EL BAR de Álex de la Iglesia

Con ocho basta 

 

Un grandullón entra en un bar directamente al baño. Con tanta prisa, pasa desapercibido entre los presentes mientras un mendigo parroquiano del local, altera el ritmo en los desayunos de una niña bien algo desubicada, una ama de casa pegada a las tragaperras, un hipster despistado, un comercial cualesquiera y el oficinista que pide siempre pan con tomate. La dueña controla la situación pero el camarero se retrasa con su pedido. Es entonces cuando el asiduo se va de El bar e ipso facto, cae muerto por un disparo. A partir de ahí, nadie se atreve a salir y todo puede pasar. ¿Un francotirador, un virus, una abducción… ?


A Álex de la Iglesia le bastan ocho condenados a su último almuerzo para reflejar esta sociedad que vuelve a criticar con risas, golpes y efectos. Tan caricaturescos como reconocible el microcosmos donde los encierra, en un salvase quien pueda a ritmo de cómic y en clave de Cluedo, eliminando amenazas y sospechos@s; atrapándonos sin condiciones ni excusas en la barra, el almacén y subsuelo de El bar.

Y como iluminado por el sin techo, más profeta apocalíptico que satánico, el director maneja como dios los restantes estereotipos de este divertimento como metáfora del miedo; sin juzgar las cloacas del ser humano, ni la supervivencia en las alcantarillas.
Con sus gustos y fobias nos hace pasar por el agujero en una lección de buena realización, que bien podría convertirse en un entretenido videojuego.
Autoparodiándose junto a su habitual guionista Jorge Guerricaechevarría, permanece fiel a su estilo barroco y grotesco, sin faltar a sus influencias -y ahí está La Niebla de S. King, El ángel exterminador de Buñuel, La Cosa de J. Carpenter y hasta El Vengador Tóxico de Troma. También Contagio y algo de Trainspotting

Tras un comienzo fantástico, los gags se suceden en una inventiva algo trasnochada, sumergiéndonos -en todos los sentidos- en un arriesgado tercer acto que podría tirar por el desagüe toda la energía cinematográfica de la cinta, pero el director mantiene la claustrofóbica aventura con un reparto coral más que envidiable, sus imprescindibles toques gores y la lencería, marca de la casa (aunque Mario Casas no se quite la camiseta)

Es entonces, cuando ese humor y horror por estupor se mezcla con aceite -un clásico en cualquier bareto-, alguna mártir y hasta un resucitado (muy de el género); culminando en la secuencia más terrorífica y real del filme con una Blanca Suárez, divina, caminando cual zombie por la Gran Vía. Antológica.
Destacamos también a Carmen Machi, inmensa en cada pequeña intervención, y Jaime Ordóñez con un personaje al límite que logra equilibrar durante toda la película. Además Secun de la Rosa está estupendo, confirmando que cada vez es mejor actor. Y se disfruta intensamente de Terele Pávez en un personaje inspirado en Loli, la dueña de El Palentino; mítico bar de la calle Pez -de esos benditos lugares de paso y refugio que igual te vuelven la temperatura con un café, que te dan la vida con una caña-, pegado al Teatro Alfil, donde nos citan para charlar de El bar con Álex de la Iglesia y parte del elenco

Es la hora del vermut y Carmen Machi nos invita al suyo. Empezamos con ella…

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Mariló C. Calvo 

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