La función por vivir

Del invierno de 2009 no recuerdo casi nada. Recuerdo que mi padre tenía un Nokia 6220 classic y, al encenderlo, salía un letrero de bienvenida aterrador: «¿Crisis, qué crisis?» Lo puso un año antes, cuando configuró el teléfono. La depresión estaba arrasando con todo. También con el arte. Fue entonces cuando los Kamikazes entraron en escena, pero no voy a hablar de cómo Miguel del Arco hizo estallar el teatro español, de cómo su grito se convirtió en revolución y sus palabras en vida. Yo no viví aquello. No vi La función por hacer en el hall del Lara ni en La Abadía. Tampoco en El Ambigú.

Hace diez años, hacía judo y, a veces, fantaseaba con ser futbolista. Otras, con ser periodista. La mayoría con ser periodista. Un día quise dedicarme al periodismo deportivo. Al día siguiente se me olvidó por completo. Jugaba en los recreos cuando mis compañeras me lo permitían, que era dos días a la semana. Sólo 40 minutos. El resto estaba condenada a dar vueltas por la pista de atletismo. Ese año dejé de dar patadas al balón. Tenía 12 años y, como comprenderán, a esa edad me tragaba los montajes del Nuevo Teatro Alcalá y las funciones escolares que hacían que perdiéramos clase.

La función por hacer © Emilio Gómez

Entro en Twitter y me topo con montones de recuerdos, con el paso del tiempo y círculos cerrados. Salgo al momento. Yo no he vivido eso. Lo repito una y otra vez: YO-NO-HE-VIVIDO-ESO. Lo hago ahora. Respiro al dúo del Arco – Tejada (Aitor), ahora. La función por hacer tiene corazón y alma. Rezuma vida. Dice El actor (Cristóbal Suárez) que «el arte tiene que suspender el espíritu». Y lo hace en el aire para siempre. Sus ganas irrefrenables también. La libertad que rompe con algunas convenciones teatrales y el fenómeno revolucionario que se mantiene intacto diez años después. Esta es la voz de la escena.

Dos realidades diluidas, un drama reencarnado en comedia y unos personajes que dominan el escenario, y hasta su historia. Su propia tragedia con olor a muerte. Pero ellos no buscan desesperadamente a su autor como hacían los de Luigi Pirandello, sólo quieren ser sobre el escenario. Están condenados a representar siempre las mismas escenas. Una y otra vez. Una sola mirada. Un destino único. Una historia inmóvil. La muerte. Están atrapados y sólo quieren existir. Resucitarán una y otra vez para sentirse vivos. Asistir a este espectáculo metateatral es hacerse cómplice de la esencia de las tablas y de la verdad. El proceso creativo, el enfrentamiento entre el personaje y el actor, la pasión, el miedo… No hay escenografía ni edulcorante ni, por supuesto, trampa.

El texto, firmado por Del Arco y Tejada, exprime al máximo a los Seis personajes en busca de autor de Pirandello y reconstruye la relación de los «visitantes», que aquí son cuatro en lugar de seis. Cuatro almas sin dueño, descritas y paridas por un dramaturgo que se dio a la fuga y las abandonó a su suerte. Aunque aquí el drama de los dos hermanos y sus parejas, que irrumpen la escena, no entorpecen un ensayo, sino una comedia protagonizada por un pintor (Suárez) y su novia (Nuria García). Un Hermano Mayor (Israel Elejalde), casado con una madre en lugar de una esposa (Manuela Paso), tuvo una aventura con la pareja (Teresa Hurtado de Ory) de su Hermano Menor (Raúl Prieto).

La repetición como condena o huida. La necesidad de revivir la historia «para volver a sentir el mismo amor, la misma pasión, el mismo dolor», la esperanza de poder escapar. La templanza de Elejalde y la consciencia de haber sido creado a partir de los caprichos de otro. La prudencia de saber que ha nacido personaje y morirá personaje. La reflexión candente. El dolor opresivo de Paso. La violencia, el peligro creciente de un Prieto que se devora al público desde los pasillos de la sala. La sangre hecha figura, el miedo. La memoria de la feroz Bárbara Lennie sobre los hombros de Hurtado de Ory. Montilla convertida en la despiadada Hidra de Lerna y la enorme verdad de un Suárez soberbio: un regalo. Los Kamikazes están vivos. Más que nunca.

Paloma Lubillo Fisac

Fecha: 26 Jun – 26 Jul 2019

Horarios: Miércoles 26 Jun, 20:00 h. (reestreno)
De Martes a Viernes, 20:00 h.
Sábados, 19:00 h.
Domingos, 20:30 h.

Espacio: La Sala de El Pavón Teatro Kamikaze

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