EL MOTÍN: Jason Statham en un buque de carga

Jason Statham regresa a la gran pantalla con El motín, film de acción como el icónico héroe del género nos tiene acostumbrados. Es ver su rostro en el cartel de la película que estrene y saber a qué tipo de cinta nos enfrentamos: Jason Statham liándose a golpes, puñetazos, tiros y lo que sea necesario para salvar a las víctimas en peligro y vencer a los malos de turno, que suelen dedicarse a los más oscuros negocios. Es el mismo patrón siempre, y sus fans, seamos sinceros, esperan eso de él.

Jason Statham y su nueva compañera de mamporros, Annabelle Wallis

Aquí, en El motín, Statham es Cole Reed, un guardaespaldas atento y cariñoso con su jefe. Éste lo considera parte de su familia y Reed se lo recompensa ejerciendo su labor con profesionalidad y precisión. Pero una noche, en una encerrona, Cole es incapaz de salvar a su jefe y se propone descubrir qué hay detrás de lo que ha acabado con él. Lo malo es que mientras lo intenta, será el principal sospechoso de su muerte. Pero él sabe que no ha tenido nada que ver, por lo que continúa con su intención de destapar la causa que lo ha llevado a un buque de carga en alta mar, en el que la situación se complica incluso para pedir auxilio por radio. Es decir, Cole Reed tendrá que averiguar qué sucede estando a bordo de un enorme barco y alejado de todo lo que pueda echarle una mano para llevar a cabo su propósito.

Tras haberlo visto este mismo mes de marzo en Shelter: El protector, o en 2025 en A working man, Statham es un tipo incansable de quien sus fans tienen una cinta o dos, de media, al año en cartel, desde que lo conocimos al comienzo de su carrera, en su primera película, la magnífica Lock & Stock (1998), dirigida por Guy Ritchie, a la que siguió la estupenda Snatch. Cerdos y diamantes (2000), también del mismo director. Ritchie puso su nombre en la lista de actores a los que había que seguir la pista, pero su filmografía pronto derivó hacia el cine de acción sin derivadas. Simplemente pura adrenalina, que dio comienzo gracias a Transporter (2000) y a su personaje llamado Frank Martin, que repetiría, debido al éxito de ésta primera, en sus dos secuelas, la de 2005 y la de 2008.

Desde aquel entonces, Statham es sinónimo de cine de acción de calidad, dentro de la serie b en la que se ha movido. No en películas de altísimo presupuesto, al menos como protagonista único, porque siendo parte de un enorme elenco sí ha participado en la saga Fast & Furious como Deckard Shaw y en las cuatro entregas de Los mercenarios. Además, por si no le quedaran enemigos a los que enfrentarse, también ha de hacerlo contra tiburones gigantes en Megalodón (2018) y Megalodón 2: La fosa (2023), su secuela.

Una trayectoria que lo ha traído a El motín, en la que vuelve a hacer gala de lo que mejor se le da: ‘repartir galletas’, como reza parte de la publicidad de la cinta en redes sociales. Lo malo de este caso es que no lo va a hacer solo, le han puesto a una mujer para ayudarlo, un personaje secundario que, a todas luces, sobra y entorpece, pero que debe ser la cuota femenina que estos tiempos de corrección política, también en el cine de acción, requieren.

Porque sí, la película es una más de Statham, no hay en ella nada que no hayamos visto en sus trabajos previos, pero ese pequeño gran cambio hace que la cinta resulte más prescindible dentro de las que componen su filmografía. Por más que lo intenten sus responsables, una película ‘de Jason Statham’, que podríamos considerar un género en sí mismo, está destinada al público masculino y éste, aparte de ver una cara bonita en pantalla, no va a entender muy bien que un héroe que ha demostrado serlo durante décadas ahora requiera de alguien más que se encargue de la acción. Y que ese alguien más sea una mujer. No es creíble. A nivel narrativo y de testosterona sus películas no necesitan ese aliciente por mucho que los espectadores a los que va destinado no sean chicas. Todos sabemos a qué vamos al cine a ver estas películas, y Jason Statham es, sólo él y él solo, la ayuda que los buenos necesitan.

De resto, lo dicho: acción, tensión hasta que ésta llega y razones de los malos para hacer lo que hacen. En eso consiste El motín, y en una hora y media está todo contado. Eficaz serie b de las de siempre y en pantalla grande. Los amantes de los videoclubes en los 80 y 90 están de enhorabuena. Y aquellos que no conocieran los videoclubes pero adoren el género, también.

Silvia García Jerez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *