¿PODRÁS PERDONARME ALGÚN DÍA?

Hay títulos que hablan por sí mismos. Algunos te orientan sobre el tipo de película que vas a ver. Otros, una vez vista la película, parece que más que sobre la historia gire acerca de su resultado.
¿Podrás perdonarme algún día? no solo es una frase que tiene su contexto en la película, sino que es una pregunta que puedes hacerte si ésta no te gusta, como si su directora o su protagonista femenina, la que hace uso de los actos fraudulentos que dan lugar a que la misma sea pertinente, fueran las encargadas de hacértela una vez concluida la proyección.
Porque ¿Podrás perdonarme algún día? cuenta la historia real de Lee Israel, una escritora que en los años 70 y 80 del pasado siglo se hizo inmensamente popular por sus biografías a personalidades famosas, como Katharine Hepburn o Tallulah Bankhead, pero que pasado el tiempo dejan de tener ventas y por Israel ya no se interesan los editores.
Pero ella sigue teniendo que pagar sus facturas, así que sigue intentando que le publiquen nuevos trabajos, tarea imposible de conseguir porque aparentemente ya nadie quiere saber nada de ella, ni en las librerías ni en el proceso de llegar a ellas. El mercado ha cambiado y no ha sabido adaptarse.
Es entonces, en su desesperación más absoluta, cuando encuentra una solución a sus problemas: vender una carta que le escribió Katharine Hepburn y que tiene enmarcada en su casa. La operación sale tan bien que comienza a falsificar otras de artistas con los que antaño trabajó y que, estando fallecidos, no pueden decir que ellos no las escribieron. Y va consiguiendo sustanciosas cantidades que le permiten seguir pagando el alquiler.
Lee Israel sabe que no está bien lo que está haciendo, pero cuando se lo cuenta a su amigo Jack Hock (Richard E. Grant), un hombre acostumbrado a la estafa y a los robos en su día a día, no solo no lo ve mal sino que alienta ese comportamiento en Lee para que siga obteniendo amplios beneficios. Y es entonces, en la confianza en que todo seguirá yendo igual de bien, cuando llega el descalabro.

Las cartas falsificadas son la base de la película. ¿Podrás perdonarme algún día ?
Las cartas falsificadas son la base de la película

¿Podrás perdonarme algún día? es una historia sensacional. Es normal que se haya llevado a la gran pantalla, partiendo de la autobiografía de la propia falsificadora, contando su historia, su juicio y cómo, a pesar de todo, recuerda ese tiempo de engaños con la alegría de quien llevándolo a cabo se sitió viva.
El problema de la película es, como en tantas ocasiones sucede, que la idea es estupenda pero el resultado enormemente decepcionante. El argumento supera con creces al guión. No me cansaré de pedir que la categoría se divida aún más en los premios: no solo mejor guion original y adaptado, también el de mejor argumento. La idea antes de desarrollarla. O de adaptarla.
¿Podrás perdonarme algún día? resulta tener un metraje reiterativo hasta cansar. Una carta más falsificada y vendida y la paciencia se acaba. Es Atrapado en el tiempo, el día de la marmota, versión literatura. Y además, contado con un tono gris que no ayuda a que la película levante el ánimo, algo probablemente deliberado, pero agotador.
Todo en la cinta es oscuro. Su día a día, el casero, la madre de éste, las calles de la ciudad, la librería en la que Lee más vende sus falsificaciones, incluso su gran amigo Jack, rebosante de una alegría evidente, arrastra un halo de amargura gracias a la cual no hay sol posible en esta historia.

Melissa McCarthy cambia de registro
Melissa McCarthy cambia de registro en ¿PODRÁS PERDONARME ALGÚN DÍA?

Y eso que Richard E. Grant es un hallazgo en el reparto. Está brillante en cada una de sus intervenciones, tanto que por momentos recuerda al mítico Ed Harris en Las horas. Ninguna pega a un trabajo secundario, nominado al Oscar, por cierto, tan espectacular como el suyo. Su aportación al conjunto es lo más destacable de la cinta, lo malo es que éste, al conjunto me refiero, es el que resulta gris y nonótono.
Ni siquera Melissa McCarthy ayuda a que la película mejore. Es, junto al guion adaptado y a su actor secundario, la tercera y última nominación al Oscar de la película, candidatura que solo se entiende desde el ritual que todas las academias acaban haciendo con los actores cómicos que cambian de registro, rindiéndose al hecho de que, según ellas, por fin se han decidido a rodar películas serias, valiendo como valen para hacerlas.
Melissa está más que correcta en su interpretación, pero no consigue nada que no hayamos visto previamente en otras actrices en un registro parecido. Si su mérito es que ahora ha girado drama en lugar de permanecer en la comedia, eso no es admirable en sí mismo porque en tal efecto consiste su trabajo.
Melissa cumple y hace creíble su estafa, su soledad, su pozo económico y sentimental, su oscuridad, pero nada de lo que vemos en la pantalla deslumbra de manera distinta a la que consiguieran otras actrices en el pasado.
Por lo tanto, ¿Puedes perdonarme algún día? no deja de ser un film convencional, con una historia curiosa sin que traspase la línea de la genialidad en la que una película pasa a ser inolvidable. Es un ejercicio de cine anodino que se presta a verse con el interés que damandan las películas con nominaciones al Oscar pero que una vez acaba ocupa el cajón de aquellas que no recordaremos mucho más.

Silvia García Jerez

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