SI YO FUERA RICO: La fortuna escondida

Si yo fuera rico, ese tema que cantaba Topol, en inglés, por supuesto, en la película El violinista en el tejado, sirve como título a una comedia que parte de ese supuesto para desgranar lo que ocurre en la vida de su protagonista, Santi (Álex García) cuando le toca la lotería.

25 millones de euros gana estando en plena crisis con su mujer, Maite (Alexandra Jiménez), de la que en realidad se está divorciando. Y al ir a cobrar su fortuna, cuando ya todo el barrio sabe que el afortunado ha sido uno de los vecinos, el director de la sucursal le informa de que estando en régimen de bienes gananciales le tiene que dar la mitad a ella, a menos que se lo calle hasta que el divorcio sea un hecho.

Por lo tanto, Santi opta por no decirle nada. Ni a ella ni a nadie. Ni a sus amigos, ya que el mismo director de la entidad bancaria (Jordi Sánchez) le deja caer que si hace comentario alguno le irán pidiendo parte del dinero.

Pero estar callado trae consecuencias. Él disimula cogiendo un trabajo en el supermercado del actual ligue de Maite (Diego Martín) y por su lado, a espaldas de todos, gasta cantidades imposibles en trajes u objetos como relojes carísimos que asegura haber comprado en los chinos. Está claro que llevar una doble vida no es bueno. Ni fácil.

Alexandra Jiménez y Diego Martín
Alexandra Jiménez y Diego Martín en un momento del film

Si yo fuera rico no es sino otra historia romántica envuelta en la peripecia de un tipo al que por casualidad le cambia la suerte, pero no como a él le gustaría, porque en realidad lo que quiere es seguir estando con su mujer, pero el dulce que le cae de repente en las manos es demasiado goloso como para dejarlo escapar.

Y como se trata de una comedia, las situaciones de enredo alrededor de cómo camuflar semejante cantidad de dinero van en aumento.

El problema de Si yo fuera rico es que en lugar de presentarnos chistes frescos y momentos hilarantes éstos son manidos y están rodados con la fórmula de la simetría, es decir, exactamente igual que el resto de las comedias que no alcanzan un mínimo nivel en el género.

Es una lástima que su director, Álvaro Fernández Armero, quien empezara su carrera de una manera más que prometedora, con uno de los mejores cortos de la historia, El columpio, y dirigiendo a Penélope Cruz en otra comedia que hace mucho que es de culto, Todo es mentira, se haya desviado, en la gran pantalla, hacia el camino fácil de la comedia gruesa.

Y es una pena, porque como director de formato televisivo sigue siendo quien prometió ser, cosa que ha demostrado dirigiendo capítulos de las series Allí abajo y Vergüenza, ésta última una de las mayores alegrías que nos ha dado la ficción española en los últimos años. Pero en cine el resultado de su trabajo parece el de alguien que lo haya sustituido temporalmente y ni su título anterior, Las ovejas no pierden el tren, ni el que ahora nos ocupa son dignos de quien tuvo en cine y mantiene en sus series un talento en el que perpetuar la confianza.

Antonio Resines
Antonio Resines, uno de los invitados a participar en el film

Tampoco los actores son demasiado destacables. Interpretar en medio de la fórmula de comedia loca televisiva no los hace mejor, sino todo lo contrario. No es su culpa: Alexandra Jiménez es una actriz maravillosa, pero debería ir cambiando de registro, porque a excepción de Las distancias, un drama donde su interpretación, que no su personaje, era superlativa, se está encasillando en el mismo tipo de tópicos y es una actriz en la que los productores deberían confiar más para obtener de ella todo su potencial.

Posiblemente quien merezca más halagos sea el estupendo Adrián Lastra, que dentro de un personaje pequeñito sabe sacarle todo el partido divertido y encantador que se espera en un secundario amigo del protagonista.

El resto del elenco parece sumido en patrones mil veces repetidos por tantas comedias del mismo corte de humor blanco que funciona más por marketing que por los méritos del desarrollo de un género que si está bien rodado y se esfuerza por ser fresco y brillante arranca carcajadas gloriosas. Pero no es este el caso.

Silvia García Jerez

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