INCONMENSURABLE JAVIER GUTIÉRREZ

Insiste que su físico de tipo normal le ha proporcionado esos personajes que hace suyos, pero pocas veces un actor alcanza ese nivel interpretativo que parece no tener techo, aunque él se empeñe en justificarlo por su aspecto.

Este año no ha parado y cada personaje que trae es distinto; e incluso encontrándole la mueca a cada uno, logra que se adhiera a su cuerpo y resulte tan verdadera, que sigue fascinándonos en todos ellos con su capacidad inconmensurable.

Actualmente le vemos en Estoy vivo (TVE), recién en El autor y próximamente en Vergüenza (la nueva serie de Movistar que pronto comentaremos), pero resulta que este tipo corriente es extraordinario actuando. Ni cansa ni decepciona.
Y sin ser a priori el galán de cada reparto, cada día está más sexy; sea como un perverso manipulador, como un vecino políticamente incorrecto, como un buen policía resucitado…

 

La Cronosfera: Te hemos visto hacer de todo pero nunca desnudo y de tal manera, y en dos secuencias muy buenas, muy bien rodadas. ¿Cómo fue ese integral encima de la mesa?

Javier Gutiérrez: Muy bien. Me cuesta más desnudarme en otras escenas que estoy más expuesto. Eso, al fin y al cabo, supongo que perturbará a mi madre y le hará sonrojar (risas), pero más allá, creo que es una secuencia que por el devenir de la historia del personaje, casi se intuye. ¿Qué pasa? Que vivimos en un mundo en el que prima tanto la imagen y estamos tan acostumbrados a los cuerpos esculturales y los polvos de videoclip -algo que no existe, que no es verdad-, que cuando se ven desnudos de gente normal con estrías, su celulitis, su sobrepeso y sus imperfecciones, parece que llama mucho más atención y que es más dañino.

L. C.: ¿Dañino?

J. Gutiérrez: Alguien me decía que le parecía muy agresivo el post-coito.

L. C.: Es uno de los más reales y bonitos que he visto….

J. Gutiérrez: Pero estamos poco acostumbrados a desnudos así en el cine. Por otro lado, creo que son necesarios porque así es la mayoría de la gente. Pero también te digo, que hay más exposición interpretativa en determinadas secuencias, que me tocan más personalmente y que igual he jugado más con mi yo y con mi día a día. Y eso es un desnudo también. Ya decía Victoria Abril que ‘es más fácil quitarse las bragas que decir te quiero’.

L.C.: Tanta presencia, a la vez, combinando varios trabajos ¿es un arma de doble filo para el espectador?

J. Gutiérrez: Claro. De hecho, que se estrenen tres trabajos a la vez que hice hace un año, y año y medio, no juega a favor, pero yo no marco los tiempos. Los estrenos son cuando son. Y lo único que puedo hacer contra eso, es tomarme cada vez más en serio mi trabajo y hacerlo lo mejor que sepa para que el espectador tenga, en este caso, más ganas de ver trabajos míos. Y no se agote.
Creo que mis trabajos, en ese sentido, son tan dispares que al espectador pueden sorprenderle. No es más de lo mismo. He tenido la fortuna de que son guiones y personajes que no tienen nada que ver. Aunque si tienen una cosa en común, que es este físico; con los rasgos del españolito medio, que tiene que ver con el tipo de personaje de perdedor, que va con mi forma de entender la vida; porque me identifico más con el perdedor que con el tipo que tiene que salvar el mundo.

L. C: Los actores no deben juzgan a sus personajes -lo hablamos en la entrevista de El olivo- pero ¿qué opinión te merece Álvaro en El autor?

J. Gutiérrez: Yo veo cosas positivas en él y desde el punto de vista de un creador, mucho más. Es un tipo obsesivo, honesto, que va hasta el límite con aquello que persigue y aunque es reprochable lo que va dejando por el proceso, por el camino, más allá de eso, él es la primera víctima de ese juego tan peligroso que él mismo emprende. Pero si te das cuenta, toda la fauna que le rodea no es mejor que él: la portera busca amor pero también se esta aprovechando del personaje para tener sexo y para fantasear con otra vida; el militar, que contarte, que lanza sus peroratas hacia la sociedad y que necesita un público; y el matrimonio mexicano, pues también se sirven de él para engañarlo y revertir la situación… Por no hablar de su mujer y del profesor. Nadie alrededor de Álvaro es mejor que el personaje, que creo que se han metido en una espiral que no sabe por dónde meterle mano y la situación le supera.

