David Byrne en el Cruilla 2026
Con David Byrne al frente, en todo momento ocurre algo en el escenario. Y todo lo que ocurre es una genialidad. Un show con uno de los mejores sonidos en directo, perfectamente ejecutado por un conjunto de músicos y bailarines que son a la vez banda de multiinstrumentistas, coro y comunidad creando una arquitectura de coreografías donde todos, uniformados de azul, son protagonistas aunque sea el genio, el intérprete, el experimentador y el filósofo que es Byrne, quien los guíe en una suerte de teatro, danza y arte que emociona cuerpo y mente.
Entre unas proyecciones tan sencillas (a un sólo color) como espectaculares (con animaciones, videoclips e imágenes de nuestra realidad), acompañadas de cuestiones humanistas que se lanzan sin dar lecciones ni consejos, se suceden las canciones, algunas míticas de Talking Heads, reflejando la evolución de una discografía que abraza estilos tan extremos como dispares, y a cual más genial, siendo las elegidas del concierto el leitmotiv cual reflejo y reflexión sobre el mundo en el que vivimos (convertido en un mercado de animales, personas, hogares, políticas y guerras), en el único planeta que tenemos… Esa Tierra plasmada en las enormes pantallas, que va apareciendo in crescendo cuando Heaven comienza a sonar…
Y desde ese inicio, todo es energía, precisión y belleza. Con el detalle añadido de felicitar a España -en castellano- por su triunfo en el mundial esa misma tarde, cuando ya por la noche celebrábamos temazos como What is the reason for it?, Nothing but flowers, Everybody laughts, Independence day, When we are singing, And she was (confesando cómo surgió la inspiración para componerla), llegando el clímax colectivo con Burning down the house, y al delirio personal por el lujo de escuchar Psycho Killer en el Cruilla Festival de este año (una oportunidad que no se daba desde hace dos décadas), viviéndolo en primera fila.
