WICKED: For Good. WICKED: parte II 

Por siempre y por buena, la mejor 

La segunda parte de Wicked sigue siendo un deslumbrante y colorido musical, aunque el arcoíris, esta vez, aparezca torcido y el negro quede incluido, por siempre, en la historia inventada de las brujas de El Mago de Oz.
Un fantástico final que juega con el antiguo filme y hereda lo mejor de su predecesora, creando un nuevo camino de baldosa amarillas entre esas canciones que ceden su protagonismo al viaje emocional de las protagonistas, llegando a convencer a quiene espere una continuación al estilo de la primera y a quien descubra en esta otra mirada del cuento, un filme tan maduro como coherente y crítico, transmitiendo un acertado reflejo de la realidad de nuestro mundo desde aquel tan ficción. 

Wicked (For Good), en versión original, plantea en el mismo título los posibles significados (por siempre, por buena) que cada palabra o acción tiene en cada cual, y en quienes que se cruzan en cada destino, para quizás aprender de lo dicho y hecho, valorando cada decisión como corresponde.
Y no es que vaya de intensa, es que esta segunda parte tiene la profundidad de los buenos relatos, con enseñanza de por vida, siendo además una gran historia de amor y todo un canto a la amistad verdadera. 

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Tras aquel érase una vez un par de brujas, a cual más dispar, que se hicieron best friends en la universidad de Oz y tan bien nos contaba Wicked), las chicas se reencuentran ahora siendo ya los personajes que les ha tocado representar; la bruja Buena (Ariana Grande) y la bruja malvada (Cynthia Erivo)Sin embargo, ni la Mala del Oeste es tan mala, ni la Buena Glinda es la tan buena, y ninguna llega a creerse del todo el cuento. 

Ariana Grande y Cynthia Erivo siguen estando magnificas, superándose en sus interpretaciones; Grande, enorme en ese cuerpecito de princesa cursi y tierna con varita mágica de cheerleader, mientras Erivo está soberbia con su escoba voladora, surfeando los cielos de Oz.
Ambas pasarán por su propia transformación y formarán tándem para siempre, jamás.
Mientras Glinda-Grande entre sus morritos y gorgoritos refleja la nostalgia de la infancia y los sueños que no volverán, enfrentándose a múltiples espejos y a su burbuja transportín, cantando I’m not that girl con una tristeza conmovedora. Erivo-Ephaba está maravillosa ejerciendo de mala y entonando No good deed, castigando cualquier elección, incluida la bondad pensada, mostrándose igualmente espléndida en la escena de amor con su verde-bruja más sexy y divertido que nunca, junto al guapo del cuento (Jonathan Bailey, quien está estupendo en su doble protagonismo). 
Ambas buscarán su auténtica identidad y la del Mago de Oz, aceptando sus decisiones y sus consecuencias, aunque una deje de brillar para que la otra brille más, y ambas se repartan realmente sus papeles para que se pueda ver esa verdad, que es algo más que una idea, una palabra, un puro cuento… Y así irán encarando juntas su destino, para bien y para siempre, como también el de esa Ciudad Esmeralda tan brillante y tan feliz, y tan anestesiada por la propaganda de esa otra bruja (Michelle Yeoh) que conjura tornados y traiciones, mientras la gobernadora calzando los únicos zapatos brilli -brilli que aparecen en esta segunda parte, cierra fronteras y expulsa a los que difieren de Ozmania, 

Con un ritmo preciso, el del click del tiempo -como dicen en Oz-, Wicked 2 va directa hacia lo que nos quiere contar, sin perderse en sus campos multicolor ni en sus arcoíris; enfrentándose a ese Mago (Jeff Goldblum) que se igual se esconde en un mecano cabezudo, que baila con un globo terráqueo a lo Chaplin en Tiempos modernos, cantándonos que lo suyo no es engaño ni mentira, que sólo dice lo que se quiere oír -y resulta imposible no acordarse del circo político de Trump, que entre fakes y shows, tan bailarín y tan preocupado por su pelo, juega a dominar el mundo-. 

WICKED: For Good. WICKED: parte II

Regresando a algunos momentos de primera parte y sin llegar a ser flashback, el filme une primorosamente principio y final de ambas cintas, siguiendo así tan bien el cuento; volviendo a tocar la ecología con magníficos animales parlantes, presentando escenarios de premio -esos dos refugios de la Bruja Mala del Oeste- y por supuesto, contando con esos números musicales tan espectaculares como excelentes -que también ocurrían en Wicked-, siendo el memorable de esta segunda parte, el de las bruji-amigas con columpio incluido.

Sin faltar al respeto ni el homenaje al largometraje original, aquel con La Garland en puro Technicolor, Wicked II es ya un clásico moderno, de inmediato, que nos regala un delicioso acierto con una Dorothy -con sus 15 segundos de fama y sombras- que entrevemos de una manera absolutamente mágica. Como también, la historia jamás contada del nuevo e inolvidable Hombre de hojalata -fascinante, su creación- y del apuesto Hombre de paja -esta vez, todo un príncipe entre los espantapájaros-, que parecen como escapados del mismo cuento. 

Repite John M. Chu en la dirección, volviendo a triunfar con esta deliciosa adaptación cinematográfica del acto final de la obra teatral de la que parte, comenzando con la construcción de un camino de baldosas amarillas que pasará a la memoria colectiva, y acabando con un épico final que consigue que el hechizo siga funcionando, siendo esta segunda parte no sólo buena, sino la mejor.

Prepárense para la verdadera Ozmanía.
Prepárense, para bien y para siempre. 

Mariló C. Calvo 

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