EL HIJO DE LA CÓMICA: Un genio en la piel de otro

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José Sacristán declamando en un momento de la función

En El hijo de la cómica, José Sacristán se mete en la piel de Fernando Fernán-Gómez para contar los primeros pasos en la vida del genio. Dos maestros en un solo escenario. Dos actores inigualables e irrepetibles que se conocieron hace muchos años y que tuvieron la oportunidad de trabajar juntos y de ser amigos. Y poder ver a José Sacristán interpretando a una suerte de Fernando Fernán-Gómez en un papel no escrito como tal sino a modo de memorias personales, en El tiempo amarillo 1921-1943, por el propio Fernando es una maravilla que ningún amante del teatro, o del cine, debería perderse.

En efecto, José Sacristán entra en sombras en el escenario, camina sobre él hasta situarse en la marca en la que debe hacer la presentación de aquello que vamos a ver, y en cuanto nos deja claro que lo que viene a continuación es él mismo en la piel de Fernando para contarnos su infancia, con su abuela y su madre, y las calles que lo vieron crecer, y las lecturas que amaba de niño, y el actor al que adoraba, Jackie Cooper, ‘el de La isla del tesoro‘, ya sólo vemos a Fernando. Y lo escuchamos en la voz de José Sacristán, algo que seguro que Fernando aplaude allá donde éste.

Desde el 29 de abril hasta el 28 de junio, en el teatro Bellas Artes de Madrid, todo el que se haya dado prisa para conseguir una entrada, o aquel que tenga la suerte de devoluciones a última hora, podrá admirar, en El hijo de la cómica, a uno de los mejor actores del mundo contando la historia de otro que también lo fue y que sigue siendo un grande en el imaginario colectivo.

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Otro fragmento del monólogo grabado en el pase gráfico

Asistir al despliegue actoral de José Sacristán en El hijo de la cómica es un privilegio. Lo mismo recita por boca de Fernando Fernán-Gómez que habla por la de su abuela, pongamos por caso. El cuerpo menudo, la voz aflautada. Ahí está, por si cabía alguna duda.

José Sacristán lleva a cabo no sólo la interpretación del pasado de Fernando Fernán-Gómez, también es el responsable de la adaptación a las tablas del texto original de quien fue su compañero en El viaje a ninguna parte, y de dirigir la pieza teatral en la que él es el único actor en escena. Un monólogo que atraviesa el patio de butacas y nos deja impresionados.

El hijo de la cómica se apoya, ocasional y brevemente, en proyecciones tanto del NO-DO como de carteles de cómics, de películas de la época en que se sitúa el texto, de fotografías personales de Fernando. Todo ello tras un decorado minimalista en el que un baúl o un perchero son los elementos básicos que nos llevan a los años del relato. Ayudan, apoyan, pero si somos sinceros tanto el escrito de Fernán-Gómez que sirve de guión para la función como el talento, el trabajo y la presencia descomunal de José Sacristán transmutado en su amigo y maestro son más que suficientes para acercarnos a unos años en los que el salario de los actores no llegaba a las 20 pesetas.

El hijo de la cómica dura 90 minutos. Se hacen cortos, claro. Podría durar tres horas y estaríamos todos encantados de seguir escuchando la voz asombrosa de José Sacristán contando ya la madurez y el resto de la trayectoria de un cineasta completísimo y total que dominó varias disciplinas -dirección, guión, actuación- y que hoy recordamos con la nostalgia con la que se añora a las personalidades ilustres que removieron los cimientos de la industria aportando un talento que ha quedado escrito con letras de oro. Gracias a José Sacristán y al teatro Bellas Artes por darle espacio a este homenaje tan bonito y tan merecido.

Silvia García Jerez

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