RAINBOW de Paco León 

I can not feel it (No lo siento). Y mira que lo siento.  

Rainbow de Paco León no llega a brillar como hacían los zapatos originales de Dorothy, ni su arco iris aguanta su pantone personal. 

En Rainbow hay un momento cuando conduciendo sobre unas baldosas suspendidas en el aire, éstas comienzan a caer y resulta imposible continuar el trayecto. La secuencia, una de las que recuerdo del filme, resume lo sentido al verla. 

Cierto es que el cartel advierte que no es una película, que todo es un viaje, inspirado en El Mago de OzSin embargo la variación narrativa del cuento y la versión (tan) libre de León, se me queda en un pastiche de guiños y referencias (más burdas que sutiles) sin lograr identidad, ni camino propio. 

Quizás valga más el destino y no tanto el trayecto, en esta relectura multicolor. Me explico; puede que se sostenga por el público al que va destinada y el resultado de la promoción invertida. Vamos, que si tuviera veinte años creo el disfrute hubiera sido mayor y si fuera el debut de Paco León, hasta hubiera viajado. Claro, que estando producida por Mediaset y estrenada por Netflix siempre se asegura su visionado. 

Viniendo de la colosal Arde Madrid y el fascinante par de Carmina, esta versión de León se me queda en una chispa. ¡Y con las ganas que tenía de verla! Es más, quería que me gustara. Pero habiendo demostrado personalidad en sus trabajos anteriores (incluso en Kikique es un remake de un filme francés), dominar el tornado en el que se ha metido le queda alto y su arco iris particular parece un pastiche entre Almodóvar, Los Javis y un quiero ser el más moderno, que no termina por conducir. 

Vale que el paralelismo con el clásico en Technicolor lo tiene -aparecen los zapatos de lentejuelas, un perro que responde a Totó, algo de color esmeralda, varias brujas y unos peculiares compañeros de ruta- e intuyo que su suerte se igualará, pues cuando se estrenó el largometraje en el que se basa no hubo triunfo de crítica ni taquilla, salvándose del fracaso cuando comenzó a emitirse por la pequeña pantalla, convirtiéndose entonces, en película de culto y su canción original en icono cultural  Claro, que por ahora, Rainbow se me queda en un deslavazado relato de incitación de una chavala en busca de una madre -vamos, su paso de niña a mujer, que por si no queda claro también pregunta una joven con capacidades especiales a la protagonista en cuestión-, que empieza cuando Dora (Dora Postigo, hija de Bimba Bosé, de estreno en el artisteo) hace muecas frente al espejo en la casa familiar y se enciende un secador a lo Poltergeist. 

Desde ahí todo vale y cualquier cosa podría pasar en esta huida adolescente. 

Dora y Totó

Desde entrar en una zona de juego, como anuncia un grafiti en inglés (this is playground), en un descampado, para luego saltar al desconcierto con una bolsa volando por un páramo, a lo American Beauty, hasta llevarnos a unos extraños lugares a lo Africa y Japón, entre bailes vudú y talleres de falsificaciones de marca (en un reflejo de globalización que vale por la ambientación), mientras Dora va encontrándose con los otros personajes: apareciendo un showman muy mago, muy Oz y muy sexy (Wekaforé Jibril), acompañado del supuesto Hombre de Hojalata, con traje y bien vestido por el estupendo Luis Bermejo, y de un histriónico Espantapájaros (Ayax Pedrosa) que se pone de spray de desguace e invita a toda la pandilla, alcanzando ahí la locura hasta surgir una madame de bingo (Carmina Barrios) y un león de verdad, el rey de toda esa jungla. 

Rainbow, lo nuevo de Paco León y NETFLIX

Claro, que durante el camino, otro mensaje que reza Todo está en tu cabeza (All is in your head) nos recuerda que todo es cuento. Y es entonces, cuando conocemos a las brujas, la buena y la mala; ese par de excéntricas millonarias dedicadas a una marca de moda, WW, que bien podría voltearse por MM, pues ambas, las dos Cármenes, Machi y Maura, Maura y Machi (en esta primera vez que coinciden en pantalla), quienes sostienen la historia gracias a cada una de sus apariciones, jugando como debe ser y creando un par de actuaciones gloriosas.

Con todo en el extremo, Rainbow va cayéndose a cada paso hasta la fiesta del final -que le gustan a León, con cameo incluido-, que mostrando una obviedad de frivolidad junto a celebrities de publicidad y del petardeo, termina por engullir la crítica que parece querer hacer. No sé si me explico, pero todo acaba resultándome inmaduro. Y solo espero que lo próximo de Paco León sea volver al hogar, de verdad. Es decir, a la esperadísima Arde 2

Dora y Totó de camino en Rainbow…

Si recordamos que Over the Rainbow fue la canción estrella que traspasó al musical, el hit en este Rainbow es I can feel it (Puedo sentirlo), interpretada por Dora al piano como tema principal, que aún apuntando maneras, no termino por sentir. Es más, Rebe (Rebeca Díaz, fantástica artista indie que deberían curiosear) es quien se cuela en la banda sonora (y también en la de Cerdita), brillando más que los tacones de Dora y los zapatos de Dorothy. 

Rainbow termina siendo un quilombo de flashes y chispazos, de rayada de baldosas amarillas, que deslumbran sin crear camino. 

Y mira que lo siento. 

Mariló C. Calvo 

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