SIN SEÑAS PARTICULARES: Guerra sin tregua

El narcoestado vuelve a ser retratado, pero esta vez centrándose, más que nunca, en las consecuencias que tiene para sus habitantes, mejor dicho: víctimas.Lo mejor de Sin señas particulares es que no hace distinciones. La realidad es que allí muy pocos se libran de la violencia, da igual a que extracto social pertenezcas. Todo un país está condenado por un libertinaje salvaje. Como bien muestran sus tramas secundarias: Granjeros, médicos, funcionarios… todos pueden llegar a ser objetivos del narco.

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EL SECRETO. ATRÉVETE A SOÑAR: Katie Holmes y nada más

“Es como un pastel agradable”. Eso fue lo que escuche al salir de la proyección. A mí también me pareció una buena definición de lo que acababa de ver. Aún así, por muy deseosos que estemos de encontrarnos propuestas, digamos, alegres, la película seguro seguro no conseguirá gustar a la mayoría de espectadores. Me explico, y avisados quedáis, esta película está más próxima a un telefilm de andar por casa que a una producción de mayor empaque. Ni siquiera el escape que podamos buscar en lo referido a esta deprimente situación la salva; porque, de verdad, aquí todo, absolutamente todo, peca de un buenismo demasiado inverosímil y excesivo que da lugar a un nivel de cursilería impropio hasta de los espectadores más sensibleros.

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FALLING: Te quiero, papá

La ópera prima de Viggo Mortensen nos habla de la vejez y el perdón. Se dice de esta última que es la más importante de las virtudes. Y eso es Falling, querer mostrar como un acto de perdón se complica cuanto más estrecho es el vínculo: en este caso un lazo retorcido que conecta a un padre retrograda al borde de la demencia con su hijo, quien vive con su novio y la hija adoptiva de ambos. La ironía de la vida acentuando un conflicto clásico donde se enfrentan lo viejo y lo nuevo. Un vía crucis ineludible, que terminará liberando los demonios internos de Viggo Mortensen en una escena de catarsis absolutamente increíble. Sin duda el momento más impactante de la película y del que presume el póster.

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UNA VENTANA AL MAR: La ascensión terrenal

Del gris atardecer bilbaíno al mágico amanecer heleno. El punto de partida de lo que será el resto de tu vida. Eso es lo que siente el personaje de Emma Suárez cuando le diagnostican un cáncer terminal. Una premisa tan despiadada como lapidaria, que sin embargo es tratada con más melosidad y esperanza de la que cabría espera. Cruda, pero esperanzadora, bonita, pero cabrona. Una ventana al mar no es sino la vida misma. Una metáfora que gracias a la mano de su director: Miguel Ángel Jiménez, logra captar los sentimientos, deseos y temores de una pareja a la deriva existencial: cada uno con lo suyo.

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