TODO A LA VEZ EN TODAS PARTES

Todo a la vez en todas partes es una locura. Afirmar esto puede ser para bien o para mal, depende de quién congenie mejor con la trama que propone, pero es una película que no se detiene un minuto y que no para de llevarte a multiversos en los que sólo permanece medio segundo. De aquí para allá y de allá para acá. Y ha sido un fenómeno en la taquilla norteamericana.

Es la historia de una inmigrante china, Evelyn (Michelle Yeoh), que trabaja en una de esas famosas lavanderías americanas y que tiene una familia un tanto peculiar, con un marido (Ke Hui Quan) o una hija (Stephanie Hsu) que le van a dar mucho trabajo. Intentando solucionar problemas con el banco y con la mujer que los atiende, (Jamie Lee Curtis), comienza a descubrir su habilidad para cambiar de universos, yendo de uno a otro, en los que ella misma será ella misma pero en otras vidas, y todas ellas tendrán su importancia a la hora de que Evelyn pueda ser capaz de salvar el mundo.

Un momento de TODO A LA VEZ EN TODAS PARTES
Un momento de TODO A LA VEZ EN TODAS PARTES

Todo a la vez en todas partes es una producción de los hermanos Russo, directores de Capitán América: Soldado de Invierno, Capitán América: Civil War o de las películas de Vengadores, Infinity War y End Game, es decir, dos tipos consagrados en la industria como conocedores de la fórmula para gustar al público. Además la dirigen Dan Kwan y Daniel Scheinert, los mismos que firmaron una ópera prima también peculiar, aquella genialidad titulada Swiss army man, protagonizada por un Daniel Radcliffe que interpretaba, toda la película, a un muerto que se tiraba pedos. Dicho esto, nos podemos situar en la clase de locura que plantean aquí.

Pero Todo a la vez en todas partes es demasiado. Demasiado todo: grandilocuente, exagerada, excesiva. Como consecuencia de ellos, apabulla, satura, agota. Una vez que ha expuesto el funcionamiento del multiverso, de cómo pasar de uno a otro, todo es reiterativo y alargado. Dos horas y cuarto dura la película. Duración excesiva para una historia que tiene su interés y su gracia, pero que no requiere de tanto metraje.

Lo cierto es que tras contarnos cómo funciona el mecanismo de la trama lo único que resulta interesante es lo que lo era desde el principio: el hecho de ver juntos (y pasándoselo en grande) a Michelle Yeoh, Jamie Lee Curtis, y a Ke Huy Quan, aquel niño que fuera Data en Los Goonies o Tapón en Indiana Jones y el templo maldito y que aunque ha hecho alguna serie y alguna película más recientemente, en realidad no se ha sabido mucho de él hasta ahora, que ha sumado un nuevo título, esta vez de culto, en su filmografía.

De resto, Todo a la vez en todas partes es una propuesta original, lo es, llena de adrenalina, artes marciales, efectos especiales y multiversos que son divertidos de ver mientras se nos va explicando en qué consisten y cómo se accede a ellos. Todo un despliegue de producción que por momentos resulta espectacular pero que se agota rápido en su continua oferta de imágenes trepidantes sin que realmente aporten demasiado a lo visto en su primer tramo. Los fans de ese cine que mezcla lo coreano con lo norteamericano la acogerán encantados pero a quien no le guste ese tipo de producciones, mejor que ni lo intente.

Silvia García Jerez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.