LA PASAJERA: Terror a ritmo de pasodoble
La pasajera es una rara avis dentro del cine de terror en nuestro país. No es que aquí no se hagan películas de este género, tan bien recibido por el público, pero cada vez son menos las producciones que se acercan a él y menos aún las que se esfuerzan por conseguir una atmósfera desasosegante y regarla de efectos especiales de lo más resultones.
Cuenta esta cinta, rodada en Navarra, la historia de un grupo de cuatro personas que se disponen a hacer un viaje con la fórmula BlaBlaCar, como le sucediera a la magnifica e inquietante comedia Con quién viajas. En este caso, con una furgoneta a la que su conductor, Blasco (Ramiro Blas), llama La Vane -la españolización en femenino de The Van, camioneta en inglés-. En ella se montan Mariela (Cecilia Suárez), una mujer mexicana, y Lidia (Cristina Alcázar) y Marta (Paula Gallego), madre e hija, mal avenidas entre ellas y con problemas familiares que afectan a su comportamiento en la ruta, haciéndola tan incómoda y desagradable como los comentarios machistas con los que el camionero va regando los kilómetros.
Pero todo cambia cuando en plena travesía el camionero no ve a alguien en medio de la carretera y, de noche, y lo atropella. Cuando retrocede para darle auxilio a la mujer que está en el suelo, deciden meterla en la furgoneta para llevarla al hospital más cercano. Y esa, que parecía una buena decisión, resultará ser todo lo contrario. Tanto es así que supondrá el comienzo de una pesadilla para todos.
Luis Sánchez-Polack, nieto del famoso humorista, firma el guión de esta aventura con tintes de comedia en la que la España cañí es tan protagonista como la furgoneta en la que viajan sus personajes. La pasajera se convierte así en una interesante vuelta de tuerca hacia los tópicos nacionales que funcionan no solo como crítica hacia el pasado sino como elogio por lo que suponen en el presente.
Nada está en La pasajera por casualidad, ningún personaje se siente de más. Puede que alguno no caiga bien y que otros vayan cayendo mejor. También esa es la intención de la historia, que vayamos arropándola a medida que avanza para convertirnos en otro pasajero más.
Según nos adentramos en ella, en su noche, en las entrañas de su diseño de producción, nos damos cuenta de hasta qué punto todo es un acierto. Es fantástico asistir a este despliegue de elementos del género tan bien medidos, tan bien colocados, tan bien acabados.
Y ese pasodoble que siempre nos acompaña. Imprescindible. Blasco, ese gran personaje interpretado por el argentino Ramiro Blas, nos convence, por si no lo estuviéramos hasta entonces, de que esa es la música que tiene que sonar. Y con ella vamos al fin del mundo. También con La Vane y con todo este proyecto que es terror pero que en realidad es una delicia. Y que cuenta con uno de los mejores finales de la temporada.
Silvia García Jerez