UN TALENTO ÚNICO: El don del oído absoluto

Encontrarse en la cartelera con una película como Un talento único no es fácil. Porque cada vez abundan menos las historias pequeñitas que parece que son poca cosa pero que están tan bien contadas que sales de la sala encantado con lo visto.

Un talento único sigue los pasos de Nikki (Leo Woodall), un joven con el don del oído absoluto, es decir, que es capaz de reconocer las notas musicales sin que estén separadas de las demás, dentro de la partitura que se toca, que una vez fue un talentoso pianista pero que ha tenido que dejar la música debido a que, por otro lado, padece hipoacusia, o lo que es lo mismo, una sensibilidad extrema hacia los sonidos demasiado altos, que para ellos vienen a ser casi todos, los de la gran ciudad por ejemplo, por lo que no puede despegarse de sus auriculares aislantes del ruido.

Así las cosas, Nikki ahora es afinador de pianos, profesión que ha aprendido junto a Harry (Dustin Hoffman), un profesional que está perdiendo oído pero que sigue siendo igual de bueno en su trabajo debido a que sintiendo las notas las detecta igual que si las escuchara bien. Encargo tras encargo, Nikki va demostrando que es también un afinador excelente y en medio de uno de los trabajos que tiene que realizar se topa con una banda que de dedica a robar cajas fuertes. Y es entonces cuando Nikki descubre que gracias a su oído absoluto es capaz de detectar las muescas de sus ruedas internas como si se supiera la combinación que las abre. A partir de entonces se le planteará la posibilidad de dedicarse a eso, ganando más dinero que con los pianos, pero siendo mucho menos honesto consigo mismo.

En este punto es necesario aclarar que el diseño de sonido corre a cargo de Johnny Burn, ganador del Oscar en dicha categoría por su apabullante trabajo en La zona de interés (2023), la película británica de Jonathan Glazer que nos trasladaba el Holocausto llevado a cabo en el campo de concentración de Auschwitz desde la casa de su director, Rudolf Hoss, de tal manera que sólo escuchábamos el sonido espeluznante de los hornos crematorios o de las balas que mataban a los prisioneros. Pero sin que viéramos nada de cuanto allí sucedía, únicamente asistíamos a la vida en la casa de campo que daba la espalda al horror.

Dustin Hoffman y Leo Woodall interpretan al maestro y al aprendiz

Un talento único cuenta con un argumento un tanto tópico, de acuerdo, pero su director, Daniel Roher, que es también el guionista junto a Robert Ramsey, le aporta un encanto difícil de encontrar en este tipo de cintas tan manidas que tienden al telefilme o incluso al aburrimiento. En este caso la historia se desarrolla de una forma tan fluida y tan deliciosa que uno ve encantado cada minuto de su proyección.

Tiene de todo: drama personal, enseñanza generacional, una historia de amor, otra de superación y una trama criminal que es la que va a llevar al protagonista por el mal camino. Deseándolo o no. A veces uno no tiene otra opción, queda atrapado entre las garras de quienes lo pretenden someter y lo consiguen.

Y tiene también a Dustin Hoffman, un actor mítico casi desde el comienzo de su carrera, con El graduado (1967) como primer éxito destacado al que siguieron otros muchos: Cowboy de medianoche (1969), ganadora del Oscar a la mejor película, Todos los hombres del presidente (1976), Tootsie (1982) o Rain Man (1988), película a la que en Un talento único hacen una rápida alusión, ya es que fue uno de los hitos de su carrera, por la que ganó el segundo Oscar al mejor actor protagonista -el primero fue por Kramer contra Kramer (1980)- y el presente film hace así un homenaje a la leyenda que sabe que tiene en el reparto. Aquellos espectadores más cinéfilos sabrán distinguir el guiño a Rain Man y por qué se cita en la película.

Aquí, Hoffman es secundario, pero es fundamental para las necesidades del personaje protagonista. Mucho más que su maestro, un guía para las decisiones de Nikki, con toda la buena intención del mundo porque Nikki, aunque la banda que lo utiliza lo pretenda, él no es una mala persona y que la película lo refleje tan bien es otra de sus múltiples cualidades.

Sí, Un talento único es una cinta muy recomendable. Entre tantas opciones en la cartelera pasará desapercibida, pero no dejará de estar localizable en las plataformas a las que acabe llegando. Será entonces cuando mucho público la descubra y la aplauda. Porque es estupenda, una de esas de las que sales encantado, de las disfrutas desde su inicio hasta su brillante final.

Silvia García Jerez

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