EL HOYO: Ciencia ficción muy real

Todo lo que cuenta El hoyo, la película del debutante Galder Gaztelu-Urrutia y ganadora absoluta del festival internacional de cine de Sitges, es ya una realidad. No se inventa nada, podríamos incluso decir que es más un documental que una cinta de ficción, lo que ocurre es que cuando a la realidad la disfrazas de ciencia ficción con aires de distopía estremecedora, el mensaje queda como algo más plausible en el futuro, si es que no tenemos cuidado con el presente, que como retrato de un presente que ya estemos viviendo.

Porque la realidad no nos afecta a todos por igual, por eso pensamos que lo que propone El hoyo no nos incumbe. Aún. Y sí, nos incumbe tanto que ya estamos viviendo algo parecido, solo que en lugar de en una plataforma irreal y trágica, en un mundo globalizado donde los seres humanos mueren por falta de comida mientras otros tienen demasiada y tiran kilos y kilos al día.

El hoyo comienza cuando Goreng (Iván Massagué) despierta en un piso determinado de un número desconocido de plantas en una disposición vecinal de las mismas que tiene camas en sus extremos y deja el centro diáfano para que baje por todos los pisos una plataforma llena de comida para cada uno de ellos.

Goreng despierta a un mundo que no conoce pero su compañero de planta durante un mes, el mes que viene cambiará, tanto de compañero como de planta, le explica en qué cosiste ese peculiar edificio en el que lleva meses viviendo y del que espera salir pronto.

Trimagasi (Zorion Eguileor) es el maestro que le va detallando en qué consiste todo lo que ve, el que le asegura que si sigue así, sin comer cada vez que llegue algún plato con comida de lo que les ha sobrado a los de arriba, o tratando de disfrutar de Don Quijote de la Mancha, el libro que ha decidido que sea su objeto dentro del edificio, si sigue empeñado en no tener una mentalidad luchadora, no va a poder sobrevivir mucho tiempo allí dentro.

Porque El hoyo es un lugar monstruoso en el que lo que importa es lo que puedas hacer por ti, lo que puedas comer con los escasos minutos que la plataforma permanece en tu planta, lo que puedas aguantar sin comer si en tu mes tu piso es lo suficientemente bajo como para que no te llegue nada… hasta que Goreng aprende que, como dice Trimagasi, es ‘obvio’ que su compañero tiene razón, y hay que hacer algo por salir de esa rutina que va a acabar con todos ellos.

EL Hoyo
Dos personas por planta, una plataforma con las sobras del piso anterior

El hoyo, como podemos deducir, tiene un funcionamiento que nos suena. Por desgracia. Más que una metáfora de la vida, es la vida en sí, solo que camuflada en un lugar imaginario pero con normas tan reconocibles que tal vez no queramos pensar que nos son demasiado familiares.

Trimagasi, el fascinante personaje que sirve de guía a Goreng, nos lo va dejando todo muy claro, por mucho que diga que hablar le agota. Y gracias a él nos vamos habituando a un mundo que hemos visto en los telediarios, y pensar que un film nos lo acerca envuelto en cine fantástico resulta espeluznante. Porque somos nosotros mismos los que protagonizamos la película. Los que queremos estar siempre en los pisos más altos, o incluso en la administración para decidir quién entra y quién no, y dónde se sitúa cada uno este mes. Pero una vez que naces y te ponen en un piso, toca sobrevivir.

El hoyo consiguió ganar en Sitges como mejor película, por encima de la espectacular Ventajas de viajar en tren, pero es que solo podía ganar una. O solo debía haber una única vencedora. Los ex aequo con los que los festivales intentan quedar bien, no quedan bien.

Obtuvo, también en Sitges, el premio Citizen Kane como mejor director revelación para Galder Gaztelu-Urrutia, el de los mejores efectos especiales y el premio del público, que ya desde Toronto se venía entusiasmando con esta historia que tanto se ha dicho que recuerda a Cube, de Vincenzo Natali y a la que solo le veo parecido a aquella en que ambas estaban llenas de ingenio y en que ganaron el festival de Cataluña en apartados de Película y guión.

Iván Massagué, actor protagonista de El Hoyo
Iván Massagué, actor protagonista del film

En El hoyo asistimos al aprendizaje y al horror progresivo de Goreng ante lo que lo rodea. Y el avance del tiempo y del descubrimiento de lo que los habitantes de cada piso son capaces de hacer para defenderse le abrirá los ojos para intentar enfrentarse a ello. Pero detener el sistema es tan complicado como peligroso aunque a él le va valer la pena intentarlo. Al menos para no seguir formando parte de algo en lo que no cree. Alguien que mete un libro en un sitio así no es igual a los demás.

El hoyo es muy poco discutible. Como película es todo un ejemplo de originalidad fuera de los circuitos manidos de Hollywood y sus remakes y reboots y secuelas y cine reiterativo en el que tanto se apoya para no arriesgarse. Nuestro cine se arriesga y raro es que no gane cuando lo hace. En festivales internacionales se admira el fantástico español como algo asombroso, y si las academias le prestaran atención también tendría un recorrido que parece detenerse en los certámenes de género.

Y es que todo en El hoyo es digno de elogio. No solo crea un mundo oscuro y fascinante, en un trabajo de dirección artística sobresaliente, sino que la banda sonora o el montaje ayudan a darle a la película la entidad que la hace única.

Además del apartado interpretativo, en el que Iván Massagué, rostro más habitual en la comedia, se transforma en un personaje íntegro e intenso que solo quiere hacer el bien entre tanto mal, un actor que carga con el peso de una película con base teatral en la que si las interpretaciones fallan, poco puede hacerse por subir el nivel del resto.

Zorion Eguileor como Trimagasi en EL hoyo
Zorion Eguileor como Trimagasi

Y Zorion Eguileor como Trimagasi es un secundario de esos que dejan huella. Un hombre que nada más aparecer consigue dejar su impronta, gracias a su rotunda presencia, su peculiar manera de ofrecer los datos que nos darán a conocer el lugar en el que estamos, y también por su palabra talismán, Obvio, que repetirá por la obviedad de cada respuesta que dé, en cada respuesta que dé. Resulta algo irritante, pero obvio que se hace tan mítico escucharla de su personaje que cuando no la dice la echamos de menos y cuando la pronuncia va configurando su manera de hablar hasta formar parte inseparable de Trimagasi.

Antonia San Juan y Emilio Buale también tienen sus apariciones estelares. Son todavía más secundarios pero sin ellos no hay película. Cada uno explica su razón de estar ahí y nos ofrecen momentos irrepetibles dentro de un film que de por sí lo es, quiera alguien rodar un remake de él o no.

Pero se trata de una película dura, que nos habla de nosotros mismos. Esto puede implicar que si en Estados Unidos decidieran hacerla ellos, probablemente suavizarían su contenido y su mensaje quedaría diluido en un film de ciencia ficción en el que la plataforma no fuera un elemento que nos definiera sino uno que nos entretuviera. Sin ir más lejos, en un film de terror que cambiara comida por juegos mortales que tal vez destruyeran la vida del habitante del piso que no supere la prueba. En Hollywood, ya lo sabemos, son dados a cambiar las películas por muy buenas ideas que inicialmente contuvieran.

Así que tenemos que estar encantados de tener en nuestro país un film como El hoyo, que esté gustando tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. Una película que demuestra que en España también se puede hacer cine de género fantástico y ser un ejemplo para el mundo en cuanto a la ciencia ficción se refiere.

Silvia García Jerez

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