Los paisajes

Buscando alejarse de la crítica propia del realismo y de la emoción del romanticismo, el impresionismo se caracterizó por ser una corriente artística que en el arte quería abandonar toda representación de identidades para plasmar solo lo visual: la luz, la impresión. Aquello que el ojo percibe a primera vista y que no responde a una interpretación. Cuando nos fijamos en una persona es mucho más sencillo juzgarla por las impresiones que nos transmite que cuando lo hacemos en un paisaje. Por mucho que un lugar nos aporte calma, alegría o inseguridad, somos capaces de olvidarlo o de no ir más allá de esa sensación y permanecer simplemente allí donde estamos y utilizarlo como escenario donde nos integramos. Integrarse con una persona que no resulta de nuestro agrado es un poco más complicado, pues las personas pueden actuar y a diferencia de un paisaje montañoso, de una fábrica abandonada o de un hermoso lago, pueden hacernos daño con facilidad. Por eso a menudo buscamos la soledad de los paisajes cuando necesitamos reconfortarnos, porque al fin y al cabo son refugios llenos de impresiones pero fuera de prejuicios.

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