EL PLAN: La desesperación del paro
El plan es la versión cinematográfica de la obra de teatro de Ignasi Vidal, que comenzó a representarse en 2015 en el Off Madrid, la Pensión de las pulgas y que pasó luego al Pavón Kamikaze o al teatro Marquina.
Chema del Barco, el Ramón de la película, repite en el cine respecto al reparto de la obra, y a él se le unen Antonio de la Torre y Raúl Arévalo, en lo que acaba siendo un trío de protagonistas tan formidable como cabía esperar de ellos.
El plan nos cuenta la historia de estos tres amigos, en paro y desesperados, hundidos y sin nada a lo que agarrarse, que tienen previsto un plan para un día determinado. Ese día ha llegado pero un coche al que tal vez le falle la junta de la culata los deja esperando a la grúa y planteando una opción B para poder llevarlo a cabo.
En lo que esperan la llamada de la grúa los tres amigos irán teniendo conversaciones en las que se vayan revelando aspectos, algunos desconocidos, otros oscuros y algún que otro siniestro, de sus vidas, que los llevan a situaciones extremas, a broncas inesperadas, a reflexiones dichas en voz alta que nunca antes se verbalizaron y que cambian su amistad para siempre.

El plan, ópera prima de Polo Menárguez, como ya ha quedado plasmado, es teatro llevado a la gran pantalla. El último ejemplo que tuvimos de este tipo de ejercicio fue el de Litus, film que no tuvo demasiado éxito pero que todos aquellos que lo vieron alabaron de manera entusiasta. Y es que el teatro filmado, como algunos también lo denominan, con un poco de tono despectivo en el propio concepto, no deja de ser un texto que, casi siempre en una misma habitación o en una sola localización, cuando tiene una historia interesante que contar y unos personajes bien dibujados y definidos para transmitirla, resulta apasionante.
Cuando se cita 12 hombres sin piedad nadie discute que sea una gran película. O La huella. Olvidamos su carácter teatral para centrarnos en lo que de verdad importa, que es el devenir de sus personajes, de sus motivos, sus actos y consecuencias, sus diálogos, sus silencios. Todo es importante cuando en lugar de efectos especiales son los actores los que llevan el peso de la trama.
Y en el caso de El plan no podría ser un reparto más consistente y apabullante: Chema del Barco, Antonio de la Torre y Raúl Arévalo. Qué lección de interpretación da cada uno de ellos.
Todos tienen su momento de lucimiento, su trauma y la exposición del mismo, y cuando parece que uno de los tres va a estar por encima de los demás, llega la escena en la que sus otros dos compañeros brillan para que acaben estando los tres a la misma altura.
Antonio de la Torre y su Paco en la ficción nos estremecen cuando se calienta con el Andrade al que interpreta Raúl Arévalo. Instante dramático admirable que es comparable al clímax que crea el de Chema del Barco y su Ramón cuando le llega su tiempo de gloria.
Pero tal vez sea por su naturalidad, por cómo lleva a cabo su parte, por cómo la va contando, con sus pausas y sus interrupciones pero siempre con el nivel de tensión que Raúl Arévalo le aporta, la narración de su Andrade, de lo que le ocurre al personaje nos deja atónitos. Su revelación es apoteósica, Raúl la plasma de una manera sobrecogedora, y lo que viene a continuación, que envuelve a sus otros dos compañeros para que le echen un cable, forma parte del metraje más entrañable de la cinta. Y el resultado del fragmento de Andrade no puede calificarse sino de memorable.

El plan se proyectó en el paso festival de Valladolid, donde tuvo una fuerte polémica porque se la consideró machista. No sé si quienes como tal la tacharon se quedaron dormidos en la proyección, pero lo cierto es que de machista no hay ni trazas en la película.
Si acaso, se la podría tachar de feminista, al estar los hombres obsesionados por lo que sus mujeres dirán de ellos, sobre todo el de Laura, la mujer de Paco, a la que nunca vemos más que en la fotografía de la boda pero de la que sabemos que a Paco lo tiene controlado para que cuando coma pipas en casa no se le caigan al suelo, que son muy difíciles de limpiar. Tal vez si los hombres limpiaran más en casa no habría que advertirles ciertas cosas.
Esto nos lleva, una vez más, a llamar la atención sobre la historia y no sobre detalles que la hacen más rica pero que no son los que deberían generar polémica.
Porque El plan es una historia de tres perdedores que tiene una edad en la que no se encuentra trabajo cuando tu jefe te ha echado de la empresa, cuando has aguantado bajadas de salario por quedarte en tu puesto y aún así te han acabado echando. Eso es de lo que se debería hablar, no de si tu mujer te deja o no ensuciar en casa. El cine también debería servir para reorganizar las prioridades.
En cualquier caso, la idea es que nos entretengamos con una película que es un drama pero que también tiene sus tintes de comedia, que nos extasiemos con las interpretaciones de sus protagonistas, que son tres joyas de actores, y que nos metamos tanto en lo que tienen que contarnos que empaticemos con ellos y salgamos del cine habiendo aprendido que la vida que nos venden no es la que acabamos viviendo, pero que teniendo a nuestro alrededor a amigos que nos apoyan todo es posible y se lleva mejor. Ese, probablemente, sea el auténtico plan de la película.
Silvia García Jerez