no poder ver a las marionetas como fueron elaboradas, o que, también conviene mencionarlo, sus rostros no sean tan armónicos como en otros films de animación y provoquen un cierto rechazo a la hora de verlos en la pantalla, la historia es magnética y su narración, absorbente. Nuestra atención no decae un segundo y estamos pendientes de cada giro de guión, de cada idea propuesta en su desarrollo. Y eso, en la era de TikTok en la que ver una película entera sin consultar el móvil cada cinco minutos es un logro a aplaudir.
Y nos lo pasamos bien con Wildwood. Aunque también lo pasemos mal. Pero de eso se trata. Cumple su propósito. Se la ha comparado con El Señor de los Anillos por la oscuridad de su relato, pero creo más conveniente igualarla a Dentro del laberinto (1986), no sólo por lo mismo sino porque el punto de partida, una chica que no quiere cuidar de su hermano y se lo secuestran, y el hecho de que nos adentre en un bosque con animales que hablan nos remite con más peso, si cabe, al film de Jim Henson.
Tanto Los mundos de Coraline como ParaNorman obtuvieron nominaciones al Oscar a la mejor película de animación, y todo parece indicar que Wildwood también conseguirá seguir esa estela de candidaturas de la Academia. Tiene calidad de sobra para ser considerada por los miembros que la conforman y seguro que éstos la tienen en mente para darle a Laika, es decir, al estudio que la produce, una nominación más para que continúe haciendo historia.
Silvia García Jerez
