El Asesino de Los Caprichos: Abstracto Involuntario

El Asesino De Los Caprichos, lo último del responsable de Desvío Al Paraíso o El Corredor Nocturno, Gerardo Herrero, vuelve a llevar la carrera cinematográfica de este director y productor por el territorio de la intriga, esta vez decididamente en serie, ya que sobre la caza de un asesino copiota versa la historia en la que Maribel Verdú y Aura Garrido, con alturas interpretativas de desnivelado peso en detrimento de la primera, forman pareja policial en un entramado elitista y caprichoso donde el deseo de tener prevalece sobre todas las cosas. No hay nada más peligroso que creer que los deseos son derechos adquiridos.

Aunque con estas premisas ya vimos en la década de los noventa muchas cintas, seguramente mejores, pero curiosamente no tantas con el inspirado final de la que nos ocupa, es inevitable pensar, estando donde estamos, dicho lo dicho, y obviando los lugares comunes, necesarios o no, que está más que claro que con los mimbres visibles cabría esperar un mejor cesto donde recoger una historia que apunta maneras pero que no consigue cuajar hasta su solvente último tramo. Hecho éste que no consigue evitar que para todo sea ya demasiado tarde.

Maribel Verdú y Aura Garrido
Maribel Verdú y Aura Garrido interpretan a dos agentes muy diferentes entre sí

Centrándonos en esa corriente de cintas que vuelven al pasado, o que decididamente llegan tarde, al contrario que sucediera con La Viuda, otro thriller de asesinos que pasó por la cartelera hace unos meses con claro olor, y acertado tono revival, del cine de suspense de la última década del siglo XX, en su caso, El Asesino De Los Caprichos, con ese aire, pretendido o no, a cintas como CopycatAcero Azul o El Silencio De Los Corderos, a años luz de éstas pero con mujeres fuertes en sus papeles protagonistas, no acaba de dar con su lugar en la colección, en ese museo donde cuelgan rostros como los de los asesinos de SevenResurrección o Jaque Al Asesino. Lástima. Nueva oportunidad perdida. El concepto pictórico expresionista no ha acabado de funcionar aquí.

Pero si algo hemos de destacar de El Asesino De Los Caprichos es su vocación de thriller patrio. Todos los ingredientes suenan a nuestra forma de hacer cine, y todas las pistas beben de las pruebas almacenadas en una habitación contigua a la que almacena los hechos probados de El Asesino De Los Caprichos, y en a la que se atesora parte de la filmografía de Enrique Urbizu.

El film está rodado en Madrid
«El film está rodado en Madrid y podemos distinguir los lugares de la ciudad que han servido de localizaciones

En el cine de trazo oscuro siempre se corre el peligro de quedarse en gris claro, o en inexpresivo negro, si no se saben mezclar bien los colores, quedando el lienzo emborronado, lo que puede provocar que el espectador desvíe la mirada del cuadro para acabar cayendo en apreciaciones tan peregrinas como la de que el personaje al que da vida Roberto Álamo en El Asesino De Los Caprichos tenga el mismo nombre del personaje cuya alma habita el cuerpo de Javier Gutiérrez en la serie Estoy Vivo, que también tiene a Álamo como cuerpo primigenio: ya saben el comisario Vargas. En pintura como en el cine, artes visuales éstas, el estilo, la forma y el fondo lo son todo. Y aquí el abstracto está haciendo de las suyas.

Luis Cruz

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