Norte de Vietnam (III): Tras las huellas de Graham Greene en el Vietnam más rural y profundo de Hà Giang
«Al salir de Phat Diem, el camino serpenteaba entre los arrozales y las pequeñas aldeas ocultas tras agrupaciones de bambúes y palmeras de betel. Las casas eran chozas de barro o de cañizo, con tejados de paja tan oscuros por las lluvias que parecían formar parte de la propia tierra. En torno a cada grupo de chozas había un cercado de estacas o cañas para proteger a las aves de corral y a las cabras, y en las pequeñas charcas formadas por el agua estancada flotaban flores de loto entre las hojas anchas y planas.»
La postal que tan magistralmente describe Graham Greene en El americano impasible sobre el Vietnam de los años 50 es calcada a lo que te encuentras hoy. Es la esencia del Vietnam rural más auténtico: ese que se desmarca por completo de las rutas turísticas, de las arterias comerciales, de las carreteras principales e incluso de los pueblos más grandes.
Casas levantadas con lo que da la propia selva —bambú, hojas de palmera y poco más— salpicadas entre la vegetación cerrada, los arrozales y las plantaciones de té. Lo que no me esperaba era dar con estos rincones tan genuinos a tan solo unos minutos de una ciudad tan concurrida como Hà Giang.
Fervor patriótico en Lùng Cú y el paso de Dốc Thẩm Mã
Estudiantes y bajorrelieves en la Torre de la Bandera
El último día de nuestra ruta por el norte de Vietnam en moto arrancaba como era previsible: con más grupos de viajeros y la clásica infraestructura turística en cada curva. Sin embargo, en la primera parada —Lùng Cú, la famosa Flag Tower— no nos cruzamos con ni un solo extranjero, aunque sí con un buen grupo de locales. Tenía su explicación: celebraban el Día de la Juventud de la Unión de Jóvenes Comunistas Ho Chi Minh y todo estaba lleno de estudiantes luciendo orgullosos su camisa azul.

Para subir al pedestal de la enorme bandera hay que adentrarse por una escalera flanqueada por bajorrelieves de puro estilo realista socialista. Tuvimos que esperar pacientemente a que bajara un grupo de militares cargados de medallas para poder acceder. Queda claro que era un día muy especial para los vietnamitas.
Fronteras y lecciones de historia reciente
Mirando hacia el norte se divisa la Pagoda Lùng Cú, levantada hace poco con la clara intención de que se vea bien desde la frontera con China. Confieso que desconocía esta faceta histórica: la fuerte rivalidad de Vietnam con China y Camboya en los años 70 y 80. Solemos imaginar el bloque comunista de la época como algo monolítico, pero nada más lejos de la realidad. Las guerras con la Camboya de Pol Pot y con la propia China dejaron más de 100.000 muertos en combate y decenas de miles de víctimas civiles.
Los coloridos pañuelos del paso Dốc Thẩm Mã
De camino hacia Hà Giang hicimos la parada obligada en el paso de montaña Dốc Thẩm Mã. Aparte de las vistas espectaculares, allí te encuentras con un pintoresco —y notablemente preparado— mercadillo de flores. La etnia H’Mong es la reina en esta zona y se les reconoce al instante por el estallido de color de sus pañuelos.


Llegamos a Hà Giang por la tarde. Me despido de Tho, que está impaciente por dejarme y acudir a la boda de un amigo en la ciudad. Ha sido un guía y piloto excelente que me ha ayudado muchísimo a entender mejor esta región.
Explorando el Vietnam rural en los alrededores de Hà Giang
Un nuevo guía y los arrozales en pleno esplendor
La verdad es que no tenía muchas expectativas para el día siguiente; la ciudad es bastante turística y daba por hecho que los alrededores estarían saturados de viajeros. Aun así, dejé apalabrada con una agencia local una moto con conductor. ¿El criterio que les di? Bastante vago: ver arrozales, zonas tranquilas del Vietnam rural y cero aglomeraciones.
A la hora acordada apareció mi nuevo guía luciendo la chaqueta de Be Group (el equivalente local a Uber en moto). No hablaba ni gota de inglés, pero desde el minuto uno me di cuenta de que nos entenderíamos de maravilla. Tomamos la carretera hacia Hanói y al poco nos desviamos por una carreterilla rural. Primer acierto: a pesar de estar en estación seca, me llevó hasta unos arrozales espectaculares en pleno esplendor.

