JOSÉ CABALLERO

José Caballero, Premio Bellas Artes. Con más de 80 puestas en escena. Creador, pedagogo, dramaturgo y formador de actores, pilar del teatro mexicano. Miembro del Sistema Nacional de Creadores.

LA CRONOSFERA: ¿Antes del confinamiento, ¿En qué proyecto trabajabas?

JOSÉ CABALLERO: Me encontraba dando clases de actuación en dos escuelas. En la Escuela Nacional de Arte Teatral, en donde estábamos terminando de montar una obra de Luisa Josefina Hernandez, que se llama El demonio chino. Justamente, también estábamos a punto de estrenar otra obra de la misma autora, que se llama Capítulo aparte. La idea era presentar estos dos trabajos para presentarse en alguno de los foros de la Escuela Nacional de Arte Teatral. Comenzó el confinamiento y alcanzamos hacer solamente una de ellas, El Demonio Chino que terminó haciéndose en la plataforma de Zoom. La grabamos, le hicimos alguna edición y tratamiento. Ese trabajo está colgado en el canal de YouTube de una de las alumnas. 

José Caballero practicando la guitarra

Por otro lado, también estaba dando clases en Casa Azul, tenía otro grupo que debía de graduarse, estábamos trabajando en una adaptación de Sueño de una noche de verano  de William Shakespere, através de los ojos de un grupo de actores que están atravesando la cuestión del Me too. La lectura de la obra, provocó inquietud, sobre todo en las chicas del grupo, porque se dicen cosas muy duras con respecto a las mujeres y esto nos llevó hacer una reinterpretación de la obra. También se grabó, pero desgraciadamente no se puedo llevar al buen fin que queríamos, los chicos estaban al cargo de la edición, y esta no se ha terminado, por esa razón no se ha podido mostrar al público. Actualmente esto ha derivado en que el grupo se paró, quedan algunos alumnos con los que estamos ensayando una obra del Siglo de Oro, El galán fantasma de Calderón de la Barca. 

«Es muy evidente el egoísmo de las clases poderosas, esas que nunca se empobrecen, esas que se enriquecen a causa de la pobreza ajena, de la pobreza global.«

También me encontraba  planeando una obra a partir de improvisaciones con actores profesionales, con Bruno Bichir, Itari Marta y otros dos compañeros. Ensayamos por Zoom durante casi todo el año, finalmente pudimos estrenar en noviembre una especie de espectáculo mixto, es decir, uno de los actores, Bruno, desde Los Angeles estaba en pantalla, los otros tres actores en vivo, con público presencial. Fue una corta temporada, con lo cual la gente pudo asistir y al mismo tiempo se transmitía por streaming

Afortunadamente, la pandemia no me detuvo, si no que me ha enseñado otras maneras de expresar, otras maneras de enseñar, sigo dando clases. La pandemia, me sacó de vivir en la ciudad, para venir a vivir a este pueblo en donde es muy difícil comunicarse, pero que es muy agradable porque tengo vista hacia el Tepozteco. Como quiera, salir a caminar a un jardín, es muy distinto de estar en la ciudad, en el tráfico. ¿No?

José Caballero, en estudio

LA CRONOSFERA: ¿Cómo ha influido, este confinamiento en tu disciplina personal?

