RED ROCKET: El ocaso de la estrella porno

Red Rocket no es lo que parece. Mirando su colorido cartel, con un hombre desnudo metido en un donut gigante, uno podría imaginarse una película desenfadada, tirando a la parodia, de lo más entretenida y picantona. Y no. No se le acerca ni lo más mínimo. Cuidado con ella.

Red Rocket es la historia de un actor porno caído en desgracia, Mickey (Simon Rex), que vuelve a su pueblo, en Florida, a intentar reconstruir su vida. Pero nadie lo quiere ni ver por allí. Quien lo conoce, porque sabe cuál es su pasado, quien no, hace lo mismo cuando él lo explicita. No está bien visto que un antiguo actor porno trabaje con nosotros. Si algún cliente lo reconoce puede sentirse incómodo. Mejor que no. Busca en otro sitio.

Pero no lo hay. No legal. Nadie quiere contratarle y su todavía esposa ha vuelto a vivir con su madre porque también ella está hundida. Y ni una ni la otra quieren ni ver a Mickey porque él es, en buena parte, culpable de que ahora estén así.

De este modo, a Mickey no le queda más remedio que ganarse la vida con el trapicheo de las drogas que hace con una de sus vecinas, a quien tampoco le gusta el chico, pero acepta a pesar de sus reticencias. Y Mickey comienza a tener dinero, le empieza a ir muy bien, sobre todo desde el momento en el que se cruza con Strawberry (Suzanna Son), una menor que sirve donuts en la cafetería de las afueras del pueblo, una modernidad que funciona como rutilante telón de fondo para aquello que Mickey tiene en mente. Porque nada en su vida, nada, es lo que parece.

Red Rocket
El ‘chipeante’ cartel de la película

Red Rocket es una bajada a los infiernos estando ya fuera de él. v. No miremos para otro lado. Nos parece muy gracioso y muy fanfarrón dedicarse a él pero cuando alguien lo ha experimentado, y lo tienes al lado, el tema se vuelve más solemne. No estamos preparados. La película lo plantea incluso a nivel de imposible reinserción social, como una condena sin haber hecho nada ilegal. Así de cerrados estamos todavía. Si es difícil admitir que se ve porno, haber participado en él como parte de la industria es un escándalo. Nos queda mucho por avanzar.

Aquí, Sam Baker, director de The Florida Project, película que también retrataba la miseria de esa zona norteamericana, vuelve a su universo, el de la fealdad, la incomodidad, la realidad de situaciones alejadas del glamour que se le supone a un país al que muchos miran con ojos de deleite. Si te vas a trabajar a Estados Unidos es un punto a favor para ti. Y la realidad puede llegar a ser tan dura como en cualquier otro sitio, que no nos engañen ni la publicidad ni los prejuicios.

En esta ocasión Sean Baker nos muestra la Texas más profunda, la que lo tiene peor para sobrevivir, esa en la que hasta una bonita tienda de donuts puede resultar sórdida. En realidad, todo en Red Rocket es sórdido, sucio, oscuro. La historia, los personajes, su mundo, sus intenciones. No hay nadie que se libre de la aureola malsana que inunda la película. Por mucho que sonría, la perversión no descansa y sentimos que nos ahoga igual que a ellos.

Mickey quiere salir de allí, y podemos entenderlo. Nada de lo que le rodea es brillante. Con excepción de Strawberry, claro. Ella es la luz en medio de este pasillo que no acaba nunca. Porque si Red Rocket tiene algún fallo es lo larga que se hace, los momentos en los que pensamos que su historia está estancada, que no tiene nada más que contarnos salvo llegar al final que sea, pero que lo haga ya. Y cuando lo hace nos descoloca. Insisto: en esta película nada es lo que parece.

Sam Baker es un gran director. Aunque alargue innecesariamente sus historias. Desde lo que decide contar hasta con qué actores lo hace, llenos de verdad y de una fotogenia particular. No ha elegido un reparto al azar. Esos rostros que incluso provocan rechazo están seleccionados con el mimo de quien quiere un resultado acorde con lo que necesita. No puedes mirar más que a la pantalla, aunque no quieras. Y también ahí Baker logra lo que pretende, porque no siempre lo que esperas en tu nueva vida es tan bonito como pensaste que encontrarías.

Red Rocket es una película difícil de ver. Cuesta sumergirse en ese universo, en la mente retorcida de su protagonista, en el presente de quienes lo rodean, en una historia que tiene sus aciertos y sus resbalones, pero está muy bien dirigida y uno sale con la sensación de haber asistido, además, a la mejor utilización posible del tema de NSYNC Bye Bye Bye. En todas las posibilidades dramáticas que la canción puede ofrecernos, dándonos la vuelta y convirtiendo su festividad en un barrizal que abraza y a la vez explica la atmósfera en la que estamos chapoteando.

Silvia García Jerez

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