CADÁVER: Posesión infernal

Hay trabajos que no están pagados. Y no me refiero a las horas extras o a cuando te toca hacer fines de semana no siendo ese tu horario, me refiero a que estés en tu jornada y te ocurran cosas que ni deben pasarte ni uno está preparado para que le pasen.
Es precisamente lo que le sucede, en Cadáver, la pobre Megan (Shay Mitchell), que acepta un trabajo en una morgue, en el turno de noche, consistente en ir fichando a los cuerpos que llegan. Ella ha de fotografiar sus heridas, tomar sus huellas y computerizarlo todo para que quede en el fichero de la policía.
Parece fácil. Desagradable, porque no es el trabajo que uno diría de pequeño que quiere ejercer de mayor, pero sencillo, sin más complicaciones que las de hacer las fichas correspondientes.
Hasta que llega el cadáver de Hanna Grace. A partir de entonces, nada será igual. Porque Hanna (Kirby Johnson) está muerta tras ser asesinada por su padre, historia que se nos cuenta en un prólogo en el que hemos asistido a su exorcismo y posterior asesinato para evitar que el demonio que la ha poseído siga matando.
Pero el cuerpo de Hanna es raro. No solo la postura en la que llega en la bolsa, retorcida como una serpiente, llena de quemaduras y de gravísimas heridas alrededor de las cuales tiene sus brazos y sus agarrotados dedos. También el color de sus ojos es distinto al que la foto de su estado en vida reflejaba. Así que Megan se pone a investigar.

El CADÁVER de Hanna Grace
El CADÁVER de Hanna Grace llega a la morgue en condiciones extremas

Cadáver es una película de terror que puede parecer una más del género, pero no lo es. Básicamente porque resulta más entretenida que la media. Claro, si nos ponemos a buscarle coherencia, no lo intenten, no la tiene y no se la van a encontrar, por eso es cine fantástico. Pero del que es eficaz, del que inquieta y sobresalta y te mantiene en la butaca.
Y no solo eso. Cadáver, a pesar de su título tan discutible, tiene unos cuantos aciertos admirables. Por un lado, el hecho de que empiece donde otras terminan. Que el exorcismo sea el punto de partida es un aliciente. Ir conociendo qué pasará a continuación, sabiendo el estado en el que ha quedado Hanna tras lo ocurrido, es un detalle a favor de la película.
Pero también lo es el hecho de que la protagonista sea un cuerpo sin vida. Un cuerpo sin vida que por supuesto sabemos que la cobrará, que se moverá y empezará a dominar el espacio en el que Megan, los vigilantes de seguridad o el simpatiquísmo camillero transitan en horas nocturnas.
Megan es la coprotagonista, la chica que se planteará las preguntas que harán que la historia avance y que llegará a la conclusión de qué es lo que le está sucediendo al cuerpo: algo aterrador que el cine ya ha contado otras veces pero que aquí lo hace con un toque de destreza que se agradece.
Otro acierto de la película lo encontramos en un detalle del personaje de Megan, una chica que arrastra un trauma del que ella misma es capaz de salir con una curiosa fórmula que resulta ser una brillantez del guionista Brian Sieve por su originalidad y su planteamiento, aunque, eso sí, la trama del trauma resulte ser lo más flojo de la película porque si bien es el leit-motiv que va a guiar su comportamiento, no deja de ser un elemento dramático del que abusan muchos telefilmes. Y Cadáver no es un telefilme, es una película de serie B rodada con el gusto de una superproducción.

Megan (Shay Mitchell) no sabe lo que le espera con el CADÁVER de Hanna Grace
Megan (Shay Mitchell) no sabe lo que le espera con el CADÁVER de Hanna Grace

Cadáver es un ejercicio que, tal y como está el mercado de estrenos, en el que algunos de los mejores acaban siendo exhibidos únicamente en plataformas, es de agradecer que se vaya a poder ver en pantalla grande. De este modo se apreciará mejor la capacidad de Kirby Johnson para moverse por el suelo como un auténtico fantasma del cine japonés.
Sí, contorsiones y movimientos extraños en un cuerpo real, el de una bailarina que, debido a su gran flexibilidad, fue elegida para interpretar a un cadáver que está vivo y que, como digo, recuerda la que le hemos visto a fantasmas que ya nos asustaron en Dark Water o algunas otras cintas de terror asiáticas que se vieron en las salas en los 90 y que en poco tiempo, tras el furor causado, desaparecieron de las carteleras.
Cadáver nos remite, en ese aspecto, a aquellas películas. Pero no tiene nada que ver con ellas en su argumento ni en su desarrollo. Sí tiene pinceladas de El cadáver de Anna Firtz, título español que interpretaba Ana Ribas, que también tenía su atmósfera inquietante, y sobre todo de La autopsia de Jane Doe, portentosa producción británica que iba dando más miedo a medida que se iba desentrañando su misterio.
Cadáver no es tan buena como esta última, no llega a su nivel de perfección ni de absoluto desasosiego, pero sí es una cinta de corte similar en cuanto a logros y resultados porque, al igual que aquel, se trata de un film muy recomendable que a los amantes del género les proporcionará un rato de diversión asegurada.

Silvia García Jerez

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