UN PLAN PERFECTO: Un atraco… de risa
Un plan perfecto es la nueva comedia protagonizada por Jordi Sánchez, el Antonio Recio de Aquí no hay quien viva, y Leo Harlem, uno de nuestros mejores cómicos monologuistas, dos titanes del humor que llevan a mucho público al cine, cosa que siempre es positiva para la industria.
Y para valorar la salud de género en las salas. Porque el cine y la televisión son medios distintos aunque el mismo actor se asome a ambos. Sus papeles van a ser distintos y sus registros deberían serlo también. Deberían, pero a veces no hay diferencia porque el actor no se separa de sus tics y todo lo que interpreta resulta un calco de lo anterior. Cuántas veces no le hemos achacado a tal o a cual hacer siempre lo mismo. Y da igual la nacionalidad del actor, a muchos les acaba pasando y el público termina por cansarse. Y se acaba notando en las taquillas.
Pero Un plan perfecto cuenta una historia muy atrayente para que pueda funcionar, y es que nos habla de la familia Ibáñez, cuya situación no es precisamente la mejor: a las puertas de las fechas navideñas, Marta (Raquel Guerrero) persigue, insistiéndole, a su marido, Ángel (Jordi Sánchez) para convencerlo para que acabe su novela, ya que están a punto del desahucio. Ni siquiera tienen para comer variado ni para comprar los zapatos que su hija necesita para intervenir en un número musical con sus compañeras. Y es que Ángel fue un escrito de éxito, de mucho éxito, que hace tiempo que no publica nada, y la editorial está a la espera de, aunque sea, unas páginas para ir tanteando cómo será su nuevo trabajo.
Pero Ángel, que ve la situación en la que está su familia, se desespera, y un buen día descubre que hay un túnel cavado en su sótano. Comienza a investigar quién lo pudo llevar a cabo y da con un tipo llamado Rufus (Leo Harlem), un ladrón profesional que estuvo a punto de robar el banco que está enfrente de la casa de los Ibáñez. Ahora, cuando conoce a Ángel en la residencia en la que vive, le propone retomar aquel plan que tuvo que abandonar y que tan perfecto era. Porque ahora, además, cuenta con la familia Ibáñez al completo. Con lo bueno y lo malo que eso supone…
Un plan perfecto es una comedia para todo tipo de público, para grandes y pequeños. Eso implica que el humor que contiene es muy genérico, para intentar llegar a la audiencia máxima posible. A unos les hará más gracia que a otros, eso está claro, el humor es muy personal y lo que a unos les provocan carcajadas a otros le puede hasta parecer una horterada que no les haga ni sonreír. Cuando tratas de que tu público sea lo más amplio posible pasan estas cosas.
Por lo que a nosotros respecta, el humor de Un plan perfecto resulta ya mil veces visto, y no funciona. Las situaciones son inherentes al género, y debería haber contado con un guión más fino, alejado de chistes tan facilones, pero insistimos en que hay mucho público entregado a ellos a los que les puede venir muy bien que la cinta tenga esta clase de acercamiento al género. No es de brocha gorda pero se queda a medio camino entre lo que podría ser y no es.
Y los actores tampoco ayudan demasiado a que riamos más. Los hemos visto tantas veces en esos registros que ni siquiera nos transmiten correctamente sus personajes. Tal vez Leo Harlem acierte algo más con su apocado ladrón profesional, pero también se queda alejado de lo que nos gustaría que lograra quienes admiramos su talento. Se supone que quienes conocen a Rufus no lo pueden soportar pero cuando llega nuestro turno nos parece un señor adorable. Una cosa no casa con la otra, así que o es un error del guión o lo es de la interpretación.
Un plan perfecto a algunos se nos hace larga. Cuando los tópicos comienzan a sucederse nuestra atención vuela hacia otros logares que no están en la pantalla. Y es una lástima porque la idea es excelente, en las manos correctas habría podido ser una joya. Habrá a quien le parezca muy recomendable, y lo cierto es que imaginando un buen tratamiento del material habría sido trepidante y de lo más acertada, pero si en una comedia ésta no termina de arrancar, y ni sonrisas logra, no se trata de la película ideal para elegir de entre todas cuantas hay en la cartelera.
Silvia García Jerez

