EL CLAN

En nombre del padre y del hijo 

                                                                                                             por Mariló 

Producida por los hermanos Almodóvar -como el anterior exitazo del cine argentino, Relatos Salvajes-, batiendo récords en taquilla en su país y seleccionada para representarlo en los Oscar; llega ahora a nuestros cines patrios, El Clan.
Una familia tan unida y curranta como Los soprano, pero con los hechos relatados, reales y probados. Brutales y alucinantes.

Argentina en los 80: Alfonsín, las Malvinas… Así empieza la historia. Con imágenes televisadas de archivo de aquellos momentos, del fin de una dictadura y el comienzo de una democracia; que además, revelaron una vergüenza nacional y el principio del fin de un secreto familiar. El comienzo de la verdad aunque cuesta creerlo.

Tras un partido de rugby, amigos y familiares celebran la victoria del mayor de los hijos de una respetada familia, los Puccio… Así empieza El Clan. Con alegría y fiesta.
Y el orgullo de un padre posando junto al jugador, fotografiado para la posteridad por la prensa porteña.
De vuelta a casa, la rutina cotidiana en el hogar; los chicos ayudando a la mamá en la cocina, mientras los deberes de las chicas que requieren ayuda paterna.
Pero durante la cena, se oyen ruidos extraños y gemidos cercanos…

Y tras recoger la mesa, el patriarca lleva una bandeja al huésped en la planta superior, que tiene secuestrado en un baño de la vivienda familiar. Porque los negocios de esta peculiar familia incluían secuestros y asesinatos, durante años.

Inexplicablemente crueles, a la luz del día y en el mismo barrio. Al lado…

Por avaricia y soberbia. Por asegurar el poder de unos elegidos y en nombre de la dictadura. Todo el horror de una happy family. 

De puertas para afuera, regentaban un local de comida con empanadas y milanesas, y además el hijo estrella del rugby, tenía una tienda de submarinismo y accesorios para el mar.

Una aparente normalidad, que se mantenía con las extorsiones a los familiares de las víctimas y la violencia infligida a esos forzados invitados; de esta modélica familia que se completaba con un par de hijas y otro varón pequeño, además del mediano -huido y tema tabú-; y la madre que les parió (el cordero más loba…)

Pero es el cabeza de familia, Arquímedes Puccio, el jefe de El Clan, un ex militar con un patológico concepto del deber, el honor y la familia… el verdadero protagonista del filme.
Por la interpretación que de él realiza Guillermo Francella, habitual de la comedia que aquí abandona, por una mirada fría y una sonrisa muerta. Estupendo en el papel del cariñoso perverso.

Este padre, calmado y de dulces ojos azules, dirige diariamente un clan macabro y familiar, traicionando la confianza de vecinos, amigos, compañeros y compatriotas. Con ayuda de Dios y de cada miembro de su propia sangre; que manipulados con un severo chantaje emocional son cómplices, víctimas y verdugos de esas otras desapariciones. 

Esta cruel familia combinaba con total naturalidad un perverso cariño familiar, cierta fama y la prepotencia militar, con una delincuencia tan cercana que parecía casi irreal.

Pero fue de verdad y a su sombra, los mafiosos de Scorsese parecen exageraciones de ficción.

                                                  El Clan

Pablo Trapero -desde Mundo Grúa, un tipo para no perderle la pista- firma el guión y ha ganado el León de Plata a la mejor dirección con este thriller a ritmo de rock; que se aproxima objetivamente al periodo y a los episodios íntimos de esta enfermiza relación familiar, seduciendo con los planos secuencia y algo de humor negro.

A destacar: la secuencia del hijo mayor -el más próximo al padre- con la botella de oxigeno probándola en la tienda -tomando aire-, y la llegada -el retorno- del mediano al clan, para ayudar al negocio particular del servidor del orden.

Asistimos entre el asombro y como si no pasara nada, a las barbaridades familiares y a las mentiras de un gobierno con impunidad -El Informe (Nunca más) que aparece en el filme, demostraba que militares retirados raptaban y mataban para mantener su status-.

Así que los jubilados de aquel régimen, pasaban el tiempo extorsionando y asesinando en lugar de entretenerse mirando las obras en la calzada… Lo llamaban mano de obra desocupada; tal vez, lo menos analizado del film.

Y todo acompañado de una música impresionante para distanciarnos de la monstruosidad; y con poco gore porque ya es tan brutal lo narrado, que no se requiere; para que llegue a todo el mundo y a las nuevas generaciones… Aunque el filme denuncia algo tan amoral que el tiempo ya lo ha juzgado.

Por curiosidad, algo de morbo y necesaria cultura; chequeen los periódicos de la época… Escalofriantes los titulares del final contándonos que ha sido de cada uno, el vía crucis personal de cada cual…

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