El faro: la vertiginosa ascensión de Robert Eggers.

En 2015 un director llamado Rober Eggers dejó a todos boquiabiertos con su ópera prima La bruja. Aquel film supuso una bocanada de aire fresco en el género de terror. Ese punto de inflexión dio lugar al nacimiento de un cineasta prodigio, cuyo talento confirma ahora, cinco años después, con El faro.

Con toda seguridad puedo decir que El Faro es una de las películas más estimulantes de esta última década. Un ejercicio singular e interesante, que ya desde su primera secuencia consigue retrotraernos a esa recóndita y perversa isla de Nueva Inglaterra. Una inmersión que surte efecto gracias, sobre todo, a la sobresaliente puesta en escena, que logra combinarse a la perfección con el blanco y el negro de la imagen, y con una proporción de 4/3. Gracias a esto último, se dota a la cinta de una sensación claustrofóbica, que hace hincapié y favorece al aislamiento, y a la soledad de los personajes.

El faro: Willem Dafoe, Robert Pattinson.
Su angustioso 4/3

Este retraimiento sumado al mal tiempo, provoca que dos fareros: maestro y pupilo, se relacionen en un ambiente de creciente hostilidad. Una desasosegada rutina que acabará encerrándolos físicamente, para después paulatinamente, entre alcohol y revelaciones inesperadas, ir deteriorando su salud mental. Así hasta llegar a una catarsis, donde el drama se convierte en fantasía, y la fantasía en apocalipsis.

Para este frenesí contamos con Willem Dafoe y Robert Pattinson. Ambos se dejan la piel para ofrecernos unas actuaciones memorables, que rozan el delirio. Y es que los dos llevan a cabo un despliegue físico, que va más allá de la pronunciación e interpretación del texto. Una dirección de actores digna de mención, que debería haber tenido más relevancia en las ceremonias de premios.

En definitiva. Una película completa llena de matices respecto a la conducta humana y a la mitología marina. Un cuento terrorífico, donde cada plano es una imagen refinada y enteramente justificada. Una obra maestra, que se ha ganado el derecho a revisionarla. Larga vida a Robert Eggers.

Guillermo Asenjo Lara

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *