LAS LETRAS DE JORDI

Por fin se estrena Las letras de Jordi, un inspirador y conmovedor documental, ópera prima de Maider Fernández Iriarte, con quien charlamos en el pasado SSIFF hace casi un año. 

Su llegada a los cines estaba prevista para esta primavera, junto a esta publicación en nuestra portada. Sin embargo, el confinamiento y la nueva normalidad han pospuesto su visionado hasta ahora. Pero escuchen, lean, y no dejen pasar más tiempo para ver esta especial alabanza a la amistad, la comunicación, la necesidad de comprender y al deseo de entender. Tan delicada como cruda. Tan real como filmarla.

Querer contar, querer escuchar, querer creer  

Jordi tiene 51 años y se comunica a través de alfabeto, escrito a mano, en un rudimentario cartoncillo. Junto a algunos signos numéricos y otros pocos ortográficos, su mano se desliza entre sus letras hasta que un dedo marca el ritmo de su pensamiento, logrando hacerse entender aún sin poder hablar debido a una parálisis cerebral. 

Así conocemos a Jordi. Frente a su peculiar teclado, recorriendo sus vocales y constantes ante el “dime, dime” con el que Maider Fernández Iriarte, directora de este conmovedor documental, nos lo presenta. Mientras ella, transformándose en su amiga del alma y en co-protagonista de su ópera prima, utiliza el propio proceso de grabación de las conversaciones entre ambos en esa habitación de la residencia, donde Jordi ha decido vivir para aligerar a sus padres de su cuidado.

Con una apabullante sencillez y alcanzando una sinceridad no exenta de crudeza, ternura y fe, Jordi va contándonos, letra a letra, sus preocupaciones, relaciones y sueños; como el deseo de volar, o ese propósito de hacer el bien y creer en lo inexplicable que le acompaña desde que oyó la voz de Dios hace 30 años. De ahí que cada año, repita el ritual de ver la película Bernadette sobre milagro de Lourdes y realice el peregrinaje al santuario, filmado igualmente cual operística apertura con unas sobrecogedoras imágenes de enfermos en peregrinación y velas en procesión que junto a un metrónomo sonando, marcan el espíritu y tempo de Las letras de Jordi.

Surgido del programa de residencias Ikusmira Berriak, vinculado a Zinelmadia, La letras de Jordi fue presentado en el pasado Festival de Cine de San Sebastián, donde tuvimos la oportunidad de charlar con su directora sobre esas letras que transciende la pantalla sin innecesaria compasión.Todo un crescendo de sentimientos encontrados que hacen grande este debut cinematográfico, destacando algunos instantes de autentica emoción como la conversación telefónica de Maider en la casa familiar, la evolución de la amistad que puedes ver en la mirada de Jordi, o cuando se pinta una Z olvidada en una de las tablillas y se ríe-. Y esa a visita diaria de la madre de Jordi para darle de comer, resuelta con una normalidad y coraje envidiable, tras haberle oído quejarse al sentirse impotente… Pero además Las letras de Jordi alberga poesía para el final, recuperando el rmetrónomo, esta vez al ritmo de una nevada, con Jordi a lomos de unos esquíes mirando al cielo y a la cámara sin parar, casi volando, con la sonrisa de satisfacción del deseo cumplido y el propósito realizado. Sin necesidad de palabras. Sin parar de reír. 

La Cronosfera: ¿Ha visto Jordi su película? 

MAIDER Fernández Iriarte: Sí. Y le gustó. Pero es muy autocrítico consigo mismo Y es curioso porque la vimos con gente que le quiero mogollón. Estaba la responsable de la residencia donde vive, su madre -una mujer con mucha fuerza y muy generosa-. Y allí estábamos en el pase privado. Un pase pequeñito, pero muy bonito. Y la película les encantó. Y para mi fue una especie de descanso, también, porque me daba miedo que no les gustara, que algo les pareciera mal. Pero gustó mucho y Jordi está muy contento, aunque como es muy crítico, a veces me decía que sentía que estaba lento, que reaccionaba tarde. Pero lo hablé con él. Es normal que te quedes pensativo, le decía, pues estoy avasallándote a preguntas. Así que no te preocupes, porque a gente cuando te conozca, cuando vea la película, te va a amar. 

L.C.: Así es. Jordi conquista. Como tu ópera prima, que normalmente tiende a lo autobiográfico, aunque en este documental siendo Jordi el protagonista, ahí estás grabando todo el proceso, el desarrollo de la misma película sin una vinculación, a priori, personal. 

¿Cómo llegaste a Jordi, o cómo te encuentra él a ti? 

