MANUEL RÍOS SAN MARTÍN

Vivimos en un engaño constante sobre lo malos que somos y lo terrible que es el mundo

La última vez que hablamos con Manuel Ríos San Martín estaba a punto de firmar los primeros ejemplares de su segunda novela, La Huella Del Mal.

En apenas cuatro meses, el libro ha alcanzado su tercera edición y ya es tiempo de entrevistarle. En este otoño recién estrenado y al abrigo de las casi 600 páginas que lo componen, indagamos en las razones que le han llevado hasta Atapuerca en busca de los orígenes de la maldad. 

Manuel Ríos en la Feria del Libro de Madrid presentando la huella del Mal.
Manuel Ríos en la Feria del Libro de Madrid

Nos encontramos con Ríos en la pasada Feria del Libro de Madrid, en la caseta de la editorial Planeta, donde una fila de emocionados lectores esperaban turno con su ejemplar de La huella del mal. Era pleno junio y casualidades de la vida, o signo de los tiempos, Telemadrid reponía por las noches Colegio Mayor para celebrar sus 30 años en antena. Una de las series que forman parte del currículum de Ríos y de la memoria televisiva de esas otras cadenas, con aquellas nuevas ficciones que marcaron época, como lo fueron Médico de familia Compañeros, que también pertenecen a la imaginación de Ríos. 

Luego llegaron algunas TV movies (Rescatando a Sara, Soy el Solitario), otras series como Más que amigosSin identidad, y la película Maradona, la mano de Dios, además de la versión para cine de Compañeros que llevo por titulo No te fallaré. 

En la actualidad Ríos San Martín está pendiente de un biopic televisivo sobre Joaquín Sabina, que dirigirá Fernando León de Aranoa, contando con la colaboración del cantautor sin guardarse ningún secreto. Y quizás, en breve, adapte alguna de sus novelas para las pantallas, volviendo a sus orígenes como guionista, ya desde la experiencia del escritor.  

Tras Círculos, su primera incursión en el mundo literario, arriesgando con un thriller multimedia  dentro de un propio texto interactivo lleno de tatuajes, piercings y cierta filosofía del dolor, Manuel Ríos se aleja de la tecnología para acercarnos a lo más primitivo del ser humano. 

Desde la inocencia de unos niños ante una muerte que parece de mentira, en una exposición dentro del yacimiento de Atapuerca, La huella del mal indaga en nuestros más atávicos antepasados entre venenos, canibalismo, sexo salvaje y la brutalidad como adaptación de supervivencia. 

La Huella del Mal se desarrolla en Atapuerca
La Huella del Mal se desarrolla en Atapuerca

El cadáver encontrado recuerda a un caso similar de hace seis años, en otra excavación, y resulta un asesinato ritual de una joven imitadora del comportamiento de los antiguos homínidos, determinando que los mismos investigadores de entonces, quienes arrastran un pasado pasional en común, se dediquen aresolver este nuevo hallazgo, entre muchos sospechosos y giros constantes. 

Hablamos con Manuel Ríos de ello y mucho más. 

La Huella del Mal es un interesante thriller con reflexiones humanistas ante la génesis de la maldad, cual esencia y reflejo de nuestra evolución.

El corazón de las tinieblas de Conrad ha inspirado películas como Apocalypse Now y la reciente Ad-Astra. Qué tiene esa novela para que comiences tu nuevo libro con una frase de la misma: La creencia en una fuente sobrenatural no es necesaria, el hombre por sí mismo es capaz de cualquier maldad

Manuel Ríos: La verdad es que tengo muy olvidada la novela. No tanto la película, que la he vuelto a ver varias veces, pero encontré esa frase y me pareció perfecta para mi historiaRefleja muy bien de lo que quiero hablar: de la biología del mal. Del mal como algo intrínseco a la naturaleza y especialmente a la del ser humano, pero sin influencia divina. 

Si no hay necesidad de creencia sobrenatural para justificar el mal, quien cree en Dios, ¿cree en el diablo? 

M. Ríos: No tiene porqué, no al menos como algo de la misma envergadura de Dios. Diría que para los cristianos modernos, el diablo no es más que la ausencia de Dios, no un ser en sí mismo con capacidad de actuar. Pero queda lejos de mi novela, prefiero hablar de un mal de origen biológico, evolutivo, y no desde el punto de vista religioso. 

¿Porque fascina tanto la maldad y no hay tanto interés por saber el porqué de la bondad, ese mecanismo de elección hacia “ser bueno”? 

M. Ríos: Creo que ser bueno no genera tantas historias, ni tanto morbo. Tiene menos desarrollo en la ficción. Pero qué duda cabe, que en mi vida cotidiana prefiero encontrarme gente amable y cariñosa, aunque no me inspiren novelas (risas). 