JOSÉ CABALLERO: Es muy curioso lo que ha sucedido. Debo decir que soy de esas personas para las que toda esta nueva realidad, lo que ha hecho es darle más tiempo para mi mismo, he podido retomar rutinas de ejercicio físico que antes no podía llevar a cabo suficientemente, por el tiempo que uno toma normalmente para desplazarse por la ciudad de México. Perdía mucho tiempo en el tráfico, me tomaba hora y media, tres veces por semana para llegar a Casa Azul, volver para dar clases en la ENAT que está más cerca de mi casa. Pero ahora tengo ese tiempo, entonces, he vuelto a la práctica de Yoga, me inicié en Chi Kung, que es algo que practico casi a diario. Aquí puedo caminar con mayor libertad. Por otro lado, me he llenado de clases, además de  dar clases en Casa Azul y en la ENAT, también doy clases en la Escuela Superior de Artes de Yucatán. En los planes de mi pareja y míos, estaba irnos a vivir ahí, pero está situación, no nos la permitió. Esta cuestión de la distancia, me ha permitido trabajar en esa escuela. No ha disminuido, al contrario, se ha incrementado las horas de trabajo que tengo alrededor de la ficción y del drama. No puedo decir lo mismo del teatro. He ido aprendiendo cosas con respecto a qué tanto puede darse la enseñanza de la actuación, o más bien, la transmisión de la experiencia de la actuación, a través de medios digitales. No puedo decir, que sea enteramente satisfactorio, extraño la presencia, hay una parte muy importante que es el trabajo de grupo, la creación del mismo, la sensación de solidaridad en la comunicación. Esto cuesta mucho trabajo hacerlo a la distancia. Quizá no sea imposible, pero ¿Qué tanto se logra? No lo podemos saber hasta que regresemos a una normalidad o a una situación similar a la que teníamos antes de la pandemia. También he tenido más tiempo para leer, para reflexionar, para escribir algunas reflexiones para hacer más adaptaciones teatrales. 

«La gran pregunta es, ¿Cuándo podremos volver? ¿Estaremos todos para volver? ¿Estaré yo presente, para volver?»

LA CRONOSFERA: ¿Qué harás cuando esto termine? ¿Si es que termina?

JOSÉ CABALLERO: Así como lo planteas, pienso que no va a terminar como empezó. Quiero decir, si el inicio fue abrupto, no creo que el final sea así, creo que habrá una recuperación paulatina, y posiblemente, de una normalidad que tarde mucho más tiempo del que estamos pensando en este momento para ser similar a lo que vivimos antes. ¿Qué voy hacer? Eso justamente en un momento en el que me cuestiono muchas cosas, por ejemplo, ¿Qué es lo que más atrae del teatro? ¿Qué es lo que más me ha atraído del teatro? Hay veces en que pienso que no es tanto el teatro en sí, en un espacio escénico, como el drama, es decir, el contar historias, el exponer conflictos. Debo de decir, que pertenezco a una generación, todavía dramática, aun que también, quizá inconsciencia de que esto era así, he hecho varios espectáculos, que corresponden a esta noción actual de lo post-dramático, sin embargo, siempre he pensado y disfrutado mucho más la construcción de situaciones de personajes ficticios, de caracteres plenos a partir de la imaginación de quienes actúan. No he dejado de hacer eso, no quiero dejar de hacerlo mientras tenga capacidad. Posiblemente lo que necesite, pero también es una cuestión de edad, es ir un poco más lento.

Entre mis planes está salir de la Ciudad de México, a una ciudad más pequeña. Gente con la que he estado colaborando. Vincularme más a las comunidades mayas. Dedicarme a seguir contribuyendo a la formación de gente en esos rumbos. 

En resumidas cuentas, quisiera llevar una vida más apacible, pero eso lo llevaba pensando antes, lo que sí es verdad, es que ha resultado más apacible a partir del surgimiento de esta pandemia de manera paradójica. En ese punto, lo que puedo decir, no es que yo extrañe volver a la aceleración de la vida citadina. No, la verdad es que no. Lo que me tiene más inquieto es, comenzar a llevar la cuenta de las experiencias pasadas, a escribirlas, a dejarlas como un recuento de una experiencia para las futuras generaciones que están iniciando en este arte maravilloso de la creación de ficciones dramáticas. 

José Caballero, Premio Bellas Artes
En la entrega del Premio Bellas Artes

LA CRONOSFERA: ¿Crees que hemos aprendido la lección?

JOSÉ CABALLERO: En principio te diría como persona, creo que ha sido confirmar que la tierra no es nuestra, que nosotros somos de la tierra. Que por mucho que la especie humana se precie de ser la cúspide de la creación, en realidad, lo que sabemos, es muy poco lo que podemos controlar. Nuestra medida no es la medida del universo. Nos ha recordado ¿Qué tanto dependemos como seres humanos de toda la naturaleza?, ¿Qué tanto dependemos como seres humanos de todos los pueblos? , ¿De nuestras sociedades? Lo que sucede en China nos afecta a todos, igual que lo que sucede en el África. ¿Qué tanto de la relación económica entre las personas es determinante?, ¿Hasta donde podemos cuidarnos de una pandemia como esta, cuando la otra amenaza es morirse de hambre, por la falta de recursos económicos para satisfacer necesidades elementales? 

