TIEMPO DE VICTORIA: La meteorología del Día D
Tiempo de victoria, el nuevo trabajo del actor Brendan Fraser, que recordemos regresó en 2022 a la primera línea interpretativa hollywoodiense tras años de ostracismo en la industria y lo hizo por todo lo alto, ganando el Oscar al mejor actor gracias a La ballena, nos trae al presente en el que la película se estrena el apasionante mundo de la meteorología en el día más importante de la Historia reciente de la humanidad.
Y es que, de cara al Desembarco de Normandía, el General Eisenhower (Brendan Fraser), necesitaba un pronóstico del tiempo absolutamente preciso porque se requería que no lloviera, como parecía que iba a ocurrir, y que hubiera un mínimo de visibilidad para que los soldados pudieran moverse por la playa y disparar a los alemanes que, a buen seguro, los estaban esperando. Y si no veía claro que el tiempo fuera el que se requería para llevar a cabo el asalto en la playa de Omaha no iba a dar luz verde a la operación porque poco antes de ese 6 de junio de 1944, en el mes de abril, un ensayo de la misma en la playa de Slapton Sands, en Inglaterra, la conocida como Operación Tigre, fue un auténtico desastre, y Eisenhower no quería repetir ese escenario y menos cuando realmente tendría lugar el momento en el que no había vuelta atrás. La vida de millones de personas en Europa dependía de que el Día D saliera bien.
Por eso hizo llamar al Director meteorólogo James Stagg (Andrew Scott), un tipo no especialmente amable pero muy profesional, que se enfrentó con el meteorólogo de las USAAF, Las Fuerzas Aéreas del Ejército de los Estados Unidos, Irving Krick (Chris Messina), que haciendo comparativas genéricas con otros años y otros continentes llegó a la conclusión de que en la fecha señalada habría buen tiempo, excelente, despejado, ideal para atacar, cosa que Stagg no veía posible, ya que el norte de Europa tiene unas connotaciones climatológicas completamente diferentes a las manejadas hasta el momento por Krick. La cuestión, apremiaba Eisenhower, era saber con exactitud qué tiempo haría en la playa requerida con tres días de antelación. Y acertar, porque acabar con el nazismo dependía de eso.
Parece mentira, pero el tiempo es básico en nuestras vidas. Podemos cancelar planes por el pronóstico del tiempo, así que cuando de éste depende una decisión transcendental el agobio de un meteorólogo en circunstancias en las que se ve que va a ser complicado de predecir es aún mayor. Y Tiempo de victoria cuenta todo esto de una manera ejemplar.
Sí, Tiempo de victoria es una película sensacional, en la que de la forma más clásica se nos acerca a un hecho histórico bastante desconocido. Y apasionante. Su director es Anthony Maras, un australiano que sólo ha dirigido la espléndida Hotel Bombay, en 2018, cuando todavía Armie Hammer era una rutilante estrella, antes de que saliera a la luz el escándalo que lo obligó a retirarse del cine. Agobiante aquella, agobiante ésta, rodada ambas con un oficio fabuloso que las hace pertenecer al selecto club de cintas con un aura clásica, de esas -pocas- que se estrenan en este siglo pero que tanto se producían en el pasado.
Gracias a ella aprendemos Historia, de la que no queda tan lejos y esperemos que no se repita, y somos conscientes de la potencia que tiene el cine cuando la película es excelente. El clasicismo de una película británica presente en cada fotograma, con un guión que nos va llevando a lo largo de este episodio crucial para el mundo y unos actores espléndidos capitaneados por el protagonismo de un Andrew Scott superlativo en su personaje insufrible, porque así debía ser James Stagg en la realidad, pero volcado en todo momento con el cometido que se le asigna. Y que tanto le preocupa. No está seguro de que su predicción sea correcta, porque siempre puede fallar algo, pero por más que analiza los mapas no ve otra opción: el tiempo será no malo sino terrible. A ver cómo se para a los nazis en medio de lo que viene.
Y la atmósfera que genera su pronóstico es desesperante. No es lo que los aliados quieren oír, pero si es lo que hay, se tiene que lidiar con ello. Tiempo de victoria, excepcional título español del original Pressure (Presión), que juega con el momento de ganar la II Guerra Mundial y con el tiempo meteorológico alrededor del cual gira su argumento, nos acerca a un episodio que no se suele citar mucho, ni en los libros de Historia ni en películas ni en reportajes sobre la contienda, pero que como veremos aquí fue básico para hacer frente al nazismo en Europa. Eisenhower tuvo la valentía de tomar la decisión correcta, pero llegar hasta ella y asumir que podía haber sido otro error era algo que flotaba en el aire como las nubes que traen lluvia.
Afortunadamente, en Europa salió el sol gracias a que la meteorología estuvo de su lado y ahora Tiempo de victoria nos recuerda aquella hazaña que tuvo que dirimirse primero en los despachos en 72 horas cruciales para el devenir del mundo. Y contar con una película que nos lo expone con la brillantez y la emoción con la que ésta lo hace es un homenaje a lo ocurrido entonces, a los hombres que se lo jugaron todo por las generaciones que vendrían y, por qué no, un homenaje también al mejor cine capaz de retratarlo.
Silvia García Jerez