Caminos de barro y trial en la selva (con un scooter)
Seguimos ganando altura por carreterillas estrechas, parando en cada rincón con buenas vistas o allí donde un cartel nos invitaba a curosear (algún homestay o pequeñas factorías de té). A medida que ganábamos distancia con Hà Giang, el paisaje se transformaba y la selva le iba ganando terreno a los cultivos a cada curva.
Siguiendo la indicación de un homestay, nos desviamos por una pista francamente estrecha. Y cuando parecía imposible que se estrechara más, no solo lo hizo, sino que tomó una inclinación endiablada. Para rematar, los escasos 30 centímetros de hormigón desaparecieron para convertirse en un camino de montaña de puro barro. Ahí fue cuando me dije «yo no me quiero matar hoy» y decidí bajar de la moto.
Té Shan Tuyet en la aldea de Lùng Vài
El paisaje desde abajo era sencillamente alucinante: selva tupida salpicada por plantaciones de té. El haber «descabalgado» me regaló el tiempo para fijarme en los detalles, en las plantas, en los insectos y en la belleza salvaje del sitio.


Al final del camino, un cartel enorme y completamente fuera de lugar anunciaba la producción local: «Información sobre el té Shan Tuyet de la aldea de Lùng Vài». No tenía muy claro a quién iba dirigida semejante campaña publicitaria en mitad de la nada… Quizás a una pareja joven de la etnia Dao Áo Dài que, con una sonrisa de oreja a oreja, nos estuvo enseñando su cosecha de hojas de té recién recolectadas.

Dejé a mi amigo el motorista entretenido con su sesión de trial extremo mientras yo caminaba disfrutando del entorno a mi ritmo. Unos cientos de metros más abajo ya me estaba esperando junto a una pequeña factoría familiar donde procesaban la hoja.

De la cascada Thác Số 6 al mirador de Núi Cấm
Un chapuzón en la cascada Thác Số 6
Desandamos lo andado y, tras un buen rato rumiando kilómetros sobre la moto, fuimos a visitar la cascada Thác Số 6 (que se traduce literalmente como «Cascada 6»). Más allá del salto de agua en sí, lo divertido fue quedarse un rato viendo a los chavales del pueblo pasándoselo en grande tirándose al agua.

Ganando unos puntos para la reencarnación.
El rider me comentó que podíamos hacer una última parada. ¡Pues claro que sí! El sitio en cuestión es un cerro situado justo sobre la ciudad de Hà Giang. Tras unos cuantos zigzags aparcamos la moto y seguimos a pie por unas escaleras.
Llevábamos unos cientos de metros cuando nos topamos con dos mujeres que metían piedrecitas en bolsas de plástico. Tenían un cartel en vietnamita que no me hizo falta traducir para entenderlo: «Ya que sube a disfrutar de las vistas, ¡háganos el favor de subir un par de bolsas para el templo!».
Agarré cuatro bolsas —unos 15 kg en total— pensando, inocentemente, que el templo estaría ahí al lado. Qué ingenuo. Subí, subí y seguí subiendo escaleras y el templo que no aparecía por ningún lado. Finalmente llegamos a un pequeño santuario donde un monje estaba metido en plenas obras divinas. Entre el lastre de 15 kilos y la humedad tropical llegué empapado de arriba a abajo, pero con el espíritu mucho más tranquilo pensando que, al menos, me he ganado la reencarnación en algo decente.
Vistas espectaculares desde la cumbre de Núi Cấm
Continué subiendo escaleras, esta vez ya sin peso extra, hasta alcanzar la cumbre del cerro Núi Cấm. Arriba te encuentras los restos de una antigua guarnición militar y, sobre todo, unas vistas espectaculares de toda la ciudad y el valle.
En resumen.
Al final, son los imprevistos y las pequeñas anécdotas —como aquel porteo de piedras— los que se te quedan grabados a fuego. Pero, junto a ellos, en la mochila siempre regresa mucho más de lo que llevabas a la ida. Lugares que te sorprenden, a veces decepcionando y otras tantas emocionando. Conversaciones con desconocidos que te abren la mente y te cambian la mirada. Costumbres que te impactan y formas de vivir que, en el fondo, envidias. Todo eso —y contemplar algún monumento, por supuesto— es, en realidad, viajar.
Estos cinco días recorriendo el norte de Vietnam en moto han estado cargados de experiencias inolvidables que pasan directamente a ese cofre preciado que son los recuerdos.
Aquí dejo los enlaces a los anteriores capítulos, por si te los has perdido.




