DON OMAR: El peso de los himnos
Parece mentira, pero ya existe reggaetón clásico y reggaetón contemporáneo. Lejanos quedan ya los tiempos en que se nombraba el raggamuffin como fuente de este ritmo que domina la música comercial en español. Y, clásico entre los clásicos : Don Omar, que en el Cook Music Fest de Barcelona demostró el peso que tiene en la memoria colectiva de los que ahora andan por los 30 y más allá sus canciones devenidas en himnos.
Ante 55.000 personas, su actuación comenzó con Dale, Don, dale. Publicada en los primeros años de su carrera, la canción conserva intacta su capacidad para poner en marcha a un recinto masivo. No necesitó presentación ni preámbulo: bastaron la base rítmica, la entrada de la voz y las primeras llamaradas para que la pista y buena parte de las gradas respondieran inmediatamente.

A continuación llegó Repórtense dando pie a un repertorio que tuvo mucho de recopilación de grandes éxitos de las distintas etapas de su carrera. Sonaron (muy bien) Guaya, guaya y Sexy robótica, dos canciones que representan el componente más directo, físico y festivo de la discografía de Don Omar. La primera recuperó la contundencia del reggaetón de sus primeros años, mientras que la segunda añadió un tono electrónico más próximo a la etapa en la que el artista amplió su sonido hacia las pistas de baile internacionales.
Más le tocó el turno a Ella y yo, su colaboración con Aventura, de estructura narrativa próxima a una conversación dramática y Pobre diabla, uno de los temas que ayudaron a consolidar la popularidad de Don Omar fuera del circuito estrictamente reggaetonero. Su melodía más contenida y su letra sentimental ofrecieron un breve cambio de temperatura dentro de un concierto dominado por bases contundentes, coreografías y efectos visuales.

La presencia de Taboo, su adaptación de la lambada, convirtió el Estadi Olímpic en una celebración multitudinaria. Fue también uno de los momentos en los que mejor se percibió la amplitud generacional de la audiencia: el tema conectaba tanto con quienes conocieron la referencia original como con quienes llegaron a ella por medio de la versión de Don Omar.
El punto de mayor intensidad llegó con Hasta que salga el sol abriendo un tramo final reservado para dos de las canciones más esperadas. Primero, Danza Kuduro, una pieza capaz de superar las fronteras del reguetón y reconocible incluso para quienes no siguen habitualmente el género. La respuesta fue inmediata: móviles en alto, gradas levantadas y un coro masivo que prácticamente cubrió la voz del cantante.

Después llegó Bandoleros, elegida para cerrar una actuación de 80 minutos durante los cuales Don Omar permaneció en la pasarela que se internaba en la zona frontal de la pista vestido con la camiseta de la selección española de fútbol para deleite de latinos, españoles, catalanes…
