CALLE MÁLAGA: Reinventando la vida
Calle Málaga fue la película seleccionada para inaugurar el festival que lleva el nombre de la ciudad andaluza. Una apertura de certamen que fue muy celebrada, muy aplaudida, que a pesar de todo no logró ningún premio, porque también competía en Sección Oficial, aunque hubiera merecido varios. Pero así son los festivales, no pueden ganar todas las producciones que se presentan, pero sí pueden iniciar su carrera comercial en las salas habiendo salido de ellos con un enorme prestigio. En cualquier caso, la película ya se pudo ver en el de Venecia del pasado año, donde se hizo con el Premio del Público, que la va a acoger con tanta alegría como emoción en cuanto empiece a verse tras su estreno.
Porque Calle Málaga es la historia de María Ángeles (Carmen Maura), una mujer de 79 años que nació a pocos metros de la casa en la que ahora vive, en la calle de Tánger que da título a la película, que tras mucho tiempo sin verla recibe la visita de su hija, Clara (Marta Etura), que llega allí desde Madrid sin sus nietos, a los que María Ángeles está deseando volver a ver, y con una propuesta que no puede rechazar, porque aunque es horrible Clara es contundente al respecto de que no tiene otra opción: ella va a vender la casa, porque no tiene dinero, y su madre se trasladará a una residencia.
María Ángeles no reacciona bien a la noticia pero acaba asumiendo que debe acceder a lo que su hija le expone, por lo que vende sus muebles y se marcha a su nuevo hogar. Lo que Clara no sabe, ya que se marcha de nuevo a Madrid hasta que la venta del piso se haga efectiva, es que su madre tiene unos planes muy alejados de los que ella le ha marcado y que será a partir de su llegada a la residencia cuando los ponga en práctica, dando como resultado una nueva vida inesperada para ella.
Calle Málaga es la nueva película de la directora hipano-marroquí Maryam Touzani, responsable de la alabada El caftán azul (2022), en la que da una auténtica lección de cómo el cine debe contar historias de la manera más sencilla, que suele ser la más eficaz para llegar al corazón de los espectadores. Es muy difícil acercarse a una narración con sencillez, con naturalidad y cotidianeidad, y este film lo consigue, transmitiendo desde la pantalla toda la vitalidad que el personaje de María Ángeles encuentra en su nuevo camino en la vida.
Carmen Maura, una vez más protagonista de una película, menos mal, y esperemos que ésta se vea más que la que estrenó hace cinco meses, Vieja loca, un relato de terror en el que deslumbraba como sólo ella es capaz cuando le dan un personaje del que obtener oro, como aquí mismo, gracias a esa María Ángeles rota por una hija que no reconoce pero liberada ante un horizonte que desconocía que se podía alcanzar. Una mujer que a su avanzada edad no da su existencia por perdida y entre su tesón y su ánimo reinventa su vida.
Qué maravilla ser espectador de una película tan bella y tan delicada. Es como una continua caricia. Como esas manos que pasan con cariño por muebles viejos que su dueña desea conservar. Esa dirección artística descomunal que nos pone frente a un pasado de madera y nos llena los ojos de objetos que podemos incluso reconocer del nuestro. Ese tocadiscos que alguna vez hemos visto en casa, o en la nuestra o en la de alguien, es pura nostalgia, y que suene María Dolores Pradera en él, un acierto que define a la perfección al personaje de Carmen: una mujer con años y aferrada a ellos. Aún son su presente aunque el mundo siga girando, aunque vaya a haber un mañana que no sabemos qué depara.
Vida y sexo más allá de los 70. Menuda reivindicación hace aquí la directora, y de la mano de una antigua estrella del cine español que allá donde vaya, ya que Calle Málaga se ha rodado en Marruecos, lleva su prestigio con ella, que le sirve para llamar la atención sobre este tema, claramente tabú en la sociedad. Porque si hablar de sexo ha sido algo prohibido durante siglos, insinuarlo entre personas de la denominada tercera edad plantearlo es una temeridad.
La gente mayor no tiene sexo. Dicen. Creen. Pareciera que una vez pasada la edad de procreación no se contempla que pueda seguir practicándose. Y vaya si se practica. Quien no quiera asumirlo allá él, pero que luego no se escandalice cuando compruebe que no es cierto. Y qué bonito lo cuenta Calle Málaga. Y Carmen Maura en el papel de María Ángeles, en una de las escenas más divertidas de la película.
Calle Málaga es un canto a la libertad. A que haga cada uno lo que le dé la gana sin molestar al prójimo. A que la gente mayor pueda ser protagonista de películas y a que sus personajes puedan ser tan brillantes como los que se escriben para los jóvenes. Pero también es un grito ante la precariedad laboral, ante lo mal que se pasa con trabajos mal pagados, que separan a las familias en el día a día pero también debido a una distancia económicamente insalvable. Calle Málaga es, además, el triunfo del cine lleno de profundidad pero hecho con sencillez. Es muchas cosas, todas ellas excepcionales.
Silvia García Jerez

