Mula: el último porte de Clint Eastwood

Mantengo firmemente que si Clint Eastwood no hace buen cine es porque no quiere. Que con 15:17 Tren a París quiso poner a prueba al público y a la prensa. Que experimentó con la retórica, la heroicidad y la psicología, y el resultado no solo no fue satisfactorio, sino que fue confuso, predecible e insustancial. Pero ahora el heredero de John Ford ha vuelto con Mula y lo ha hecho en forma de homenaje a los personajes interpretados a lo largo de su carrera. Para cualquier otro, esto solo podría significar una cosa: el fin de una carrera, pero a sus 88 años parece que Eastwood no tiene intención de retirarse.

Aunque es ahora cuando aprovecha para desnudarse frente a la cámara y lo hace desde el primer minuto de metraje. El amor y la dedicación a su trabajo le ha llevado a dejar de lado a una mujer disgustada (Dianne Wiesy) y a una hija -también en la vida real- a la que prácticamente no ha visto crecer (Alison Eastwood).

Clint Eastwood en Mula
Clint Eastwood en Mula

Se llamaba Leo Sharp, aunque en el cártel de Sinaloa lo conocían como “El Tata”. Con 88 años, cultivaba lirios y llegó a registrar a su nombre hasta 180 variedades de esa planta. En quiebra y casi desahuciado, le surgió la oportunidad de ganar algo de dinero como transportista. En casi 90 años, no arrastraba ni una sola multa a su nombre, así que, sin pensarlo, se convirtió en la mula más productiva de la banda de Joaquín “El Chapo” Guzmán. ¿Quién sospecharía de un octogenario?

Pero Mula no es Gran Torino ni Earl Stone es Walt Kowalski. Quizá sea menos feroz, pero en ella habita una emoción noble y da la sensación de que trate de pedir perdón a su exmujer y a su hija. Earl y Walt son veteranos de guerra y están jubilados, pero el primero se ha separado de su esposa y el segundo la ha perdido. Ambos son también fruto de una generación machista y racista y el cineasta aprovecha para cargar contra la corrección política en Hollywood.

Alison Eastwood y Clint Eastwood en Mula
Alison Eastwood y Clint Eastwood en Mula

Clint Eastwood lleva la sencillez tatuada en la frente. En su esquema de soledad, arrepentimiento y redención habitual, se entreteje una tragicomedia inocente que fluye gracias a una doble (la del director y la del actor) mirada más emotiva y profunda que de costumbre. Es aquí donde reside la fuerza de Mula, en el retrato amable y tierno del personaje de Earl y en su elegante poder de seducción.

Sin embargo, hay una rueda en el engranaje que entorpece su potencia. Bradley Cooper, con quien ya trabajó en El francotirador, da vida a un agente de la DEA que le sigue la pista. Sin embargo, la investigación es banal, pasa desapercibida, no genera ni el más mínimo interés.

Es la honestidad de Mula su mejor baza. La reflexión tardía y la importancia de hablar sobre lo verdaderamente trascendente: así, sin remilgos ni emociones impostadas.

Paloma Lubillo Fisac

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