L. C.: Los celos de Álvaro ¿Son por la infidelidad o por el éxito de la novela de su mujer?

J. Gutiérrez: Buena pregunta. Yo creo que repudia a su mujer por la novela que ha escrito. Creo que tiene más peso la importancia que le da al hecho de escribir, que le haya puesto los cuernos.

L. C.: ¿Cómo es rodar con Martín Cuenca?

J. Gutiérrez: Para mí es uno de los grandes directores de este país y el mejor director de actores. Desarrolla a los personajes con pocas secuencias y dota a las localizaciones de una importancia, de un peso en la historia que hace que que se vuelvan imprescindibles. Y hace una cosa que yo valoro mucho: darle visibilidad a las actrices “mayores”, en este caso, una actriz que pasa de los 45. Y es que parece que en este país cuando una actriz pasa de los 35, o cumple los 40, se vuelve invisible. Creo que uno de los grandes aciertos de la película es la interpretación de Adelfa Calvo. Y de alguna manera, muchas actrices de su edad se verán identificadas y van a ver una ventana que abrir y que todavía tienen oportunidades.

L. C.: ¿Alguna vez te has planteado escribir… Y cómo ejercicio de creación de este personaje? 

J. Gutiérrez: Como ejercicio de terapia. Más allá de eso, no, Me encantaría pero le tengo mucho respeto. Igual que dirigir una película, que me impone demasiado como para querer embarcarme en algo tan gordo y tan serio. Sólo he escrito para mi. Y me da mucha vergüenza. No es para que nadie lo lea, ni para publicar.

L. C.: ¿Crees que la novela que escribe Álvaro tendría éxito?

J. Gutiérrez: Sí. Creo que lo que escribe es muy bueno. Y creo que lo sabemos por boca de María León, que dice de su profesor que no tiene talento. Álvaro dice que el libro de su mujer es un subgénero, y creo que tiene el suficiente olfato cómo para saber si lo que escribe es bueno, o no.

L. C.: Cuando te llegó el guión, ¿qué te impuso del personaje?

J. Gutiérrez: Que es un personaje que atraviesa toda la película y que contamina a todos los personajes. Tiene un peso específico importantísimo y si te cae gordo el personaje, si el trabajo no está la altura del guión, es un horror… Sabía que tenía que trabajar mucho y que estaba en las mejores manos, y en contra de lo que pudiera parecer, ha sido un viaje muy divertido, muy placentero y he aprendido mucho.

L. C.: Muchos géneros abarca El autor. Y también se lo hemos preguntado a M. Cuenca pero para ti, ¿cómo la defines? ¿Comedia?

J. Gutiérrez: Para mí es inclasificable. No creo que sea comedia, aunque tiene elementos muy cómicos, de comedia negra, y de la mejor tradición de española; de Berlanga, de Valle-Inclán… Desde la sátira y el costumbrismo, que a mí me conecta mucho con la mejor comedia de este país. Pero en cambio, no es una comedia porque no trata de jugar a la comedia. Los momentos más hilarantes, más divertidos, están hechos desde desde la seriedad; lo puedo asegurar. Lo que pasa es que la historia es tan potente y está tan bien contada, que el espectador se descojona con esas cosas. Pero he de decirte que con este cine que vivimos, tan vertiginoso y con la música tan arriba, creo que es necesario éste de pausas y silencios, de escuchar bien los diálogos y de meterse en la cabeza de los personajes. Y eso lo consigue un director que va muy a la contra de las modas y le importa bastante poco lo que piensen del montaje… Para El autor habrán intentado convencerle de que la peli dure menos, pero dura lo que tiene que durar. No hay un límite de tiempo para contar las historias. Parece que hoy en día, las películas tienen que durar 90 minutos porque tiene que haber el mayor número de pases, y me parece tristísimo; si una película dura tres horas, pues, dura tres horas, como si es de 70 minutos.

Y tiene razón.
Pronosticamos y esperamos que El autor con sus 112’ dure mucho en las carteleras.

Mariló C. Calvo

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