EL INCREÍBLE FINDE MENGUANTE

El increíble finde menguante tiene un título fascinante que por supuesto remite al de un clásico de la ciencia ficción, el suspense y el terror, todo junto, que convirtió a Hollywood en la máquina de elaborar grandes películas que hace tiempo que dejó de ser para pasar a fabricar casi en su totalidad, con honrosas excepciones, productos comerciales de consumo rápido y escasas trazas cinematográficas: El increíble hombre menguante.
En aquella obra maestra de la angustia, filmada en 1957 por Jack Arnold y basada en la novela y posterior adaptación del genio infalible de la ciencia ficción y del suspense Richard Matheson, un hombre se hacía cada vez más pequeño por culpa de una exposición a una mezcla de radiación e insecticida.
Y claro, si ahora nos enfrentamos a otra película en la que lo que sea también mengua, en este caso el fin de semana, acortado en Finde para adecuarlo al lenguaje de la gente joven que protagoniza la cinta y que es también potencial espectador de la misma, la idea se saborea con ansia solo de pensar en los bucles temporales que vamos a contemplar.
Porque El increíble finde menguante se refiere al de Alba, una chica treintañera con un novio estable, unos amigos estupendos y una vida fácil en la que las preocupaciones son las de pasar de un día al siguiente. Si nada lo impide.
Pero en el fin de semana que nos ocupa, Alba y todos ellos se disponen a estar esos días en una casa rural antes de marcharse para llegar, a sus casas de ciudad, a ver el partido de fútbol de turno. El deporte manda incluso en la ciencia ficción.
Y llegado cierto momento, Alba nota que todo se detiene y este hecho la devuelve a la furgoneta cuando ésta se acerca a la casa para que el finde comience de nuevo. Y así una vez tras otra, con la particularidad de que cada vez que se reinicia la historia todo dura un poco menos que la vez anterior. Exactamente una hora.

La furgoneta será el lugar donde comience de nuevo el finde
La furgoneta será el lugar donde comience de nuevo el finde

Que un fin de semana sea menguante, como ya he dicho, es una idea estimulante, fabulosa, de lo más atractiva. Pero manejar el tiempo en el cine en historias que giran sobre sí mismas con un fin determinado, como cualquier narración en realidad, pero cuando tienes una espiral alrededor de unos acontecimientos está claro que hay un propósito por el cual todo se repite, y cuando uno de se enfrenta a semejante reto hay que dominar todos los aspectos de los elementos a reiterar.
Y es una pena que El increíble finde menguante no lo consiga. Ni remotamente. De hecho, uno entra en la sala creyendo que va a ver una gran película… más que de viaje en el tiempo de bucle temporal que se convierte, en realidad, en una cuenta atrás. Pero lo que nos encontramos es con una estructura temporal extraña, una mezcolanza de situaciones que no acaban de encajar en la necesidad narrativa que se plantea y una mengua de tiempo que la mayor parte del mismo no sabemos muy bien a qué fin responde.
Por lo pronto, que cada vez sea más pequeño el fin de semana debería hacerlo, reinicio tras reinicio, progresivamente más pequeño también, pero esto no ocurre desde el momento en que algunas reiteraciones duran más que otras de forma aleatoria. Es decir, pongamos por caso que el tercer reinicio es más corto que el cuarto, lo cual nos deja un poco perplejos porque ni siquiera estamos en el momento del relato en el que hay que mirar el reloj para calcularlo porque ya no sea tan evidente.
Luego está el hecho de que cuando repites la acción que ya has vivido has de repetirlo todo todo con ella. Tal vez con cambios muy bien pensados, caso de la estupenda Feliz día de tu muerte 2, en la que lo que cambiaba lo hacía con un sentido perfectamente explicado y resultaba por ello absolutamente admirable.
Aquí, lo que cambia parece que lo hace porque sí, no hay motivo para que las conversaciones con el padre, que tampoco parecen realmente necesarias en el conjunto de la historia, tengan que ser distintas. O para que la pelota intervenga en la narración a veces de forma primordial y otras de manera tan casual que uno se pregunta el sentido de tenerla en algún momento en la pantalla. Incluso, simplemente, por qué es cada vez una hora menos y cómo la protagonista llega a esa conclusión.

Nadie de Santiago e Iria del Rio
Nadia de Santiago e Iria del Rio

Es una lástima que El increíble finde menguante no funcione. La ciencia ficción es uno de los géneros más espectaculares que existen y para demostrarlo ahí está la trilogía de Regreso al futuro, en la que el manejo del tiempo era un prodigio cuyo guion se estudia en muchas escuelas de cine. También es ejemplar la ya citada Feliz día de tu muerte 2, que mejora la primera parte en todo, guion e imaginación incluidos.
Y en nuestro cine, que nadie pondría de ejemplo porque somos así, y el pobre no se lo merece, tenemos una joya firmada por Nacho Vigalondo que se titula Los Cronocrímenes y que podría, y debería, ser un título a citar como primera medida a la hora de hablar de viajes en el tiempo. Aunque sean cortos. Pero un fin de semana tampoco es muy largo.
Y en el devenir del mismo, resulta que esta cuenta atrás cuenta con mengua de formato incluida, en la que uno inicialmente no cae pero llega un momento en que nos damos cuenta de que la pantalla se va reduciendo también a cada cambio de hora.
Curiosamente, esta decisión, tan significativa como la apertura de plano en Mommy, de Xavier Dolan, es, al igual que en la película del canadiense, lo mejor de un trabajo que se intuía mucho más sobresaliente de lo que resulta ser.
Los intérpretes, entre los que destacan el conocido rostro de Nadia de Santiago y la inconfundible voz de Luis Tosar como el padre al teléfono, hacen lo que pueden con un texto que no acaba de funcionar, pero su naturalidad, sobre todo la de la protagonista, Iria del Rio, consiguen que sigamos con algo de expectación una historia que a cada repetición mengua también en su interés.

Silvia García Jerez

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