EL DÍA DE LA BANDERA: Crecer en el infierno

El día de la bandera en Estados Unidos es el 14 de julio, cuando se conmemora la adopción de la misma en el país. Es el día en que nació John Vogel, el estafador más famoso de su historia, un hombre que realizaba copias perfectas de billetes sin que apenas se apreciara la diferencia con los reales. Hasta que la policía la detectaba. Y actuaba en consecuencia.

Su historia, unida a la relación que tuvo con su hija, Jennifer Vogel, es la que cuenta en El día de la bandera Sean Penn, actor convertido, como tantos otros, en director, y que en su nuevo film como tal, en el que también interpreta al falsificador, le da la oportunidad de saltar al largometraje a su propia hija, Dylan Penn, nacida de su matrimonio con la también célebre actriz Robin Wright, quien durante ese tiempo añadió el apellido Penn al suyo, así que ahora solo ha tenido que quitárselo sin cambiar su nombre real.

Además de trabajar con su hija, añade a su hijo en común con Robin al reparto, Hooper Penn, acreditado aquí como Hooper Jack Penn, para que le dé vida al hermano de Jennifer, Nick, de adulto, un personaje que apenas aparece pero que tiene su presencia en la pantalla. Hooper sí que había rodado alguna película previamente pero ver aquí a la casi totalidad de la familia resulta entrañable.

Pero El día de la bandera se centra en Jennifer, en realidad. En ella, en su mirada, en sus experiencias en una infancia aparentemente feliz que según va alejándose, dando paso a la adolescencia, va asumiendo hasta qué punto la vida de su padre es una mentira. Comienza entonces su periplo errático, su ir y venir de casa de su madre a la de su padre, según las cosas empeoran y ha de salir de una para refugiarse en otra. Su día a día se convierte en una perpetua huida con la intención de encontrar otra vida fuera de esa infernal burbuja.

Dylan Penn (con peluca negra, en la adolescencia de Jennifer) y Sean Penn, en El día de la bandera
Dylan Penn (con peluca negra, en la adolescencia de Jennifer) y Sean Penn

El día de la bandera fue uno de los títulos que estuvieron compitiendo por la Palma de Oro en el pasado festival de Cannes, ya presencial tras el parón de 2020, y también fue uno de los que peores críticas recibieron. Y es una pena, pero es que el film no es todo lo bueno que se esperaría de una historia semejante.

Contada, la experiencia de Jennifer y su relación con su padre, ese famoso estafador, es apasionante. De ahí tiene que surgir una buena película. De hecho está basada en la novela que la propia Jennifer escribió sobre su pasado. Pero el resultado es una amalgama de hechos sin alma, un compendio confuso de continuos errores narrativamente apresurados, con una estética oscura, sucia, que no invita a la admiración sino al rechazo. Lo que debería ser un acierto resulta un desatino.

Es la sexta película como director de Sean Penn, la siguiente tras la fallida Diré tu nombre y la primera en la que se dirige a sí mismo. Como actor es bastante indiscutible, aunque tiene sus momentos bajos, caso de Yo soy Sam, pero en ésta une un personaje cuestionable con una dirección que camina en la misma línea. Ni siquiera su intención de lanzar a su hija funciona, porque a pesar de que comprobemos que su Jennifer es una mujer que trata de encontrar su rumbo, ni su arco dramático es todo lo amplio que necesita ni el resultado de su trabajo es menos plano que lo que la historia requiere.

Es una lástima que El día de la bandera, reverso en todos los aspectos de la luminosa The tender bar, no llegue a un esplendor mayor. Los problemas familiares son carne de telefilmes, y si los unes a tu experiencia como persona capaz de madurar más allá de ese ambiente, se convierte en cine adulto, de ese que ahora mismo solo triunfa en las plataformas, lejos de las taquillas supeditadas al género de los superhéroes. Pero en este caso, Penn no es capaz de ir más allá, se queda en un batiburrillo de hechos dramáticos sin garra alguna para mantener el nivel de una gran película.

Silvia García Jerez

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