Enseñanzas, como cuidar a los seres queridos es, no verlos, es no visitarlos, es guardar distancias. 

“El teatro ha sido el arte de aprender a vivir, el que logra adaptarse a los tiempos y se las ingenia para sobrevivir aún en esos momentos en los que la humanidad parece extraviarse”

Espero que estemos aprendiendo algo. Pero, miró a mi alrededor y no veo muchos avances, veo gente con una profunda inconsciencia, en algunos casos es ignorancia, en otros es franca soberbia. Ha vuelto muy evidente el egoísmo de las clases poderosas, esas que nunca se empobrecen, esas que se enriquecen a causa de la pobreza ajena, de la pobreza global. El lamentable espectáculo de gente en el poder cuyas consideraciones no tienen nada que ver con la humanidad ni tendrán que ver nunca. La futilidad de ciertas manifestaciones religiosas. La imperiosa necesidad de la gente no solo de comer, sino de divertirse, sí divertirse lo entendemos justamente como esta necesidad de las manifestaciones artísticas de la música, el baile del drama  del disfrute de lo que la gente creativa hace de manera gratuita. La verdad, más que haber aprendido, estoy aprendiendo, junto con todos. Me preocupa como sociedad tengamos suficiente aprendizaje, pero tampoco tengo demasiada fe en que vayamos a echar marcha atrás para proteger mejor nuestro mundo, el cuidado de la naturaleza, el freno de nuestras ambiciones, de nuestras pasiones, nuestras comodidades, buenas partes de las alteraciones que producimos en la tierra.

Con respecto al teatro, cómo vamos a cambiar nuestros modos de transmitir el conocimiento, la manera de contactarnos con los espectadores. En todo caso, lo que creo con la actuación es que es un arte que ha sido anterior a la manifestación teatral y que a partir de la necesidad de los actores  se crearon los teatros, surgió el cinematógrafo, el radio, surgió la televisión y fuimos a dar a todos esos medios, resulta que habemos muchos que no respondemos a los intereses de las ideologías dominantes para estar con los valores que transmiten en las pantallas  de Netflix, Amazon o los que sean, pues de todas maneras, tenemos una necesidad de expresión lo haremos por Zoom o por otras plataformas, inclusive Instagram o Tic Tok, usadas como plataformas creativas, no para exhibir la belleza y la vanidad que es lo que más vemos, porque el trabajo artístico requiere de mayor planeación y dedicación.

Hace unos años, cuando yo me encontraba en una etapa más expansiva, explosiva de lo que estoy ahora. Me gustaba mucho convivir con los alumnos, ir a restaurantes, tener una vida social y  eso ya tiene rato que me he convertido en un hombre más familiar, hogareño, incluso solitario, sin embargo, me reunía con algunos amigos, colegas que extraño su presencia. Extraño reunirme con mis amigos músicos, reunirnos a tocar, a cantar juntos, extraño la presencia de mis padres, a mi hija, a los hijos de mi esposa, a los nietos… pero, parece que esto no es nuevo, se nos cuentan otras historias de pandemia a lo largo de la historia de la humanidad. A veces he pensado en que hay momentos en que uno necesita interiorizar, crecer hacia dentro. Viví una etapa, una especie de selva oscura, diría el Dante, Nel mezzo del cammin della nostra vita, salí de eso gracias a la meditación, gracias al estudio del budismo, gracias a este especie de viaje interior que no se ha detenido, esto es lo que podría recomendar, competir. Detengan su mente un poco, meditemos, hagámonos conscientes de nuestra respiración, que es justamente los que esta pandemia afecta, nuestra manera de respirar. Invitarlos a ese viaje hacia dentro, creo que después llegará el momento de salir, de poder estrecharnos, abrazarnos, besarnos. No hay que desesperar, ni  perder el contacto humano, ventajosamente tenemos estas ganas de comunicarnos. Que viva el drama, que viva la ficción, que viva el teatro.

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