En la novela apuntas datos entre hombres y mujeres en la prehistoria, ese comportamiento humano primitivo y qué relación tiene en el hombre actual. También hablando de esos sentimientos altruistas de la comunidad, indispensables para la adaptación del individuo y el desarrollo sociedad, pero ¿cada vez quedan menos?  

M. Ríos: Vivimos en un engaño constante sobre lo malos que somos y lo terrible que es el mundo. Aunqueevidentemente, hay mucho que mejorar, no creo que la humanidad (al menos la occidental) haya estado nunca mejor desde que empezó la historia. Simplemente el altruismo no genera tantos retweets en Twitter, pero eso no significa que no exista. 

Acabas la novela con una pregunta ¿Es la violencia lo que nos hace humanos? 

La primera criminología atribuía las causas al libre albedrío, utilizando la teoría de Darwin para explicar la supervivencia delos rasgos atávicos, heredados genéticamente, que acercan al criminal a su antepasado primitivo. Pero también hay estudios donde priman los factores económicos y educativos, abordando la perspectiva psicológica y antropológica, estableciendo una relación causa-efecto entre circunstancias y criminalidad. ¿Qué defiendes tú? ¿Crees que la violencia condiciona nuestra humanidad? 

M. Ríos: El ser humano es capaz de lo mejor y de lo peor. Ya se ve en las excavaciones de Atapuerca, donde unos humanos se comieron a otros. Pero también encontramos el caso de una familia que ayudó a una niña durante 10 años, a pesar de haber nacido con un defecto grave en el cráneo, que hacía que fuese prácticamente inválida y sin capacidad para vivir sin ayuda de todo el grupo. ¡Y hace más de 400.000 años! Hoy en día, somos capaces de vivir en poblaciones enormes con un nivel de paz sorprendente y eso no quita, que de vez en cuando, salte una chispa y sea imposible apagarla a tiempo… No hay más que ver el caso de Siria, que parecía un país estable para la zona y un par de años después, está completamente devastado. No podemos confiarnos por haber alcanzado altos niveles de confort y de democracia. Hay que estar siempre vigilante. No podemos saber cuándo va a saltar una de esas chispas, ni hasta donde va a llegar el incendio. Mira Cataluña, ahora mismo, donde se ha creado un odio que podría llegar a ser imparable. En nuestra mano está el luchar para que no sea así, y regresar al entendimiento.

En pleno debate sobre carne y ecología, está la teoría de que nuestro cerebro se desarrolló al incluir la carne en nuestra alimentación y pasamos a ser humanos… ¿Si fuéramos vegetarianos, no mataríamos en ningún caso? 

M. Ríos: Parece indiscutible que el comer carne ayudó a que nuestro cerebro creciera. Durante muchos años las teorías de Raymond Dart sobre el mono-cazador fueron las que explicaron el comportamiento humano. Estas teorías ya están reflejadas en la película 2001, con la célebre secuencia del monolito y los monos, pero hoy en día parece que podemos afirmar que fue más importante para el crecimiento de nuestro cerebro las relaciones sociales complejas. El haber construido civilizaciones, en las que convivimos tantas personas e intentamos entendernos, es lo que ha hecho que seamos tan inteligentes. Pero los “vegetarianos” también matan a su manera, no seamos ingenuos. Los animales están todo el tiempo compitiendo dentro de una misma especie y entre las distintas especies… Cuando desaparecieron los lobos de Yellowstone, los alces aumentaron tanto que provocaron la desaparición de otros herbívoros e incluso, llegaron a deteriorar el cauce del río de una manera notable, aunque con la re-introducción de los lobos el equilibrio ecológico volvió. 

Sitúas la trama en Atapuerca y con el recuerdo de un primer asesinato como el de Caín y Abel, ¿Podría haber sido de una Marta y María? Me explico, ¿la violencia es un tema de género? Cuando una madre asesina a sus hijos es por un trastorno mental, en los hombres las causas y motivos no dependen tanto de la enfermedad de la mente…

M. Ríos: Hay asesinatos de todo tipo, pero está claro qu en el género Homo el macho es más violento. 

… Y son muy sufridos los personajes femeninos de La huella del mal, ¿no crees? 

M. Ríos: Me gustan los personajes intensos. Creo que también hay hombres que sufren en la novelacomo Gabriel, con su enfermedad mental, o el propio asesor de la policía, Daniel, que experimenta una gran evolución durante la novela. Según fui avanzando en la escritura, profundicé más en los personajes femeninosdándoles más presencia, porque creo que ellas son más protagonistas. Por eso las vemos sufrir más y nos centramos máen lo que les sucede

Dedicas el libro a tu madre, a tu mujer y a tu descendencia ¿Quién leyó primero? ¿Qué te dijeron? 

M. Ríos: La única que lo leyó antes de estar publicado fue mi mujer. Estuvimos comentándolo durante un largo viaje en cocheque me vino muy bien¡Y a mi madre le impactó todo lo que sabía de prehistoria! Mis hijos todavíno lo han leído y bueno, mi madre también dijo que tenía que haberlarrancado algunas páginas de sexo (risas) 

¿Cuántas versiones tuvo? ¿Cuánto tiempo has tardado en escribirlo?  

