ASESINATO EN EL ORIENT EXPRESS

Branagh, un nuevo Poirot con el espíritu más Christie

La encarnación del mítico personaje de Agatha Christie por Kenneth Branagh, recupera el espíritu de la escritora en una versión tan fiel a sus intenciones como al estilo del director y actor, también británico.
Con el oficio aprendido de sus adaptaciones de Shakespeare y ciertas maneras de superproducción vintage, el filme marcha a ritmo de franquicia con algún traqueteo previsible -más allá de la trama conocida- y variados juegos de cámara que nos sacan de los vagones, para modernizar un relato de detectives que realmente es una crítica social con moraleja del período de entreguerras.

Y es este nuevo Poirot igual de bigotudo, maniático y belga aunque más sentimental, quien se apropia de todo el protagonismo durante el viaje entre un reparto coral donde destaca Michelle Pfeiffer hasta el final, muy teatral y del gusto de Branagh, valiendo el billete de su Orient Express.

-Hay algo especial cuando 12 desconocidos comparten unos días de vaivén para llegar su destino- dice el director del lujoso tren a Poirot cuando va presentándole al resto de pasajeros; una princesa y su criada, un ingeniero, un vendedor, un médico, una institutriz, una pareja de bailarines y hasta una misionera -que no aparece en el Express original pero Branagh traslada de otra novela de Christie-, interpretados por Willem Dafoe, Johnny Depp, Daisy Ridley, Derek Jacobi, Michelle Pfeiffer, Judi Dench y Penélope Cruz, entre otr@s.

Llega la primera noche del periplo Jerusalén-Londres y alguien es asesinado. Comienzan entonces las sospechas dentro del ferrocarril que queda además atrapado en la nieve.
Nadie puede huir y Poirot se encarga del interrogatorio de cada viajero.
Y frente a uno de los mejores investigadores del mundo, inspirado en su colega Holmes según la propia novelista y heredando Branagh el tirón del revival del célebre detective de C. Doyle, van pasando todos los implicados con su esperada confesión, ante este Poirot que parece buscar la inocencia más que la culpa entre las conversaciones del vagón restaurante sobre el racismo y la diferencia de clases.

Asesinato en el Orient Express 2017

Branagh estructura la narrativa del clásico de Christie a través de planos secuencia, cenitales y contrapicados, recurriendo al blanco y negro en los flashbacks de las hipótesis y los recuerdos, mientras compone un Poirot que parece ya un personaje de saga cinematográfica; obsesionado con cada par de huevos de sus desayunos y encomendándose a su amada para poder discernir la justicia de la venganza.
Y manejando esta locomotora que huele a secuelas, apenas queda duda cuando llegamos al destino del glamouroso tren y nos anuncian la continuación en Egipto -con la futura adaptación de Muerte en el Nilo, otra maravillosa historia de intriga de una de la pocas mujeres que ha pasado a la historia de la literatura-.

Ni he mencionado a Lumet -aquel gran director que hizo la gran versión de Asesinato en el Orient Express, sin ser su mejor película- hasta llegar aquí, pero es ahora cuando recuerdo a Peter Ustinov en la antigua del Nilo como mi más querido Poirot.
Ambos filmes nos trasladan a una época cuando se pusieron de moda las películas para todos los públicos con grandes repartos de famosos, que fueron la salvación de Hollywood y de esas mismas estrellas, adaptándose casi todos los relatos de Christie al cine y la pequeña pantalla.
Poco se sabe de ese próximo remake, salvo que tendrá guión de Michael Green -el mismo que firma este Orient Express y escribió también Blade Runner 2049-, aunque lo más probable es que repita Branagh como Poirot con esa astucia suya para el entretenimiento.

Mariló C. Calvo

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