Last Christmas: Barroquismo Navideño En Derrape
Last Christmas, desde el primer fotograma/acorde no nos pide ya que creamos en el espíritu de la Navidad (sea ésta la pasada, la presente o la futura), sino que nos dejemos poseer por él con la misma cantidad de complacencia que un empleado de la industria del porno pone en la búsqueda de su primer éxito: teniendo claro desde ya que ésta será la única forma de sobrevivir a lo que se presenta por delante en los próximos 100 minutos.
Pues eso, una suerte de menú navideño donde caben las ironías más o menos socarronas, los dramas sociales de telefilm, la crítica evidente, no por ello menos necesaria, al mercantilismo de las fiestas que están a la vuelta de la esquina, el toque de atención a la falta de ese amor al prójimo que daría sentido a algo que ya no lo tiene por tanto individualismo reflejado en la pantalla del móvil, las inevitables rencillas familiares que tanto alegran las cenas navideñas (espero que aprecien la ironía), el batiburrillo multicultural bien intencionado y los sueños no cumplidos (que esto último siempre luce mucho), todo bien mezcladito y tachonado de los destellos resultantes del contacto de los haces de luz del alumbrado navideño con los copos de nieve que caen con sutileza y elegancia como si de una postal de anuncio de refrescos o lotería se tratase.

Todo ello, miren ustedes por dónde, con el único fin de envolver, arropar y sepultar a un ‘dulzón grinch‘ de melena rubia que atiende al nombre de Kate, y que habita en la piel de una Emilia Clarke cuya interpretación, sumamente previsible, nos hace desear con los ojos bien cerrados que Papa Noel consiga devolvernos a una Meg Ryan en sus mejores tiempos, capaz de hacerse con semejante trineo en caída libre.
Ya que básicamente, ¡oh Sorpresa!, es lo que acaba siendo Last Christmas. Trufada como un gran pavo de apuntes a pie de página de títulos tales como Serendipity, Algo Para Recordar, Milagro En La Ciudad, La Joya De La Familia y Los Fantasmas Atacan Al Jefe que, ni que decir tiene, son títulos infinitamente mejores que el que nos ocupa.

El jefe de todo esto, que se ha dado en llamar Last Christmas – La Película (aunque podría ser perfectísimamente un recopilatorio greatest hits de George Michael), Paul Feig, yerra claramente el tiro, dándonos con el bastoncillo de caramelo en todo el ojo, a pesar de los muchos esfuerzos que hace por ser irresistiblemente encantador el último soltero de oro asiático, en la divertida y romántica Crazy Rich Asians – Locamente Millonarios, Henry Golding, o de las muchas tablas de una Emma Thompson que no defrauda interpretativamente hablando, pero sí a nivel de guion, que también firma a cuatro manos con Bryony Kimmings.
Nada diremos entonces del personaje de Michelle Yeoh, porque nada atinado está, al recordarnos, con escalofrío por la espalda, al desacertado Mr. Magorium de un Dustin Hoffman en horas bajas. Ni de que llamen a la reina de los escenarios de Broadway, Patti LuPone, para realizar un cameo del todo innecesario. Ni que… ¡basta!, dejémoslo estar, no quitemos todo el papel al regalo, que las Navidades son tiempo de sorpresa, y tampoco es plan de acabar con los que aún poseen alma de niño. ¡Ja, Ja, Ja, Feliz Navidad¡ (léase pensando en la voz de Vincent Price en el navideño -los ochenteros españoles sabrán por qué – Thriller de Michael Jackson).
Luis Cruz