SE TIENE QUE MORIR MUCHA GENTE: Crisis en la madurez
Se tiene que morir mucha gente, la novela de Victoria Martín publicada por Plaza&Janés en 2023, llega a la plataforma de Movistar, convertida en una miniserie de 6 episodios de media hora de duración.
Victoria Martín, cómica, guionista en 2019 de La Resistencia, en Movistar, creadora del podcast Estirando el chicle, junto a Carolina Iglesisas en 2015, y presentadora durante un par de meses en 2021 de Yu, no te pierdas nada, en Europa FM, junto a Ana Morgade, es una profesional dentro del ámbito del humor, en el que entra de lleno Se tiene que morir mucha gente. Humor negro y socarrón en este caso.
Cuenta la historia de tres amigas de la infancia, del colegio, que de mayores lo siguen siendo, pero enfrentadas a los cambios que conlleva la vida. La protagonista es Bárbara (Anna Castillo), una chica en plena crisis de los 30 que trabaja como guionista en un programa de humor y que tiene un jefe, presentador del mismo, (Óscar de la Fuente) que no puede tratar peor al equipo en el que está incluida. Debido a ello, y a su vida personal, que es un desastre, es completamente adicta a los ansiolíticos.
Sus dos amigas son Maca (Laura Weissmahr), una actriz lesbiana en continua búsqueda de trabajo y Elena (Macarena García), que siempre quiso casarse con un tipo rico y cuando lo ha conseguido, y está esperando un bebé, ya no sabe si realmente era eso lo que quería. Porque cuando lo tienes ves que a lo mejor no era esa la mejor opción posible en la vida.
Todo ello, Se tiene que morir mucha gente lo enfoca, recordémoslo, desde el punto de vista del humor. Y sí, hay que recordarlo porque cuesta reírse con lo que cuenta. Pero algún toque gracioso tiene, hay que admitirlo. Lo malo es que el conjunto de la serie es bastante decepcionante si esperas un humor que no sea de brocha gorda, cargado de insultos y de groserías. No es precisamente humor inglés irónico y refinado, sino una especie de Torrente pasado por el filtro femenino. Es decir, igual de cargante pero en teoría más tolerable y permisible porque son chicas las que son malhabladas. Tanto en el estrato social de las chonis como de las pijas que vienen del lado de las amigas ricas que aporta el personaje de Elena.
Se tiene que morir mucha gente, por cierto, un título que no se entiende, porque se trata, según Bárbara afirma en un momento dado, de que a los demás les vaya mal para que ella se sienta un poco mejor, pero ni se dice la frase del título en ningún momento ni es proporcionada a lo que ocurre en su historia, así que como concepto tampoco parece servir, únicamente como gancho para darle al Play, es una serie que quiere hacerte reír con las desgracias de sus protagonistas. Vale, como idea es un punto de vista aceptable porque muchas películas giran en torno a ese punto de partida. Desde El guateque hasta Un pez llamado Wanda, cuanto peor lo pasen los personajes más nos reímos con ello. Pero es que esas joyas están muy bien contadas, y tienen un humor muy cuidado con un gusto exquisito en la creación de gags. No es el caso de esta serie.
Aquí, el motivo del humor es rascar en las miserias de unas chicas en crisis por llegar a los 30… y por enfrentarse a la vida adulta, cosa que actualmente es algo que la juventud se niega a hacer. La inmadurez como eje central del humor de brocha gorda. Personajes que no caen bien, con los que es imposible empatizar, como virtud para los seis capítulos de que consta la serie. Ese es el concepto de Se tiene que morir mucha gente.
La vida que no esperabas tener porque nos habían vendido que el éxito sería fácil y que te rodearían jefes amables y un montón de personas alegrándose por tus logros. Y cuando los logros no llegan y quienes te rodean no son precisamente personas dispuestas a ayudarte sino con una evidente doble cara, la cosa te desanima. Y eso, parece ser, es muy gracioso verlo en los demás porque, se supone también, somos un reflejo de Bárbara.
La inmadurez del s.XXI personificada en una mujer a la que su jefe humilla, que es adicta a las pastillas con receta expendida de una manera no demasiado rigurosa y un Pepito Grillo faltón que no se corta ni diciéndole a ella lo que considera ni escupiéndole improperios a quien tenga delante. Esa conciencia faltona, interpretada por Sofía Otero, es, lo admitimos, lo mejor de la serie. Porque como personaje no existe nada más que en la cabeza de Bárbara y representa lo que el espectador está pensando en todo momento. El mayor acierto de los seis episodios.
Hace pocos meses, Altas capacidades hacía la misma crítica corrosiva a la sociedad, a la inseguridad como padres y como trabajadores y a la humillación a la que nos pueden someter los jefes, con más sutileza, con un humor más fino y corrosivo y un guión más maduro, sin que los personajes tuvieran necesariamente que serlo. Era, simplemente, una comedia mucho más brillante, valiente, y con mucha más elegancia que la que ahora estrena Movistar en su catálogo de series.
Silvia García Jerez


