PRINCIPIANTES
De los maestros LIMA, CARVER Y CAVESTANY
Estrenada por San Valentín y comenzando su gira este fin de semana, Andrés Lima sube al escenario las reflexiones y experiencias de un par de parejas sobre lo que significa el amor y la necesidad del otro.
Principiantes parte del libro de relatos más famoso de Raymond Carver, De qué hablamos, cuando hablamos de amor, enfrentando a un matrimonio maduro por edad y tiempo compartido, junto a otro formado por jóvenes de reciente unión. Entre gin-tonic va y gin-tonic viene, se cruzan las confesiones de sus relaciones con ese romanticismo áspero -el de verdad- del autor americano, mientras otros de sus fragmentos literarios van colándose en esta versión de Juan Cavestany.
¡Y qué buen lingotazo! ¡Un brindis por Cupido y su tino!
Y otro más por Lima, Carver y Cavestany, trío de maestros para estos Principiantes.
Un cardiólogo que no sabe nada de asuntos del corazón, una mujer enamorada de quién le rompió algunos huesos y el amor, un hombre envuelto en una coraza y una mujer convirtiéndose en algo desconocido para ella… Estos son algunos de los Principiantes que se desgarran, ríen y lloran, cual borrachos de amor.
A través de Daniel Pérez Prada, Mónica Regueiro, Vicky Luengo -quien ha dejado a todo el mundo alucinado con su interpretación en Antidisturbios- y Javier Gutierrez -del que esperamos La hija de Martín Cuenca-, se componen y descomponen las parejas que se besan, se escuchan, se temen y se atreven con el alcohol, los recuerdos, los reproches y los deseos, deshaciéndose como el hielo de sus copas.
La elección del cuarteto no podría ser mejor. A la par que la adaptación de Cavestany modulando al autor americano con quien, creo, el amigo y habitual colaborador de Lima, comparte ironía, ternura, melancolía y cierta tendencia al fatalismo en sus personajes. Encontrándonos con ellos durante una tarde, en una sencillísima escenografía (Beatriz San Juan) y en compañía de buena música (Jaume Manresa), dejando sonando Creep de Radiohead, en esa cocina donde todo ha pasado.
Carver ya hablaba en los ’80 de las tragedias de lo corriente; de esos encuentros y rupturas de parejas, de esa clase desfavorecida de parados y perdedores que surgía en la época, de las familias desestructuradas y los hijos intentando comunicarse con sus padres…
Realismo sucio, dicen. Con una prosa desnuda y afilada entre repeticiones calculadas y un vocabulario muy pensado, Carver presenta historias en suspenso, de vidas cruzadas. Con muchos cigarrillos y alcohol a su alrededor -reflejo del propio autor-, sus protagonistas intentan no caer en el abismo. Sin embargo, en esa literatura de perdedores –de frágiles asideros, cuando no hay esperanza- hallamos además mucha necesidad vital y hasta algunos soñadores -esos amigos que se lanzan a la aventura y otros protagonistas exultantes de romance-.
Carver, tan capaz de emocionarnos con la fábula de un matrimonio que pierde a su hija el día de su cumpleaños, como con el pastelero que no cobrará por la tarta de celebración. Que igual escribe un poema después de saber de un tumor, con Lo que dijo el médico, ”Dijo que la cosa no tenía buen aspecto, dijo que lo tenía malo malo de verdad”, que agradece en Propina, el tiempo extra tras tal diagnóstico “No hay otra palabra… Una propina, estos diez años. Vivo, sobrio, trabajando, amando y siendo amado por una buena mujer”.
Así parece que era el gran cuentista de Carver, a quien debemos películas como Birdman o Short Cuts. Y eso también cuenta para no dudar con PrincIpiantes. Si le sumamos la dirección de Lima y el filtro de Cavestany (que viene de hacer otra maravilla como es Un efecto óptico), ¡el lingotazo es de los buenos! Y la resaca, compartida.
Tras su paso por Pamplona el mismo día de los enamorados, Principiantes llegará a Sevilla para final de mes (27 y 28 febrero). Y seguirá en marzo por Móstoles, Fuenlabrada, Alicante y Gran Canaria, entre otras lugares. Continuando en abril por Toledo, Valencia, Bilbao y A Coruña.
Y es que lo de Andrés Lima es de master class.
Este último año, pandemia incluida, ha seguido imparable, logrando llevar de bolos a PROSTITUCIÓN en plena era del no contacto, hidrogel y mascarilla. Es más, en primavera -que la sangre altera- y probablemente al aire libre, volverá a llevarnos de putas con sus trío de diosas en el escenario (Poza, Machi y Yuste).
Pero además, subió de nuevo a las tablas El chico de la última fila del profesor Mayorga. Cuando la ley Celaá estaba a debate, retomó una función que nos habla de la educación, padres e hijos, maestros y discípulos, alter egos… También acerca del amor a la lectura y la pasión de escribir como refugio y catarsis. Un voyerismo en escena sobre la vida de otros y el placer de mirar y fantasear con la realidad y la ficción.
“Una obra que quiere hacer teatro del acto mismo de imaginar” -en palabras del autor- y Lima lo consigue con un montaje minimalista y un reparto de históricos Animalarios (Pilar Castro, Alberto San Juan y Guillermo Toledo).
Vinieron los confinamientos y los cambios de agendas. El chico…, se quedó sin gira. No obstante, si vuelve a los escenarios -que con Lima nunca se sabe- vayan a verla. Disfrutarán y aprenderán, que de eso va el teatro y la vida, ¿no?
El director prepara ya la segunda parte de SHOCK, EL CÓNDOR Y EL PUMA, planteando un día de sesión doble con ambos montajes. Visto el primero, ando salivando como perro pavloviano, mientras recupero la entrevista con ANDRÉS LIMA que de alguna manera, quedó también confinada, rescatándola ahora cual declaración de amor al teatro y a su imponente trabajo.
Mariló C. Calvo