MACHO MAN: Inmersión en la Violencia de género

Macho man se puede visitar en los Teatros del Canal de Madrid. Y digo visitar y no ver porque no es como cualquiera de las otras obras que se representan en sus salas, cada una denominada con un color.
Porque Macho Man es una experiencia. En concreto propone que el espectador sea consciente de aquellas por las que han pasado distintas mujeres que han sufrido la violencia de género. Y que han vivido para contarlo.
Pero no solo te hace entrar en el mundo fracturado y descompuesto de cuantas escuchamos, también te hace partícipe a ti, visitante de esta casa, involucrándote en lo que tú hayas vivido al respecto, para que nos demos cuenta, en el momento o reflexionando después sobre ello, de que a lo mejor has tenido la violencia de género más cerca de lo que crees.
Macho Man convierte la sala Negra (imposible que se sea en otra más a propósito) de los Teatros del Canal, en un pretendido hogar, con sus habitaciones, 12 en concreto, a las que los grupos de un máximo de 8 personas, a ser posible compuestos por la mitad hombres y la mitad mujeres, vayan accediendo.
Al comienzo del recorrido se nos dan unos cascos, como en la exposición de Auschwitz. Porque en cierto modo también aquí vamos a ver una exposición, la del alma de las heroínas que han conseguido contar su infierno. Y con ellos, con esos cascos, vamos a seguir el recorrido en la dirección que en cada momento el audio vaya indicando.

El vis a vis conciencia sobre la violencia de género
El vis a vis del recorrido conciencia a fondo sobre la violencia de género

Macho Man son 200 m2 en los que primero veremos los objetos de una de tantas mujeres que han sufrido esta pesadilla. Junto a su testimonio, que escuchamos la par. Si este os parece sobrecogedor no quieras saber lo que te espera. De hecho, puedes abandonar el recorrido si en algún momento te parece que te supera. Y lo que está por venir es muy duro. Tiene que ser así porque es así. O peor.
Vamos a escuchar una entrevista que Irma Soriano le hizo a una mujer maltratada hace muchos años, la primera, nos asegura el audio, que se hizo en una televisión en España. Y la verdad es que es para tomar aire. Nada de lo que cuenta esa mujer será bonito de escuchar. Duele. Pero más le dolió a ella, así que descubramos su historia.
Porque todos somos muy morbosos hasta que las historias nos superan, y en la violencia de género está en juego la vida. Mirar para otro lado no arregla nada. A todos los niveles de la sociedad, instituciones incluidas.
Estremecedor es también estar en el jardín de la casa. Un lugar que debería ser bucólico y que resulta espeluznante. El testimonio que allí se nos narra podría ser uno de esos que llevara a alguien demasiado sensible a abandonar la sala. Pero es que tiene complemento en la caseta a la que nos indican que debemos ir después. Si no se nos arruga el corazón ahí es que no tenemos.
Otro de los momentos álgidos que tiene este experimento de inmersión en un mundo del que parece que conocemos mucho por los medios de comunicación pero del que apenas se intuye más que la punta del iceberg de sus riesgos y consecuencias psicológicas para toda la vida es la habitación en la que encontramos distintas fotos de chicas que no pudieron contarlo. Y entre ellas, entre tantos rostros anónimos, Marta del Castillo.
Es increíble cómo funciona en nuestra mente ver el rostro de alguien cuyo caso podemos relatar porque nos sabemos de memoria. Cuando identificamos a una de las chicas más famosas de la España negra por el maltrato nuestra reacción es parecida a la que experimentamos frente a la niña del abrigo rojo en La Lista de Schindler: personalizar a alguien entre el maremagnum de caras sin nombre es sentirte aún más identificado con la descomunal tragedia que nos ocupa.

Otra habitación participativa en MACHO MAN
Otra habitación participativa en MACHO MAN

Por supuesto, a lo largo del recorrido, que es sobre todo una exposición para lograr una concienciación distinta sobre el tema, porque cuando hablas de algo de forma diferente el efecto es mayor al no estar anestesiado por el mismo mensaje de siempre transmitido por la misma vía, a lo largo de las habitaciones, son las mujeres las que prestan su testimonio.
Ningún hombre figura en las grabaciones. Pero los hombres son protagonistas. Sin ellos, ellas no estarían en esa situación. Ni medicadas, ni yendo a psicólogos, ni siendo distintas a las que entonces eran. Ya no volverán a ser las mismas. El miedo las ha paralizado y salir de esa cárcel es difícil.
Aún así, los hombres tienen una sala especial dentro de este recorrido. Macho Man es concienciación a nivel familiar, social pero también judicial, y de este modo se alude directamente a un caso que tuvo una repercusión mediática enorme por la consideración en que la tomó la justicia y por la repulsa que siguió, demostración que ha llegado incluso a la calle, con protestas generalizadas ante sus distintas sentencias.
Macho Man es un ejercicio teatral diferente. Aquí no se interpreta nada, aquí quienes interpretamos y sacamos nuestras conclusiones somos nosotros, los que recorremos sus salas junto a los testimonios, un ambiente sonoro y musical que hay que agradecerle a Igor Pinto, por su diseño. Y por el trabajo que ha debido llevar hacer la recopilación y la selección de material a mostrar.
La compañía Heartbreak Hotel, de Álex Rigola, uno de los más importantes directores teatrales de la actualidad, de quien hace un par de años vimos El público, la laureada versión que firmó de la obra de Federico García Lorca, es la que lleva a cabo esta nueva muestra de arte escénico. Álex fue, además, co-director de los Teatros del Canal, en los que Macho Man puede verse.
Hasta el 17 de marzo Macho Man estará en las instalaciones de la Sala Negra, y sus 55 minutos le ofrecerán a sus visitantes todo el dolor que han sufrido las víctimas. Y si además hemos reflexionado sobre hasta qué punto la violencia machista está más presente en nuestras vidas de lo que creíamos antes de entrar, también estará cumplido el objetivo. Queda mucho por hacer y Macho Man aporta su granito de arena. Un grano de los gordos.

Silvia García Jerez

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