PROSTITUCIÓN

HABRÁ PAZ PARA LAS PUTAS

No hay paz para las putas. Ni seguridad social, ni respeto, ni voz. Sólo prostitución. De calle o burdel. De chaperosmadames escorts.

Pero de la mano de Andrés Lima y en compañía de Nathalie Poza, Carmen Machi y Carolina Yuste, nos vamos de putas atravesando la realidad y la ficción para convertir Prostitución, un espectáculo de teatro-documental, en el mejor reflejo y altavoz de la profesión más antigua del mundo; esa del cobro, las miradas, el miedo y el silencio, que nos constituye a todos y todas más de lo que creemos, o quisiéramos reconocer.

Prostitución agita, cuestiona y conmueve. Con su concisa puesta escena y una imponente música que cual personaje más, se cuela entre una afilada dramaturgia que recorre el hipnótico trío de actrices, subidas a sus tacones, siendo igual de valerosas al bajarse de ellos. 

Arriesgada, demoledora y necesaria, esta Prostitución es de aprendizaje y ovación. Paguen por ella. Harán bien.

Yuste, Machi y Poza en Prostitución
Yuste, Machi y Poza en Prostitución

La primera vez que oí hablar de Prostitución fue tras el estreno de Shock, el anterior montaje de Lima que partía igualmente de un proceso de investigación y tampoco dejaba indiferente. Una obra apabullante y fascinante traspasando la teoría de Naomi Klein a la escena, analizando la contra-historia del neoliberalismo frente al desastre del capitalismo que nos domina. 

Ya entonces me intrigó lo apenas contado sobre los talleres y quedadas con prostitutas en las que andaban inmersas Carmen Machi, Nathalie Poza y Carolina Yuste, guiadas por la periodista Carolina Cubillo, quien conocía el asunto tras algún Callejeros

Como espectadora, crítica y mujer me preguntaba cómo sería esa exploración de la prostitución desde la calle a las tablas, pues en el cine, la literatura y la televisión ya ha sido objeto de retrato, acomodándonos a una determinada mirada. 

Nueve meses después Lima y compañía vuelven a shockearme, acercando Prostitución al teatro en formato músico-documental, a modo de gestación y cual contenedor, ampliándose con textos de Juan Cavestany junto a otros de las ex-prostitutas, Amelia Tiganus -quien escapó de la trata- y Virginie Dependes -autora de Fóllame y de la imprescindible Teoría King Kong, referente del feminismo actual-, albergando todo aquello que se puede imaginar o alguna vez hemos pensado sobre esa vieja profesión que implica cobro, asco, secreto y miedo. 

Enfrentándonos a un container industrial que igual podría ser caja fuerte, que ataúd, que vagón de mercancías, Prostitución parte del desdoblamiento de cada escena y cada actriz como mujer, artista y ciudadana entre la realidad investigada y la representación de quienes entrevistaron, reflejando el traspaso de lo leído y escuchado. 

En unas cinco lecciones, un par de manifiestos y muchas confesiones sin perder el humor, una pelirroja, una morena y una rubia re-interpretan los sueños y pesadillas de esa vida de prosti, madamgigoló, Contándonoslo y cantándonoslo bajo la dramaturgia del propio Lima y Albert Boronat. 

Machi-chic para la segunda lección  - Prostitucion
Machi-chic para la segunda lección

Ya sea a través de la magistral Carmen Machi haciendo de sí misma, o enseñándonos aquello que toda buena profesional debe llevar en el bolso por un francés y en francés. Sea con una hipnótica Nathalie Poza clamando también en distintos acentos y por diferentes necesidades como hermana puta, con verdadera emoción siempre en sus ojos. Mientras entre ambas, bailando y mirándote fijamente, la debutante Carolina Yuste demostrando igualmente talento al grito de los derechos de la prostitución y en el gemido de denuncia al peor castigo por ser mujer. 

Alzándose en sus tacones y al ritmo de las composiciones de Jaume Manresa, este trío de putas en escena y diosas en el escenario se desnudan, visten y transvisten con lo que le sale del alma y del coño, transformándose en Isabela, Ana Maria, Alexa, Amaia, Lukas… Bien desfilando en una pasarela, esperando turno en serie. Bien actuando en clubes, o coleccionando toallitas húmedas al borde de una carretera. 

Valientes y generosas, las tres, junto a una pianista (Laia Vallés) que se convierte en un personaje más al pulso de las teclas y cuerdas de un piano que agarra el swing, la zarzuela, el techno, el cabaret o la canción a lo Nick Cave, mientras resuenan unas testimonios que parecen ya sabidos. 

Sin embargo Prostitución destapa el contenedor, a la vez y de una vez, abriéndose a nuevos planos que nos sitúan en un espacio de debate y reflexión para hacernos partícipes, de alguna manera, del cambio en las reglas del juego de ese negocio del sexo que nos constituye como sociedad y especie, más de lo que nos figuramos; entre una ilegalidad permitida, un machismo arraigado y una feminidad heredada de lo masculino que sucumbe a la seducción, sumisión, posesión, compañía, empoderamiento, liberación, violencia y hasta misticismo… Porque aunque la ética y moralidad evolucionan durante los años vividos, seguimos con aquello de “mujer con pinta de puta” aún gastándonos en un abrir y cerrar de piernas más que en frutas y verduras, constituyendo el 5% del PIB de nuestro país, que además es el número uno europeo en burdeles y puteros dentro de una industria que mueve millones al día. De euros y personas… Pero es difícil hablar de ello. 

