LA RESIDENCIA: Creación en tiempos de la IA
La residencia, que es como se titula en España Dolloway -el nombre de la Inteligencia Artificial que actúa como coprotagonista de la película-, está escrita en el cartel como La ResidencIA, con lo que desde antes de entrar a la sala ya nos hacemos una idea de la clase de residencia ante la que estamos.
Fácil, sí, pero ingenioso juego de palabras para un título que explicita su argumento al dar como primera medida el lugar en el que éste ocurre. La ResidencIA es una de ellas pero una muy especial, porque no es ni para ancianos ni para estudiantes, sino para talentosos escritores a los que la Inteligencia Artificial puede echar una mano durante su proceso de creación. En el caso del film, la protagonista es Clarissa (Cécile de France), una renombrada autora que se encuentra en un momento de bloqueo y que decide acceder a la residencia del Instituto Ludovico para que allí, recluida, pueda centrarse más en la obra en la que se supone que está inmersa. Y lo que está escribiendo gira en torno al suicidio de su hijo, una obra de catarsis para la que la IA, Dalloway (voz de Mylène Farmer) la ayudará encontrando siempre los datos, las fotos, los vídeos y lo que Clarissa requiera en su memoria digital.
Pero es que además, esta residencia está, en sí misma, controlada por la IA. Hay cámaras en todas las habitaciones y la puerta de salida a las estancias que rodean la de Clarissa también están a merced de que la IA considere que todo está en orden para que los residentes puedan salir o entrar en ellas. Parece una buena idea, solo que llega un momento en el que Dalloway se vuelve más agresiva, más exigente, y Clarissa trata de averiguar qué se esconde tras algo que en vez de una ayuda puede acabar convirtiéndose en un estorbo.
La ResidencIA está construida como un relato de ciencia ficción con estética futurista, pero tenemos que asumir que su relato es muy certero y tan actual que es la realidad la que se confunde con la ciencia ficción. Ya hay casas en las que las neveras son como ordenadores. Tocas un botón y la persiana baja. Alexia te pone la música que quieras o te llama a quien le pidas. Si lo piensas ya estamos en el futuro, aunque todavía tenemos la posibilidad de abrir la puerta de casa manualmente. Es terrorífico. Parece chulo pero la IA comienza a disponer de tantos datos nuestros, fotos incluidas con las que le pedimos que nos convierta en un personaje de Disney o de Anime, que llegará un día en el que no tengamos que hacer absolutamente nada porque ella lo hará todo por nosotros. De hecho, ya hay robots que ejercen de camareros. Una locura que no debería parecernos tan divertida.
Yann Gozlan, director y uno de los tres guionistas del film, responsable de la extraordinaria Black Box que vimos en 2021, debe pensar también que la humanidad se encuentra ante un potencial peligro que no está sabiendo gestionar de la forma más adecuada y ha realizado una película que nos pone sobre aviso de lo que ya tenemos en el presente y que se nos puede volver en contra.
La ResidencIA supone una experiencia acerca de lo que la IA nos puede ofrecer de bueno, pero también es un gran ejemplo de cómo se nos puede ir de las manos para acabar siendo algo tan perjudicial que su uso deba permanecer alejado de los seres humanos.
La cinta cuenta con un diseño de producción espléndido que nos sumerge en un lugar paradisíaco que nos haga querer estar allí. Sus estancias son austeras, espaciosas y con el mobiliario que la creación artística requiere. No falta nada y no se necesita más. Fuera de las habitaciones las plantas llenan la decoración de las enormes salas que hacen de lugares comunes, logrando que la residencia se erija en el emplazamiento perfecto en el que poder trabajar sin distracciones. Clarissa no debería tener problemas para concentrarse, y si los tuviera, la IA está ahí para hacer que avance en su novela.
Pero La ResidencIA no es precisamente ese sitio al que acudir cuando una está bloqueada. Pronto se dará cuenta, en cuanto la película se comience a transformar en un lugar asfixiante que le haga preguntarse si lo mejor no sería salir de allí. Y nosotros, como espectadores, gracias a la habilidad de Yann Gozlan tras la escritura del guión y a la dirección del equipo, nos vamos a sentir igual de desconcertados con lo que está ocurriendo. La atmósfera cambia, la residencia se convierte en un sitio inhóspito con intenciones claramente ocultas. Es decir, el director nos llevará por caminos inesperados porque, al contrario de lo que ocurre en otras producciones, aquí no tenemos claro los pasos que la historia va a dar. Su narración, por completo inesperada, nos va a ir asombrando a cada giro, que lejos de ser brusco se presenta de manera natural, algo que da, si cabe, más miedo que el que ya estábamos experimentando en un terreno desconocido.
Por eso, y porque lo cuenta todo con un pulso brillante, con un talento evidente y un ritmo tranquilo pero in crescendo a lo largo del metraje, La ResidencIA es tan sobresaliente. Nuestra angustia es la de su protagonista, que ve cómo su estancia se va convirtiendo en un infierno a medida que pasan los días y que va sospechando de todo. Personas y sucesos extraños que la mantienen alerta pero alejada del libro que la IA, creada para incentivar la creatividad, le apremia a continuar.
Cine francés de género que nada tiene que envidiarle a cualquier título norteamericano. Al contrario, muchos incluso deberían aprender de éste. Elegante, opresivo y alertador, La ResidencIA recuerda a otros títulos ya clásicos que no citaremos para no dar demasiadas pistas de lo que aquí se cuenta, pero Yann Gozlan le da al suyo una personalidad única que hace que aquellos que sirven de referencia -en realidad ya está todo inventado-, no estén tan presentes porque la actualidad ejerce de poderoso reinicio de cuanto vimos previamente. Una especie de ‘si esto te recuerda a aquello es porque en el mundo ahora sería de esta manera y no como se contó entonces’. Y lo peor es que puede llegar a serlo. Que Gozlan puede tener razón. Y por eso La ResidencIA no sólo es recomendable como cine entretenido, lo es también como advertencia ante un futuro que ya no es nada lejano.
Silvia García Jerez