M. Ríos: Tuvo dos grandes versiones y después, algunos ajustes puntuales de personajes y detalles de la trama. Desde que le conté la idea a Raquel Gisbert de Planeta hasta que se editó, pasaron dos años aproximadamente, y hay que tener en cuenta que nunca he dejado mi trabajo como guionista durante este tiempo. 

Al Igual que en un serie existe la biblia y escaleta, ¿cómo estructuraste esta novela, teniendo en cuenta los flashback y tantos sospechosos?  

M. Ríos: Todo lo que hago, lo estructuro primero sobre una pizarra en la que escribo con post it de colores, como las escenas según las tramas. Ahí también, señalo aspectos como quién quiero que sospeche el lector en cada momento, o el tema general de cada parte de la novela -y tiene 6 partes-. Al escribir, soy libre de saltarme lo que he pensado antes, pero siempre tengo un camino por el que avanzar en caso de perderme o dudar. Cada una de esas partes, salvo la final, tiene dos flashbacks, que intento que surjan de manera orgánica y según progresa la trama del presente.

La Huella del Mal se desarrolla en Atapuerca
La Biología determinante en La huella del Mal

Hace años fuiste profesor de guión en la cárcel, impartiendo clases, claro…

M. Ríos: Sí (risas). Fue toda una experiencia. Di clase en la cárcel de Carabanchel durante algo más de un año. Tengo una película escrita sobre eso. A ver si me animo a moverla. 

Para La Huella Del Mal has realizado un gran trabajo de documentación antropológica, ¿También a nivel policial para los investigadores, para esa pareja protagonista? ¿Y para los perfiles psicológicos de los criminales, y otros personajes? 

M. Ríos: He hecho varios cursos con un ex comisario de policía para entender cómo se investiga en la actualidad. Cada vez se utiliza más la tecnología. Normalmente en las series de televisión y en las novelas se investiga como quiere el escritor, y a mi me parecía interesante saber cómo era la realidad más de cerca y utilizarla… Para algunos perfiles, como el de Gabriel, he consultado también con una psicóloga clínica, para que reflejen lo que estaba buscando de una manera realista. 

En el libro se habla de la conciencia de la muerte como rasgo humano, de esa conciencia del destino final. Pero hay animales que intuyen su propia muerte y hasta se preparan para ello, además de poder percibir la de otro ser vivo cercano, como un perro que cuando estás enfermo siempre está al lado… 

M. Ríos: Sísílos animales más inteligentes y sociales tienen cierta noción de la muertelos elefantes, los delfines, los chimpancés… Pero creo que no hay ninguna especie que sea consciente de su propia muerte como la humana. Y eso genera muchas consecuencias, desde el arte hasta la religiónpasando por la decisión de tener descendencia. Intento pensar cómo sería esa primera vez que un homínido sintió terror al imaginarse su propia muerteMe parece terrible y muy literario. 

En tu primer novela Círculos había fotos, vídeo, links, música asociada… Probaste la multimedia no sólo en los libros digitales, también en el impreso, pero tú vienes del mundo audiovisual con formación de guionista y presentas ahora La huella del Mal con booktrailer. 

¿Has pensado adaptar alguna de tus novelas a serie televisiva? 

Sí. Todo es un proceso lento, pero creo que ambas novelas se podrían adaptar a series de televisión. En general, los thrillers tienen un ritmo que es muy adaptable. Círculos lo está moviendo una productora por el mercado asiático. Y ya hay varias productoras españolas interesadas en La huella del mal. Por mi parte, estoy dándole vueltas a cómo podría ser esa adaptación. Iremos viendo… 

Cómo va el proyecto de Sabina con guión tuyo y dirección de Aranoa, ¿en qué fase estáis?  

Hasta donde sé hay 10 capítulos escaletados y dos escritos, pero creo que hasta que no entre definitivamente una plataformano se va a seguir avanzando. En cualquier caso, el proyecto tiene muy buena pinta, la vida de Sabina ha sido muy intensa y él no tiene problema para contarla. 

Manuel, para terminar, nos gustaría conocer tus gustos en libros y series. 

¿Qué estás leyendo ahora? ¿Y qué ves, qué te ha gustado últimamente? 

Manuel Ríos: Acabo de terminar Reina Roja y he entendido su éxito: funcionan muy bien los personajes, tiene mucho ritmo y un narrador muy diferente. Me acabo de comprar SIdi de Pérez Reverte, y La chica del semáforo y el hombre del coche de David Orange. En series estoy viendo Hierro yVida perfecta, la de Leticia Dolera.

Quedamos a la espera de lo que haga próximamente para la televisión y de lo que surja para su tercer libro, porque Manuel Ríos aún tiene mucho que contar y descubrirnos.  

Mariló C. Calvo

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