La Pequeña Suiza: Identidades muy, pero que muy, deshilachadas

La Pequeña Suiza es, en terminología astronómica, un estallido de propuestas en plan Big Bang que acaba en un inmenso agujero negro de desorganización fílmica. Concretando: una explosión de ideas no debidamente dosificadas en guion y montaje.

Cierto es que con los mimbres que cuenta La Pequeña Suiza, directores como Berlanga, en plan ácida crítica social, o Cuerda, con divertido giro absurdo, nos hubiesen dado otra película que la finalmente ha firmado el director Kepa Sojo. que no acaba de saber qué historia, o historias, quiere contar. Igual, siendo muy buenos en la apreciación, signo de estos tiempos en los que todo está enmarañado entre entidades varias, exacerbada polaridad política, visiones sesgadas o sobredimensionadas, idiosincrasias mil, chismosa historia, e histeria, casi, colectiva. Pero nos tememos que éste no era el fin último de una cinta que busca la comedia sin dar mucho con ella.

Los lugareños de LA PEQUEÑA SUIZA
Los lugareños de LA PEQUEÑA SUIZA

A lo que vamos. La Pequeña Suiza nos habla, en resumidas cuentas, de un pueblo, y sus empecinadas gentes, que busca hasta la locura su lugar en el mundo. Desde las Vascongadas hasta tierras de nieve, paraísos fiscales y caramelos expectorantes viaja, además de algún que otro subalterno a lo Guillermo Tell, la clase política de Tellería, municipio castellano enclavado en el centro del País Vasco, y donde, en casi la totalidad de la cinta, se desarrollan las mil acciones de un montón de personajes que no acaban de cuajar a pesar del esfuerzo, no siempre exitoso, de actores como Maggie Civantos, Ingrid García-Jonsson, Secun de La Rosa, Enrique Villén, Ramón Barea o Jon Plazaola que, por cierto, de esto de las señas de identidad regional, televisivamente hablando, sabe lo suyo. Apunte: Sojo no ha tenido ojo para dirigir a sus actores.

Poquito humor, como creo que queda claro a estas alturas de la crítica, es lo que finalmente propone La Pequeña Suiza, suerte de estrella fugaz que no acaba de deslumbrarnos. Quizá porque no se trata de vivir en la cola del cometa Ocho Apellidos Vascos, sino que se habría de haber buscado concreción propia y no desvíos, ni atajos, en la cartografía interestelar del cine de topicazo localista que tiene paradas clave en cintas como Un Italiano En Noruega o Bienvenidos Al Norte. Y esto por fijarnos en solo algunas de las chinchetas clavadas en un mapa que ni con ayuda de la guía del autoestopista galáctico nos da que se hubiese sabido interpretar.

Ingrig García-Jonsson,, Secun de la Rosa y Jon Plazaola
Ingrid Garcá-Jonsson, Secun de la Rosa y Jon Plazaola

La Pequeña Suiza, a nuestro entender, podría haber sido mucho más divertida si se hubiese medido mejor el alcance real de unos chistes, o situaciones rocambolescas (alguna se podría pensar que fuera de lugar en los tiempos que corren o mal planteada) que son presentados, presentadas, como algo superlativo y que finalmente acaban siendo pequeños chascarrillos, o momentos desconcertantes. Además, también, de si se hubiese simplificado el número de tramas, afilando así la meta final de una historia que pretende hacernos reír con algo tan psicológicamente sano como es aquello de reírse de uno mismo pero, lástima, no lo consigue. Aun teniendo significativos cameos de grandes de la comedia como Antonio Resines, o de contrastada vis cómica como la de Karra Elejalde que, ¡mecachis!, no resultan tampoco aquí divertidos.

Quedémonos con lo positivo: al menos se intentó. A veces, las estrellas no nos son propicias y acabamos estrellados, pero siempre encontramos ese horóscopo con el que acabamos identificándonos. Espera, ¿eso no es más bien astrología?

Luis Cruz

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