MAIDER: No le conocía de nada. Yo estaba con la investigación para realizar un documental sobre Lourdes, mientras hacía el Master de Creación de la Pompeu Fabra. Y en las tutorías llegas a conocer qué es lo realmente te vincula. Y a mí, me gusta trabajar con lo cercano. En mis anteriores cortos salía mi familia, por ejemplo -como dices, partiendo de lo autobiográfico-, pero el deseo de querer empezar a trabajar enseguida, me llevó a conocer un grupo de peregrinos que viajaba Lourdes y en ese grupo estaba Jordi. Aunque primeramente conocí a un compañero suyo. Sin embargo él puede hablar aún costándole, cuando un día grabándole giré la cámara y ahí estaba Jordi, quien se mostró muy abierto y accesible. Desde el principio tenía interés en formar parte del proyecto y empecé a seguirlo con la cámara por todas partes. Poco a poco fuimos conociéndonos, pero al principio todo fue por correo electrónico. Luego, pasé a observar y no hablaba tanto con él. Por ejemplo, asistía al taller ocupacional que tenía por las mañanas y lo filmaba como parte de investigación, por si me podría interesar, y así seguimos hasta que le propuse ir a la residencia y grabar nuestras conversaciones en su habitación. 

-Entonces el principio fue Lourdes, con esas imágenes tan bellas con las que arrancas el doc, con ese metrónomo marcando el ritmo del film, metiéndonos en el de Jordi.

MAIDER: Efectivamente. Es entrar en su ritmo y en sus anhelos. Es una especie de gancho y aunque comienzo con eso, luego vemos unas manos que se juntan pero ante una tablilla, e igual la película no va por ahí… 

Jordi con su madre

L.C.: Vemos a Jordi siempre desde tu posición y no desde la visión subjetiva del protagonista. ¿Surgió ese planteamiento durante el rodaje, o estaba pensado previamente

Me figuro que la secuencia en casa de tus padres, en tu dormitorio con una foto de La Concha… 

MAIDER: Sí (ríe). Fueron las dos llamadas telefónicas cuando apareció la duda, de si entraba o no. Virginia lo vio claro y se lo agradezco. Ella me ayudó a descubrir, o redescubrir el valor que tenía mi propia presencia en la película. Y decimos abordarla desde ahí, desde ese vinculo. 

L.C.: A raíz de la película surge la amistad, pero aún con un interés mutuo, ¿te preocupó en algún momento propiciar una relación con, o hasta un fin concreto? 

MAIDER: Me dio miedo. Me preguntaba si estaba haciendo bien en crear este tipo de vinculo. Lo pensé mucho. Pero cuando haces un documental con algo íntimo, tú tienes intereses y te acercas mucho a esa persona, pero también está el interés en ti y el que él tenía, el suyo más personal. Claro que al final existe ese interés más frío, pero hay varias cosas que entran en juego. No sólo yo saco algo de esa relación, en plan egoísta. Él tiene interés en conocerme y en que conozcamos su discurso, mientras además surgió la amistad. Y aunque en la película se plantea un adiós, no termina siéndolo, porque seguimos viéndonos de vez en cuando, vamos hablando por mail… Quizás no tan a menudo como antes, pero esas cosas pasan, puedes conocer a alguien con la que tienes una relación muy intima y luego se desvanece, porque la vida te lleva a separarte… No sé si es una defensa que me he creado, pero somos dos personas que entendemos esta relación y que estamos al mismo nivel. Es mutuo el interés y la relación de amistad es real, con cambios como en cualquier otra relación, y hay que juzgarlo como cualquier relación. No porque Jordi tenga parálisis cerebral hay que vulnerabilizarloJordi es un tío que tiene muy claro las cosas. 

-Se ve en el doc, lo transmite y atrapa su determinación. 

L.C.: En Las letras de Jordi hay momentos en la nieve, dentro y fuera del santuario en Lourdes, en habitaciones… ¿Qué cámaras utilizasteis? ¿Cómo filmasteis las escenas finales? 

MAIDER: Son tres cámaras distintas. Está la Sony PXW-70, una cámara de video muy sencilla que te permite tener dos entradas de audio profesional y es muy fácil de manejar. Es mi cámara, la que me regaló mi abuela la que utilizo para la intimidad de la habitación y algunos planos de Lourdes. Mientras el final en la nieve es de Carlos Muñoz, el director de fotografía, y en el sonido está Amanda Villavieja. Todo el equipo va en trineos persiguiendo a Jordi. Y luego están las más estéticas y los momentos íntimos en Lourdes, que están hechas con una BlackMagic Ursa Mini, prestada por Tabakalera. Mientras dentro de la casa filmé con una Sony Alpha 7, que es más cinematográfica y la utilicé por la luminosidad, ya que rodaba al atardecer y había poca luz. Ahí se nota que yo manejo la cámara porque hay unos desenfoques… (risas).

