Reflexión sobre la importancia la literatura gótica

La literatura gótica me llamó como el canto de una sirena. Fue sin querer y paulatinamente, cuando intentaba encontrar libros de mi interés, libros que removieran algo especial dentro de mí. No era consciente de que muchas de las lecturas que acababa escogiendo para mi estantería y que probablemente más me fascinaban, formaban parte de la literatura gótica. Conocía algunos y los asociaba con la corriente, pero otros me eran bastante desconocidos y los empezaba a leer por casualidad, atraída por ellos sin saber que tenían tantos elementos en común hasta el momento en que empezaba la lectura y me descubría, de nuevo, a mí misma leyendo este género. Así comencé a buscar más información sobre esta corriente, así me cautivó.

Fue a finales del siglo XVIII cuando en Inglaterra surgió esta corriente contra el pensamiento dominante de la Ilustración. Me fascina muchísimo este hecho, porque lo que parecía ser el último paso a dar para el ser humano – el hallazgo de la razón y del pensamiento como última herramienta para acercarse a la verdad -, de golpe, no fue suficiente. No fue suficiente la lógica contra la superstición, ni contra el miedo ni los prejuicios. Las pasiones no pudieron ser dominadas, para cierto sector de la sociedad, el miedo y las emociones desbocadas tenían algo de sublime, la felicidad humana no podía depender sólo de la contención de los sentimientos mediante la razón.

El motivo que llevó a esta corriente a nacer, me parece muy importante. Nosotros los humanos, por mucho que tengamos la capacidad del autocontrol, de la lógica y el análisis, no podemos desprendernos de nuestra parte emocional, sería además, un error hacerlo. La corriente gótica se caracteriza por representar elementos melodramáticos, exagerados y llenos de terror y descontrol. Lleva al extremo la parte apasionada, destructiva y decadente del humano, bajo mi punto de vista, reivindica de alguna forma, la imperfección de las formas, la distorsión de los acontecimientos. Esa parte humana que se destroza, que nos puede llevar al error pero que es tan necesaria a su vez.

Para utilizar la razón, debemos primero percibir una emoción, y para entender lo que nos ocurre y ponerlo en su sitio, darle una estructura, primero hay que dejar fluir dentro de nosotros el sentimiento en sí. Sino lo hiciéramos así, podríamos caer en la frialdad e indiferencia absoluta, por lo que nuestros juicios estarían también mal elaborados, nos faltaría humanidad, empatía y comprensión. Porque para ser objetivo, hay que entender primero todas las diferentes subjetividades. Por otro lado, si nos pasáramos de expresión emocional y no tuviéramos capacidad de razonamiento, acabaríamos por elaborar argumentos distorsionados, donde la realidad se desfiguraría de tal forma que también sería errónea y completamente subjetiva, sensacionalista y equivocada.

Es cierto que muchos de los protagonistas de las historias góticas estaban muy polarizados, el bien y el mal se representaban siempre de formas antagónicas y en diferentes personajes, estaba claro quien era el bueno y quien el malo. Sin embargo, a mi parecer, conforme el género se desarrolló, aparecieron personajes bastante interesantes. Es el caso de la novela “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde “ de R.L. Stevenson, donde el bien y el mal aparecen muy separados pero unidos a su vez, en un mismo individuo. O el caso de “Frankenstein” de Mary Shelley, donde la línea llega a desdibujarse y sentimos verdadera empatía hacia el que, en un inicio, parece ser el monstruo y parece estar hecho para ser odiado. Llegamos a poder incluso entender, el hecho de que el monstruo sienta la necesidad de asesinar a su creador o de atemorizarle. Es esto lo que me parece importante recalcar, la literatura gótica ahonda en las emociones y las exagera de tal forma en la que podemos llegar a comprender a la persona que ha cometido un acto inhumano, y es ahí, desde la comprensión de la emoción, desde donde podemos trabajar para darle estructura, hacerla desaparecer o cultivarla para que crezca como algo sano o tal vez, artístico.

Marina Fernández

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