NO MENTIRÁS: Crímenes y castigo

No mentirás comienza con un suicidio. Un hombre, una cuerda para ahorcarse, una foto. Y un secreto que ese sacrificio se lleva consigo con la encomienda, debido a ese acto, de que su hijo encuentre toda la verdad a su fallecimiento. Un hijo que, dicho sea de paso, no soporta a su padre, hace años que se habla con él y que prefiere no volver a verlo. Objetivo conseguido. En vida, al menos.

Carlos Lorenzo, hijo de Fernando, la víctima del ahorcamiento, un abogado poderoso, hábil, excesivamente exigente y lleno de manías, recibe la noticia de la muerte de su padre y viaja a Mors, el pueblo donde vivía y murió, para reconocerlo y hacer los trámites correspondientes con la policía y la administración antes de volver a su lujosa y medidísima existencia junto a una abogada de su bufete a la que adora pero a la que no reconoce sino como su amante ocasional para no atarse emocionalmente. Aunque sabe que para eso ya es tarde.

Una vez en Mors, Carlos hace lo que se espera de él, pero al ser un pueblo y depender para algunos trámites de la capital del país, ha de esperar más de lo que quiere a que todo se complete. Y en lo que eso ocurre, algo inesperado sucede, algo fuera de toda lógica, que por supuesto lo retiene en el pueblo para intentar dar respuesta al suceso.

Pero lejos de que ese detalle, espectacular donde los haya, todo sea dicho, se resuelva, no hace sino dar rienda suelta a más asesinatos que van a empezar a sucederse sin que nadie pueda hacer nada por evitarlo. Ni por resolverlos: tanto Carlos, que investiga por su cuenta, como la policía, que trata, sin éxito, de avanzar en el esclarecimiento, van por detrás de un asesino que sin prisa, y lo que es peor, sin pausa, va trazando un camino que a cada muerte parece más pensado, sin pasos dados al azar, y con una seguridad que no lo deja cometer errores.

Portada de NO MENTIRÁS
Portada de NO MENTIRÁS

Este es, a grandes rasgos, el argumento de No mentirás, cuarta novela de Blas Ruiz Grau de la que lo primero que cabe, una vez leída, es preguntarse por qué se titula así. Pero que el título tenga más o menos explicación no invalida la gran novela que se esconde en sus páginas.

Es asombrosa la capacidad de Ruiz Grau para crear una historia que no te suelta, que te pide que te pegues a ella como si tú también estuvieras dentro del caso, estudiando cada asesinato, cada escena del crimen, cada vez más macabra, por cierto.

El lector no puede sino avanzar, pasar páginas y seguir descubriendo los secretos que se ocultan tras los datos que en el momento justo el autor nos revela. Un entramado de acontecimientos tan bien medido, tan perfectamente conectados, que no se puede sino aplaudir esa habilidad narrativa para mantenernos en vilo.

Cada giro es un hallazgo, cada detalle un acierto y cada revelación un punto a favor de una novela que ya es un hito en el mercado literario. Su fama la precede y se la ha labrado con razón, porque la tensión crece a medida que vas leyendo y eso es digno de aplauso.

Lo malo de No mentirás no está en su narrativa ni en la creación de ese universo tan negro en un pueblo ficticio de Alicante, o de los personajes a los que acompañamos a lo largo del trayecto, que son fascinantes, sobre todo esos dos policías, Nicolás y Alfonso, una pareja entrañable que empieza trabajando en Madrid y piden destino conjunto en la capital de la comunidad valenciana.

No, lo malo de No mentirás está en su escritura, en la que podemos encontrar fallos de mala revisión y otros más graves a nivel gramatical que llaman la atención en una novela de semejante peso editorial. El elevado número de páginas no debería ser excusa para no cuidar un poco más el material que en ellas se vende.

Es una pena que este aspecto, no poco importante porque estamos hablando de literatura, empañe de tal manera un fondo que, como ya ha quedado dicho, es excesivamente brillante y de lo más recomendable si se es un amante de la novela negra y de historias tan bien trenzadas como la que nos ocupa.

Porque sí, a pesar de ese pero tan significativo, insisto en que No mentirás es un entretenimiento de primera, un ejemplo de estructura y de cómo a través de unos personajes muy bien dibujados podemos conocer el oscuro pasado de un pueblo en el que dicen que nunca pasa nada. En No mentirás, como sus lectores podrán comprobar, pasa de todo.

Silvia García Jerez

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