CUATRO MANOS: Traumas de la infancia

Cuatro manos, de haber sido norteamericana, habría constituido el clásico, por no decir típico, que queda como más película del montón, aunque no estaría desencaminado viendo el resultado de la cinta, el clásico telefilme, decía, que vemos cualquier tarde de fin de semana en programación previa al informativo de la noche.

Pero siendo alemana adquiere un caché mayor y su nacionalidad le otorga un aura de grandeza que en realidad solo se corresponde con el nivel que tendría de haber sido una producción del país con más y mejor fama del mundo, por mucho que esta sea cada vez más cuestionable.

Cuatro manos relata la historia de dos hermanas que, siendo pequeñas y tocando el piano juntas, son testigo del brutal asesinato de sus padres. Ambas saltan desde la banqueta de su piano a esconderse en el suelo, una le tapa la boca a la otra, quien a su vez también cierra los ojos. Pero la mayor, Jessica, lo ve todo y por lo tanto su trauma es más grande. Por edad y porque ver es siempre peor que no hacerlo, aunque secuelas vaya a haberlas de todas formas.

Veinte años después las dos llevan aparentemente vidas normales, pero esto no llega a ser del todo cierto, porque mientras Sophie, la pequeña, está dedicada de lleno a la música, Jessica es una mujer adulta con una paranoia muy acusada debido a la cual ve amenaza en todo el que se cruza. Y como de pequeña le prometió a su hermana cuidarla, lo está poniendo en práctica de un modo excesivo, innecesario e incluso agresivo.

Tras pasar esos veinte años desde el asesinato de sus padres, Jessica se entera, escuchando la radio, de que los culpables han sido liberados. Ya han cumplido la pena y por lo tanto salen de la cárcel, para agravar el estado paranoico de Jessica, quien inmediatamente va a decírselo a su hermana, que espera para llevar a cabo una importante audición para elevar su nivel de prestigiosa pianista. Pero Jessica no le permite hacerla, solo quiere enfrentarse a los asesinos. Y en plena lucha de las hermanas un accidente lo cambia todo.

Las hermanas del film
Las hermanas que vieron el asesinato de sus padres

En efecto, Cuatro manos parece un telefilm. Un telefilm alemán en cuya versión original con subtítulos éstos están particularmente mal escritos. Faltas de ortografía, de sintaxis… los subtítulos también hay que cuidarlos, más que nada cuando el público potencial de la película va a ser el de esta opción, con los subtítulos impresos en la pantalla.

La lástima es que esta historia que mezcla enfermedad mental, trauma infantil y thriller vengativo no se sostenga en una dirección poderosa y sobre todo en una narrativa con garra, que enganche y que nos deje pegados a la butaca.

Por el contrario, Cuatro manos hace gala de una construcción defectuosa, un caos narrativo bastante llamativo, en el que pocas cosas tienen explicación y algunas se dejan al azar de las licencias que todo guion se toma pero que en unos se nota más que en otros. Y en este se nota mucho porque tras el accidente de las hermanas, siendo ya mayores, empezamos a hacernos más preguntas de las debidas en una historia que en realidad, en su conjunto, no plantea tantas incógnitas.

Por momentos obtenernos respuestas. Y las necesitamos porque asistir a tantas acciones sin sentido no es bueno para mantenerte interesado en la trama a pesar de que la solución a todo no es tan complicada como para haberse tomado tantas molestias durante el viaje. Ser retorcido no es, la mayoría de las veces, ninguna virtud, ni una solución para dar más empaque a nada.

Cuatro manos, pudiendo ser una película notable, se va dejando la calidad por los rincones de la pretensión. La pretensión de trascender, de ser un thriller que rompa moldes. No lo hace, se queda muy lejos de conseguirlo, pero nos deja el sabor de una historia que en otras manos podría haber sido un gran título. Tantas manos, cuatro nada menos, para que en realidad, con dos, y llenas de destreza, fuera más que suficiente.

Silvia García Jerez

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