Así que a Prostitución, gracias, pues rompe con el dicho de callarse como un puta… Sin caer en el juicio, la parodia o el dramón, aunque algo lleva como en cualquier prostitución.

Machi, Poza y Yuste, a sus labores  - Prostitución
Machi, Poza y Yuste, a sus labores

Prostitución evita cualquier exigencia de posicionamiento, que si fuera requerido, ya corre de su cuenta y cuando salgan del teatro (en mi opinión, dependiente de una urgente regulación y una imprescindible abolición de la trata sexual de personas). 

Pero todavía estamos sobre las tablas… Y personalmente, todavía pienso en Prostitución. 

Ahí sigo planteándome una justa visibilidad del oficio y la correcta utilización de la palabra abreviada que cual sinónimo, adjetivo e insulto, muchas veces soltamos sin mala intención. 

Es algo cultural y fundacional que arrastra mucho mito, siendo aún la profesión más antigua y la profesión del silencio. Pues la prostitución existe desde que el mundo es mundo –¿o desde que inventamos el dinero?-, a la par que de toda la vida ha habido sexo interesado y sin cobro de por medio, matrimonios de conveniencia, meretrices, cortesanas, y hasta otros oficios también cuestionados al fingir sentimientos. 

Compartimos esa educación a partir de la perspectiva del macho dominador y de una memoria colectiva con herencia judeocristiana -siendo Jesucristo un adelantado en compañía de María Magdalena- que ha condicionado la imagen de la mujer hasta difuminarla entre la disyuntiva de pura o puta, hembra o madre, esclava y pupila… Constituyéndola y/o sometiéndola. No hace mucho del deber de ser estrenadas en el matrimonio, cuando el abuso del marido era permitido a su gusto con la excusa de estar esposados. Como tampoco hace tanto de la liberación del estigma de buscona al aceptar el placer sexual sin pecado alguno, cuando todavía hay quien practica la autocensura para no despertar ciertas miradas, dudando entre unas zapatillas o unos tacones ante el juego de una provocación libremente elegida… Claro que en estos tiempos vividos, las deportivas se fabrican con alzas y la lencería es ropa casual para ir al trabajo. 

Nathalie Poza, inmensa, clamando como prostituta y por Prostitución
Nathalie Poza, inmensa, clamando como prostituta y por Prostitución

La prostitución se vincula a lo más íntimo femenino, pero a lo largo de las épocas se ha expandido a todos ámbitos. Ahí queda Bernini y su Éxtasis de Santa Teresa, Laura Dern y su reciente premio Óscar por un parlamento comparando a toda fémina con la Virgen Maria, e incluso Freud con sus teorías del deseo entre la fantasía de violación y la entrega al príncipe azul o cualquier otro salvador… 

Todos y todas nacemos vírgenes. Pero nadie nace puta, ni nace para serlo. 

Y aún eligiéndolo como modus económico, superar el asco, el miedo, el secretismo y el vicio del dinero rápido, resulta común y transversal en todos los niveles.

Añadiendo además la sombra constante de la agresion, ya sea en hoteles, coches, cuartuchos o bajo luces de neón… Seguimos con toda esa hipocresía social que repercute en violencia por una virilidad mal entendida, que como último estadio llega a la violación, llevando a alguien a sentirse asquerosamente mujer -porque la violación es cosa de hombres, también en el mundo gay, siendo lo único que las mujeres no nos hemos apropiado ni queremos igualar-.

Y así estamos. Dentro y fuera. Hasta pararnos alrededor del contenedor que gira una Prostitución donde las pasarán putas de puta madre, pero ¡qué gusto da oír a los hombres aplaudiendo las quejas y demandas de esta rebelión de zorras, guarras y rameras

Carente del eco de proxenetas y clientes, ya que no es de recibo, esta Prostitución deja algunos servicios por presentar -como ese sexo por compasión que es igual de necesario para alguien postrado en la cama-, mientras no oculta la cara más dura de la explotación con unas inquietantes imágenes, ni el lado más romántico del oficio con la elegante Sra. Rius, quien perteneciendo a esa última generación en hacerse señores a lo Irma La dulce, sigue aconsejando a una nueva chica sobre el papel de su vida y cómo realizar bien su trabajo. 

Sólo pongo un “pero” y al final, cuando en Prostitución se proyecta la más cruda realidad con un cierre, a mi entender, demasiado masculino; mostrándonos una ciber Lolita –en la piel de Lucía Juárez- que como escapada de una película para adultos y en video casero, parece perpetuar el sistema. 

Confieso que aún entendiendo el perverso efecto como espectadora y valorándolo como crítica, me escuece y duele como mujer. No obstante, recuerdo que quien lo dirige es el mismo hombre que homenajea a las verdaderas protagonistas de estas historias, alcanzando su voz hasta en los saludos finales. Ese mismo que ha regalado paz a las putas tras dos horas de Prostitución, digna y necesaria. Elegante. De aprendizaje y ovación.  

Para acabar me permito parafrasear a Joan Margarit, quien mejor que yo viene a decir “pobre de ti si no pudiste ver en los ojos de tu amor, ni una vez, la sonrisa de una puta…”  

Y como despedida, déjenme advertirles que después de esta función mirarán a esas mujeres y demás trabajadores del sexo con otros ojos. Quizás, sin esquivar nunca los suyos. 

Mariló C. Calvo  

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