-Llama la atención también otro desenfoque, pero creo que es parte del juego del work in progress. Me refiero durante la misa en Lourdes, cuando tras un oscuro y un desenfoque,descubrimos a Jordi perfectamente encuadrado. Me pareció muy bueno… 

MAIDER: Es de Carlos, que es un máquina. ¡Y podíamos haberlo cortado! Pero la intención era encontrar a Jordi en ese momento y está muy bien. Queda claro que con un equipo pequeño puedes hacer, no sé si grandes cosas o cosas pequeñas, pero que no es ninguna limitación no tener un equipazo -a nivel técnico, digo- para poder abordarlo. Gran parte de la película esta hecha con un trípode y un cámara muy sencilla. 

MAIDER Fernández Iriarte

L.C.: Siendo de Donostia, ¿fue más sencillo entrar en el Festival de San Sebastián? ¿Cómo fue la selección para Nuevos Directores

MAIDER: Tuve la suerte que el proyecto participaba de una residencia con Tabakalera, la Filmoteca y la escuela de Elías Querejeta, así que el festival ya conocía el proyecto. Y había un compromiso del festival para mostrarla, pero no me esperaba la selección. Y aunque enviamos la película a algún otro festival, querían verla en San Sebastian porque les había gustado. Nos pidieron que dijéramos que no a otros certámenes y obviamente aceptamos encantadísimos y encantadísimas. San Sebastián es un festivalazo y para mí el pase del estreno fue brutal. Ese primer día que se proyecta ¡y en tu tierra!. Fue increíble. La sala llena, con mucha gente, no sé, unas 500 personas viendo tu película y compartiendo ese primer momento con el público, los amigos, las amigas, mi familia… Muy fuerte. Fue super bonito y no lo olvidaré nunca. 

L.C.: ¿Qué recorrido tendrá Las letras de Jordi¿Tienes ya otros proyectos? 

MAIDER: Sé que es una película pequeña y una película difícil, pero va a tener un buen recorrido por festivales. Está el festival de documentales en Cádiz y el de Gijón, además de habernos selección en algún otro país… Que me gustaría mucho que fuera de habla no hispana, porque implica otras dificultades para entenderlo, teniendo en cuenta que hemos hecho un gran trabajo con los subtítulos, cambiando las letras y con una grafía distinta que también vamos variando. Creo que para la gente que le guste el lenguaje puede resultarle interesante verlo con subtítulos… Y de futuros proyectos, tengo un par de cosas; un tratamiento de ficción sobre una chica que ha estado viviendo fuera y vuelve a su ciudad, a trabajar en el archivo de la Filmoteca Vasca. Lo que me da pie para buscar materiales, porque es una reflexión sobre la mujer desde lo visual, más la trama personal de una chica que está en crisis… Una excusa para investigar sobre el legado de aquí, pues puedo sacar material de la filmoteca e investigar, que es lo que verdaderamente quiero y me interesa muchísimo… Luego, tengo un corto que habla sobre un comité médico que hay en Lourdes -nace de Las letras de Jordi pero no tenía cabida-, que analizan las curaciones que no tienen explicación medica. Es como el paso previo al milagro y me se resultó muy interesante esa relación entre la ciencia y la religión, con esa utilización de la ciencia para subrayar el valor de la Iglesia -y con esa inteligencia a la hora de utilizar a su favor ciertas instituciones con las que no tienen nada que ver-. 

L.C.: Ambas ideas resultan muy atractivas, tienen muy buena pinta. Y Lourdes sugiere tantas cuestiones; está el viaje, el negocio y la fe, que también aparece en Las letras de Jordi, como cuando él está viendo la película del milagro y confiesa que ya no oye a Dios aunque tiene el sentimiento de hacer el Bien. Y tú le respondes que sin creer en Dios o tener fe, también quieres hacer el bien a la gente… 

MAIDER Fernández Iriarte: Al principio había más grabado de Jordi y su relación con Dios, para comprender su propia experiencia en ese tema, pero siempre prevalecía mi punto de vista (risas) y se fue cayendo en el montaje cuando nos centramos más en la nuestra. Creo que la película, al final, es una oda a la amistad y al amor entre las personas. 

L.C.: Y un estupendo documental. Inspirador y conmovedor.

MAIDER FERNÁNDEZ IRIARTE: Gracias. 

Mariló C. Calvo

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