RESIDENT EVIL: Revitalización de una saga mítica

Zach Cregger, el padre de la tía Gladys de Weapons, el creador de Barbarian, regresa con una nueva entrega de Resident Evil. Y no es un capítulo más de una saga que comenzó a bajar su nivel en la segunda entrega, Resident Evil 2: Apocalipsis (2004), después de que el director de la primera, que data de 2002, Paul W.S. Anderson rodara, junto a su esposa y protagonista de las películas, Milla Jovovich, la adaptación del videojuego japonés de Capcom surgido en 1996.

No es un capítulo más de la saga, como decía. Después de darle al género de terror su mayor éxito del pasado año gracias a un guión original espectacular y conseguirle un Oscar a la mejor actriz secundaria a Amy Madigan por su interpretación de la villana más icónica del cine en años, muchos pensaban que tras haberse dado a conocer con la espléndida Barbarian, otro guión original muy aplaudido, Cregger seguiría rodando más material original y se decepcionaron cuando se puso a los mandos de una saga agotada. Pero ha conseguido darle un estímulo que hacía tiempo que no tenía. Cinco títulos nada menos tras el primero de ellos. Seis en total, pero tras el inicial cada vez despertando menos interés por parte de sus potenciales espectadores. Y ha tenido que llegar Zach Cregger para darle el impulso que requería el punto de partida que tiene el videojuego: Umbrella Corporation, la corporación farmacéutica que crea armas biológicas y virus mutantes, tiene un error en el laboratorio y los científicos y los animales que estaban estudiando se contagian creando seres carnívoros a los que no parece fácil controlar. Todo ello en Raccoon City.

Y es allí donde Bryan (Austin Adams), repartidor de material hospitalario para operaciones, debe llegar para hacer su siguiente entrega, algo que debe llevar a Raccoon City en las montañas Arklay, a las que es imprescindible ir con cadenas y el coche bien preparado para la nieve porque el trayecto está imposible sin esa ayuda. Pero Bryan, que necesita el trabajo que le den, accede. Y para allá que va. Lo que no sabe es hasta qué punto se le va a complicar la noche debido a que el virus se ha descontrolado y convierte en seres monstruosos a quienes va encontrándose a su paso.

Nada va a ser fácil para Bryan (Austin Adams) en esta noche infernal

Éste es un Resident Evil actualizado a la manera en la que Zach Cregger entiende que debe asomarse al universo del videojuego y debido a su talento la película acaba siendo un auténtico acierto. Una fantasía para los amantes del género de terror con personajes convertidos en bichos espantosos que recuerdan mucho a los de La Cosa (1982), de John Carpenter. Aunque no sólo a los de ese clásico, también a cierto demonio de una conocidísima serie muy actual.

En cualquier caso, más allá de cómo sean los monstruos de esta película, que son realmente llamativos, lo importante es cómo el genio de Cregger es capaz de adentrarnos en un suspense continuo, generando tensión con las situaciones más cotidianas al convertirlas en un tren de la bruja del cine fantástico. Y sazonándolo todo con un humor negro sencillamente colosal. Hay momentos en los que se oyen carcajadas en la sala, como ya ocurría con el fabuloso e incomprendido tramo final de Weapons, pero en este caso sitúa el humor a lo largo de todo el metraje, con lo cual el mérito es aún mayor. Es algo que pocos directores consiguen: la lista, que incluye a Peter Jackson en Braindead (Tu madre se ha comido a mi perro) (1992) o a Paco Plaza con Verónica (2017), no es excesivamente larga.

Y es una delicia para los amantes del terror comprobar lo mal que se puede pasar cuando una película del género está bien dirigida. Mantener la tensión de forma sostenida en cada uno de los escenarios a los que se enfrenta el protagonista, ese Austin Abrams al que ya vimos en Weapons como el chico drogadicto que está sensacional aquí en el papel de un jovencito torpe, un perdedor incapaz de asumir sus responsabilidades como adulto, y resulta muy satisfactorio sumergirnos en Raccoon City junto a él con el estrés que provoca cada paso que decide dar, normalmente hacia el lado equivocado para que todo le salga bien.

Así las cosas, Resident Evil cuenta con secuencias memorables. Decir una sola es absurdo porque la siguiente también lo va a ser. La de la casa, la de la roulotte… es que da igual, todas son tan brillantes hasta llegar a un desenlace que no esperas, y que resulta ser igual de ingenioso que el resto del metraje, que sales del cine con un sonrisa en la cara. De ver un film de terror, ojo. Un film en el que también nos hemos reído muchísimo y con el que hemos disfrutado con el trabajo del equipo de efectos visuales, que lo cierto es que se han esmerado para hacer la película todo lo gore que el fan de este tipo de cine espera que sea.

Por lo tanto, ésta última entrega de Resident Evil se recibe con los brazos abiertos. Zach Cregger se consagra como un director a la altura de James Wan, dos creadores de atmósferas asombrosos a los que hay que admirar como se merecen. Cregger, además, ha logrado que nos volvamos a interesar por una saga a la que hace mucho que nadie prestaba atención pero que ahora, al insuflarle un aire nuevo y juguetón, nos va a reconciliar con ella. Y muchos le pedirán al estudio que si ésta continúa, el encargado de llevarla a cabo sea de nuevo Cregger. Y lo cierto es que se lo habrá ganado.

Silvia García Jerez

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