In-Edit (Parte 1: Broken English y Bajañí)
In-Edit, el festival más gamberro de Barcelona, celebra su vigésimo cuarto cumpleaños, haciendo todo el ruido que se puede esperar de un festival a medio camino entre la sala de cine y el espectáculo musical. Recientemente galardonado en los Premios AUPA!, In-Edit apuesta y nos demuestra que el cine puede ser una fiesta y les da un hogar a variopintos documentales musicales, que en su mayoría sería imposible ver en cualquier otro lugar. En cualquier caso, no de la misma forma.
El pasado 29 de octubre, Broken English dio el pistoletazo de salida en la sala 5 del Mooby Aribau. Cómo no, la sala más grande de Barcelona. El documental de Jane Pollard e Iain Forsyth, disponible en Filmin a partir del 6 de noviembre, supone la última entrevista de Marianne Faithfull, actriz, cantautora e icono británica, que falleció antes de que acabaran de hacer la película.

Con conocimiento de causa, Broken English sucede desde el “Ministerio del No Olvidar”, una especie de purgatorio parecido a una sala de interrogatorio policial, donde Tilda Swinton y George Mackay, como salidos de Expediente X, revisan y comentan los archivos de la trepidante vida de Marianne y le proyectan las imágenes de su juventud.
A pesar de tener pie y medio en la tumba, se la ve llena de luz, paz, calidez… Marianne Faithfull es una auténtica Rockanrolla. Una mujer que ha vivido de todo y ya no le queda nada que perder. Irradia algo aspiracional. No en referencia a su adicción a la heroína, ni a sus veintitrés años de alcoholismo, ni a su intento de suicidio, ni por haberse acostado con Mick Jagger, sino quizás por eso y por todo lo demás. Me refiero a su actitud resiliente, su autenticidad y empoderada vulnerabilidad.
De ambiente fúnebre y con esa música tan hipnótica, me da la sensación de estar viendo algo prohibido. Particularmente, me seduce el cover de Suki Waterhouse de Sister Morphine. Y, por supuesto, cabe destacar que Broken English incluye la última actuación de Marianne en directo, grabada junto a Nick Cave y Warren Ellis.
Con las primeras lluvias de noviembre, el lunes nos trajo el último autodenominado musical de Fernando Trueba: Bajañí, un masaje cerebral, básicamente. Son dos horas del Niño Josele tocando la guitarra en varios sitios y con diferentes estilos. No hay nada más y no hace falta nada más.

La película se inicia con una brevísima y convencional introducción para ponernos en el contexto de quién es el Niño Josele, qué relación tiene con Fernando y qué están tratando de hacer aquí. Y después viene lo interesante: La magistral combinación de la guitarra flamenca con la música clásica, el jazz, la música latina y la brasileña. Sumando un total de dieciséis números musicales repartidos entre Almería, Madrid, Nueva York, Sao Paulo y Río de Janeiro. Con la participación de Ron Carter, Rubén Blades, Kenny Barron, Marisa Monte y Caetano Veloso, entre otros monstruos.
La dirección de Trueba está al servicio de la música. Íntima, discreta y elegante, pero muy medida. No sé qué historia me han contado, pero sé que me han contado una historia. <> Dijo en referencia a su tozuda, y en mi opinión, acertada elección de no querer poner ni media línea de texto que pudiera estimular el raciocinio. Si no hablas “guitarro”, probablemente no vas a entender nada. ¿Pero acaso eso no es maravilloso?
Sobre el escenario, Fernando Trueba y el Niño Josele, tienen la complicidad propia de aquellos que se conocen desde hace demasiado tiempo. Con gran sentido del humor y ligereza, Fernando cuenta tres versiones diferentes de cómo surgió la idea de hacer la película. Yo me quedo, y espero que sea cierta, con que dice que una mañana se levantó y le dijo a su mujer que había tenido un sueño rarísimo. Había soñado que estaba filmando al Niño Josele y a Caetano Veloso versionando Because, la conocida canción de Los Beatles. Y su mujer le dijo: qué sueños más raros que tienes.
María Fernández Daranas
