LLÉVAME A CASA: Filigrana de literatura con mayúsculas

Llévame a casa es la tercera novela de Jesús Carrasco, pero supone, desde ya, una invitación a considerar al autor uno de los más grandes no solo de su generación, también de cuantos publican en el panorama contemporáneo.

Escribir es un oficio muy complejo. Parece fácil pero no lo es. Y Jesús Carrasco lo domina con una soltura y una perfección inauditas. Hasta tal punto que muchas veces, tras leer algunos de sus párrafos, uno ha de detenerse para saborearlo porque nos damos cuenta de que nos acaba de regalar un trocito de literatura con mayúsculas.

Una novela puede ser entretenida y no estar tejida con mimbres que le inviten a la inmortalidad. Pero en el caso de Jesús Carrasco el entretenimiento y la leyenda van de la mano, porque mientras leemos nos damos cuenta de que pocas veces se asiste como lector al espectáculo de una novela tan cuidada, tan precisa, y eso, para quien busca literatura de primer orden, es puro entretenimiento.

Y es que sus ideas, los conceptos que transmite a través de sus reflexiones en medio de las acciones que tienen lugar son oro puro. Y no están al alcance de todo el que decida ponerse a contar una historia.

Llévame a casa desgrana, tal vez sea ese el término adecuado, más que cuenta… sí, desgrana, porque desglosa la vida de una familia a través de los ojos de Juan, su protagonista, un chico que ha conseguido salir de Cruces, su pueblo natal, del que siempre quiso escapar para huir de una rutina en la que nunca quiso vivir, la de la fábrica de su padre, adentrándose en otra, porque la vida no deja de ser rutina, solo que cada una es distinta a la del de al lado, y él quiere vivir la suya en Edimburgo.

Juan ya lleva cuatro años en ese otro país, amando las plantas como lo hace su madre, solo que en lugar de haberlo hecho en el patio de su casa, como ella, las adora en el Botánico de la capital de Escocia, hasta que recibe la noticia de que su padre ha fallecido y se ve obligado a volver a su pueblo para el entierro.

Y ese verse obligado es literal. Ha estado evitando todas las llamadas de su hermana para no enfrentarse a la situación y ahora que no le queda más remedio acude a despedir a su padre.

Pero lo que él cree que es una visita rápida, de cortesía, para saludar a la familia y volver al que considera su hogar, fuera de España, se va a convertir en algo diferente cuando su hermana le comunique una noticia que va a cambiar sus planes por completo.

Portada del libro

Llévame a casa es, al igual que lo fue Intemperie, su primera novela, un prodigio. Tal vez ésta lo sea un poco más porque si Intemperie se centraba sobre todo en el relato lineal de las aventuras del niño que quería huir de su pueblo, en este caso, ante una base argumental similar, el pasado tiene un peso tan gran grande en la historia que es casi equivalente al tiempo presente en el que tienen lugar los hechos que dan pie a contarla.

Vamos a conocer a sus personajes, a la familia y a los amigos del padre, con los que trabajaba y con los que volverá a tener relación Juan, pero también vamos a saber cómo era su infancia, y qué clase de persona ha sido siempre con los que lo rodean.

Sí, vamos a conocer a un personaje que no siempre nos va a caer bien, pero Carrasco lo dibuja con la resignación del engreído, gracias a la cual nos damos cuenta del poso de cariño hacia su protagonista pero también del fondo de quien en realidad no acepta su destino.

Las capas con las que Jesús Carrasco construye a Juan lo hacen aún más grande como escritor. Veremos su lado malo y su emergente lado bueno, conoceremos sus razones para ser así, tan respetables como las de cualquiera en una situación contraria a aquella en la que desea estar, y sabremos que bajo ese carácter orgulloso se esconde un personaje al que vamos a acabar amando.

Isabel, hermana abnegada, y la madre común, una Señora de Winter sin nombre que centra en ella toda la acción aunque no la protagonice, dos mujeres que son más ejemplares que el hombre, que por tradición se supone que debe serlo, aunque por la misma permisibilidad a la que ha sido siempre obligada la mujer hacia el género masculino, no lo sea.

Pero en realidad son tres personajes adorables porque están dentro de una narración que, aunque los tiene que definir, los construye en un universo en el que todo es redondo, incluso ellos, con sus imperfecciones, porque gracias a ellas esta historia toma el cuerpo que le corresponde.

Y por eso Jesús Carrasco nos asombra de nuevo ofreciéndonos una obra sensacional en la que cada palabra, cada frase, está escrita para ilustrar las luces y las sombras de este relato, que acaba siendo tan emocionante como el arco dramático de quienes habitan en sus párrafos.

Llévame a casa es una filigrana literaria construida a base de momentos narrados con una brillantez cegadora, y de reflexiones que son una lección de vida. Y como muestra valga el botón que es concluir que el tiempo debería medirse en capas de polvo en lugar de en minutos. Qué maravilla. Qué capacidad de observación. Pequeños detalles como el polvo que se acumula antes que contar en minutos el tiempo que tarda la capa en formarse, porque ese son horas que se van sin dar información. Su evidencia es el polvo que deja en los muebles, no la de la tarde que se va sin haber hecho nada productivo.

Llévame a casa es el tercer libro más vendido de la actualidad. Y no es de extrañar. Mezcla la literatura del más alto nivel con la ternura de unas relaciones familiares que el tiempo va moldeando pero no dejan de ser el esqueleto de quien uno ha sido y será, y cubre la tristeza de su argumento con una belleza exquisita a la hora de desarrollarlo.

Si eres capaz de ofrecer un fresco de vidas al límite con la sutileza y la emoción con que Jesús Carrasco nos las describe, el dramatismo se convierte en épica y ésta en una obra legendaria que constituirá uno de los pilares de la literatura moderna.

Y Llévame a casa lo es. Lo va siendo a cada página pero lo consolida en un final tan íntimo como apoteósico, lleno de lecturas y de explicaciones, de esas que dan para un café entre lectores que quieran comentar sus impresiones acerca de lo sentido. Un café con almendras, por supuesto.

Silvia García Jerez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *