A CIEGAS: La muerte entra por los ojos

Si miras, los ves. Si los ves, te quieres matar. Si los ves, mueres. Esa es la premisa de la que parte A ciegas, el último estreno de la plataforma Netflix, una película que, como casi todas sus producciones, no verá la luz en los cines.
Y es una pena, porque en las salas, en las soñadas salas llenas que cada vez se dan con menos frecuencia, porque solo llenan las películas evento, A ciegas podría causar estragos.
Basada en la novela homónima de Josh Malerman, A ciegas es el relato de una epidemia de suicidios que narran con auténtico espanto los informativos. Tienen lugar en Europa y en Asia, y Malorie (Sandra Bullock), avisada por su hermana Jessica (Sarah Paulson), no le da la menor importancia. Es terrible, sí, pero está pasando lejos.
Hasta que una mujer intenta abrirse la cabeza con el ventanal del piso del hospital en el que Malorie pasa consulta por su avanzado estado de gestación. La epidemia, el virus o lo que sea que incitaba a matarse a la población allá ya está ahí, en Estados Unidos, dispuesto a arrasar con ellos también.
Jessica es una de las primeras en caer. Y entonces Malorie tiene que correr para refugiarse. Donde sea. Y cae en una casa en la que ya hay un hombre guarecido, un tipo de mal temperamento que no se fía de nadie, Douglas (John Malkovich). Pero llegarán más personajes a esa casa, y en pleno apocalipsis solo podrán servirse de su instinto para distinguir a los que pueden entrar de los que deben permanecer cuanto más lejos mejor.

Malorie y su hermana Jessica en A CIEGAS
Malorie (Sandra Bullock) y su hermana Jessica (Sarah Poulson) en A CIEGAS

Susanne Bier, directora danesa cuya película En un mundo mejor ganó el Oscar a la mejor cinta de habla no inglesa en el año 2011, se hace cargo de este título, que mezcla acción, ciencia ficción y la angustia del terror que se vive por momentos en la película con una maestría admirable.
Sandra Bullock, que siempre se ha sentido culpable por ganar el Oscar a la mejor actriz gracias a Un sueño posible, porque está convencida de que por esa película no lo merecía, está claro que se ha redimido rodando después maravillas como Gravity, por la que volvió a estar en la carrera al Oscar, o esta misma, en la que realiza un trabajo portentoso.
Pero cierto es que A ciegas es una película coral, en la que ella lleva el peso de la cinta porque el presente de la misma la tiene a ella y a dos niños como ejes centrales, mientras que los flash-backs nos van contando lo ocurrido en los últimos cinco años, cuando comenzó la pesadilla de la que luego entendemos con claridad que pretenden escapar.
En ese reparto coral tenemos personajes tan fascinantes como el que interpreta John Malkovich, un hombre irritante pero admirable, sabedor del peligro que corren en cada momento y deseoso de que el final, tan próximo, llegue lo más tarde posible. O el que interpreta Danielle McDonald, Olympia, que al igual que el de Tom (Trevante Rhodes) guardamos cálidamente en nuestra memoria.

Si quieres vivir en A CIEGAS tienes que taparte los ojos
Si quieres vivir en A CIEGAS tienes que taparte los ojos

A ciegas es trepidante. Desde luego que lo es. Y la adornan secuencias espectaculares, como la de la salida al supermercado. Qué tendrán este tipo de acciones extremas que suelen funcionar en cualquier película de fin del mundo que se precie, ya sea con temática zombie, como Amanecer de los muertos, la mejor película de Zack Snyder, en La niebla, en cuyo supermercado tiene lugar prácticamente toda la trama, o en esta misma. Es como un decorado abocado al éxito.
Pero no olvidemos que A ciegas bebe de una película que al leer su argumento nos viene en seguida a la cabeza: El incidente, de M. Night Shaymalan. Con algún que otro agujero de guion como en el caso de la cinta del autor de Múltiple, A ciegas tiene el mismo concepto y resultados similares. Con permiso de quienes denostan El incidente tras un arranque portentoso que ya es historia del cine.
La gran diferencia entre esta y aquella es que mientras El incidente cuenta con una narrativa lineal ésta va y viene en el tiempo, y el montaje de Ben Lester supone todo un acierto, sobre todo cuando la cinta separa a los personajes dentro de un mismo ámbito y lo pasas entre mal y peor previendo lo que puede pasar.
Mención especial merecen en A ciegas los planos subjetivos en los que vemos las vendas de los personajes que tienen los ojos tapados. Increíble lo indefensos que podemos llegar a sentirnos, igual que quienes huyen de algo que no puede verse pero que tiene una presencia tan aterradora.
Por lo tanto, A ciegas es un ejercicio de ciencia ficción y suspense que quien disponga de la plataforma Netflix va a poder disfrutar estas navidades en casa, sin tener que salir al frío de la calle para ir a cine alguno. Y repito, si Netflix la hubiera estrenado en cine hubiera sido otro acierto, como lo ha sido Roma por motivos distintos, de concurrencia a premios sin cuyo paso por las salas es imposible poder optar.
Hubiera sido un acierto porque imaginar la sala llena de gente gritando en momentos cumbre y entregada a una historia tan bien rodada es una gozada a la que cada vez el público tiene un acceso más restringido, por la cantidad de buen cine que se queda relegado al formato doméstico. De este modo los gritos se quedarán en las casas. Y aún así será un título que todos, o casi todos, porque siempre hay quien no sigue las líneas generales, tendrán en sus recomendaciones.

Silvia García Jerez

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